Primer Capitulo de esta nueva "aventura". Totalmente dedicado a Lita.
Es un poco extraña la historia, pero confió en que poco a poco se forme algo coherente, este capitulo no contiene ni a Ellus ni a Theon ni a su exageradamente co-dependiente mundo vampírico, pero más a delante si saldrán.
Prometo tratar de actualizar al menos una vez a la semana. Palabra de Misha-Minion.
Liz
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Elle era un firme convencido que las personas comenzaban la semana con una carga determinada de energía y buena suerte.
A medida que avanzaban los días, esa energía se iba agotando, debido a los problemas y sufrimientos.
La suerte también termina por acabarse, tarde o temprano.
No había manera de evitarlo, así eran las cosas. Así se explicaban todas las desdichas en su vida y el que nunca, jamás, absolutamente nada bueno le pasara un día viernes.
Como consecuencia, el día viernes era un amasijo de horas interminables en las que, sentado en medio de una extensa clase de geometría, Elle esperaba que no le hicieran ninguna pregunta, que no realizaran exámenes sorpresa, que ningún amigo se pusiera pesado y, sobre todo, no salía de su casa hasta la llegada del sábado.
No es que el sábado fuera especial, simplemente Elle pensaba que por el solo hecho de no tener que ir a la escuela ya significaba un gran cambio en su suerte y en el orden cósmico de su Karma en general.
Todos sus amigos conocían sus raras explicaciones y sus manías, así que optaban por dejarlo solo.
Todos menos su amiga Laura, que desde los tiempos inmemoriales en los que comenzó su amistad, luchaba tentándolo con diferentes panoramas para el día viernes que Elle rechazaba de plano.
Sin embargo, ese día viernes 14, Elle se encontraba saltando y sudando sobre las maquinas de DDR.
Laura lo había invitado y Elle amaba las maquinas de DDR.
Había sido una semana bastante mala y Elle pensó, con bastante acierto, que ya no podía irle peor.
Sus notas estaban bien, de hecho tenia unas de las mejores calificaciones de su clase, pero en el patio le arrojaban cosas (pelotas, envases, cajas) le gritaban insultos y alguien había reventado el candado de su casillero y había derramado al menos dos litros de aceite sobre sus cosas.
No era el único al que molestaban, el bulling parecía ser la actividad extracurricular más importante de su establecimiento educacional y el dinero que les robaban, la base de la economía de los abusones, pero sí era el cliente preferido. Por decirlo de alguna manera.
Tampoco en su casa las cosas estaban muy bien y Elle veía con ojos de cordero degollado como su teoría de que las cosas se arreglaban al final, se hundía como un Titánic en el que jamás tuvo mucha confianza de todos modos.
Su padre estaba enfermo del corazón, un hombre robusto al que, la última vez que abrieron, le encontraron 3 arterias tapadas. Últimamente no había estado bien. Pálido y enfermizo, a penas comía, a penas dormía y cuando lo veía le costaba reconocerlo.
Así las cosas, valía la pena sudar y saltar un poco, olvidarse de las cosas malas y desconectar las neuronas un rato mientras una voz chillona en japonés le golpeaba los tímpanos.
El ambiente oscuro, la bulla, el crujir de la plataforma gastada y más que conocida: amada, era perfecto.
Laura estaba ahí. Fumando sus cigarros light y tomando un poco de coca cola con ron camuflada hábilmente dentro de una lonchera de Hello Kitty.
Lo miraba mientras hablaba con sus amigos, tratando de ignorar el cosquilleo que sentía en el estomago cuando los ojos color café de Elle la buscaban y le sonreía con los dientes blanquitos, parejitos de quien ha sido blanco de una significativa inversión odontológica.
Algo brillante se desprendió de la mochila de una lolita-gótica del segundo piso y callo como una hoja, revoloteando en el aire, girando y llamando la atención de Laura.
¿Créditos?, no, los créditos no son brillantes, ¿dinero? No. Quizás una tarjeta de crédito.
Laura casi se atraganta con el humo del cigarro y saltó hacia adelante.
Lo único que la animaba más que una cuba libre con sabor a plástico era el dinero.
La encontró bajo el zapato de alguien y en cuanto la vio con paciencia, se giro hacia Elle, a penas visible entre la multitud que lo rodeaba esperando su turno.
Miro de nuevo la lamina y a Elle.
Era la foto de una persona.
Juguemos a las 7 diferencias.
El joven de la lámina era rubio, sus ojos azules parecían photoshopeados por lo brillantes y si no fuera por que llevaba una camisa abierta habría jurado que era una mujer.
Era condenadamente guapo.
Elle tenia el cabello negro (teñido, en realidad era café claro) y sus ojos eran café casi rojizos. Pero la forma de los ojos, el color de la piel, los labios finos y la pose de "soy genial, pero demasiado inocente como para saberlo" era la misma que Elle estaba poniendo en ese momento mientras se bajaba de la plataforma.
- ¿Qué te pasa? dijo cuando llego a Laura.
- ¿quieres ver algo de verdad extraño?
Le mostró la foto laminada.
- que gay.
- ¿Qué?, no, míralo, es igual a ti.
Elle la miro detenidamente, estaba en lo cierto. Se encogió de hombros ante el horror de Laura.
- yo no soy gay.
- Elle, basta con eso.
- bueno, no tanto...
- Elle, basta, hombre ¿no te da curiosidad saber quien es?
- ¿no sabes quien es?
- no, me la encontré en el suelo.
- ya, en eso si nos parecemos.
- hay que averiguar quien es.
- ¿Por qué?
- puede ser tu hermano gemelo perdido
Elle sonrió
- a ver. Laura le pasó la lámina.
- ¿eso de abajo es una dirección de tumblr?
- ¿si?, si!
- ya, bueno ahí empiezas, me avisas como te va. Elle recogió su mochila y se seco el sudor de la frente con la manga. Yo me voy, tengo que llegar al monte del destino antes de las 7, mi mamá se vuelve una fiera si no ve a todos sus hijos juntos a la hora de la cena.
- bah, tu mamá esta loca.
- concuerdo, nos vemos. le dio un beso en la mejilla, estaba frió por el sudor pero olía a colonia de bebe, una cualidad que tenia Elle, no solo se veía bien, olía de maravilla incluso bajo el sol.
- . -
En la mesa Elle tenia que aparentar normalidad, eso quería decir, nada de aros ni pircings ni tatuajes ni lentes de contacto celestes, ningún tema odioso como religión, política, deportes o series de animación. En la mesa todo tenia que ser bueno bonito y maravilloso. Por su padre.
En la mesa se veía las caras con sus padres y con su hermano mayor: Eric.
Eric tuvo una banda de rock cuando iba en la media, también se había comprado un auto a los 18 y se había ido a Europa por un par de años cuando se ganó un premio.
Pero hora Eric era contador y vivía en la casa de al lado.
Tenía al menos 10 años más que Elle, no estaba casado y lo trataba mucho más como a un hijo que como a un hermano.
Fue el único que no hizo escándalo por la teñida del pelo ni por la cantidad de dinero que gastaba en merchandising japonés o asiático en general. Una de las pocas personas en las que podía contar.
Cuando abrió la puerta y vio todas las luces apagadas supo que algo había pasado. No habló, tomó el teléfono y marcó el número de Eric mientras salía de nuevo y cerraba la puerta con llave.
- ¿Dónde estas? dijo en cuando Eric le contesto
- tranquilo, no pasa nada.
- ¿Cómo que nada? ¿Qué pasó? ¿Dónde están?
- en el hospital, a papá le dio un ataque.
- ¿de nuevo? ¿Cómo esta?
- no muy bien. ¿Estas en la casa?
- si
- quédate ahí.
Silencio.
Tres ataques al corazón eran muchos, uno ya era mucho.
Su papá era diabético así que el primero ni si quiera lo había sentido. Lo habían operado una vez y su corazón se estaba muriendo de a poco, eso le habían dicho "su corazón se muere de a poco" Elle sabia que un día se acabaría de morir y con el se moriría su padre. Su madre también era diabética e hipertensa, él mismo tenía muchas posibilidades de serlo.
Entro a la casa y se tiro en la cama. Cansado de pensar se quedo dormido.
Elle era un firme convencido que las personas comenzaban la semana con una carga determinada de energía y buena suerte.
Y no lo sabia, pero la de su padre se había agotado esa noche.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
Bellas Melodias - Final
Quizás fue una suerte, pero ni Theon ni Ellus tuvieron la guía de otro de su clase.
Debieron descubrir lo que les gustaba y lo que no por si mismos.
Sus gustos y las cosas que amaban ahora se tornaban distantes debido a su nueva realidad. En cambio, sentían una gran atracción por otras cosas que habían pasado por alto.
La luz del sol, que antes dejaban caer despreocupadamente sobre sus cuerpos ahora les causaba un daño horrible, a Ellus le encantaban los fuegos artificiales pero ahora lo deprimían y por alguna razón, el aroma de las flores recién cortadas hundía a Theon en un estado contemplativo del cual le costaba salir.
Y ahí estaban ambos, tratando de descubrir qué era lo que los impulsaba a continuar, qué era lo que los mantenía unidos, qué tan lejos estaba dispuestos a llegar por lo que querían.
Theon sucumbió al lastimero Ellus y lo hizo por que la estética y la fuerza de las imágenes lo eran todo para él, se dejaba llevar por los sentidos, esa era su debilidad.
Lo cargó y aprovechó la luz para mirar de cerca su rostro suave que a penas tenia la apariencia de la piel humana.
Apagó las luces de la casa entrando en la habitación donde tantas veces se habían encontrado, recostados uno al lado del otro, hablando de manera obsesiva sin preocuparse por la luz pues las ventanas tenían gruesas cortinas y protecciones de madera, besándose de manera furiosa o cansada, haciendo bromas, leyendo o escribiendo, tomados de las manos, acariciando las suaves palmas de Ellus, lamiendo su cuello salado y frío mientras su amante le mordía suavemente los dedos hasta que la sangre se extendía entre ellos como alguna formula secreta que los mantenía unidos, pero que ninguno de los dos lograba comprender del todo.
Sintió un escalofrío ante la sola idea de los dientes de Ellus presionando sus dedos, su lengua de terciopelo humedeciendo sus manos.
Lo dejó sobre la cama como si fuera un indefenso pajarito que se devuelve al nido. Ellus daba la impresión de tener las alas rotas.
La música relajaba a Ellus hasta extremos que Theon no alcanzaba a imaginar, así que conecto la radio y buscó algo instrumental para ayudar al rubio a descansar.
Lo rodeaban cajas y cajas de CDs quemados por Ellus, muchos de ellos tenían garabateados títulos como “comiendo aire”, “árbol desnudo”, “la cabalgata de la luna”, “rezándole al panteón“ “suspiros de mi columna” “amantes abismales”.
Theon no había estado tan equivocado, ese era el soundtrack de su vida, tan extraño como él.
Al final, se decidió por uno con flores rojas hechas con marcador, que Ellus ponía cuando hacia el amor, era un simple cuarteto de cuerdas y alguna nota de piano ocasional.
Pulsó play y el disco comenzó a girar. A Ellus se le llenaban los ojos de lagrimas cada vez que oía esa melodía. “Farewell” se llamaba, recordó que le había dicho una vez, pero no le hizo mucho caso. Tampoco recordaba como se llamaba el grupo que lo interpretaba.
En medio de su sueño agónico, Ellus reconoció la música y actúo en consecuencia. Movió las manos y levantó el mentón dejando su cuello expuesto.
Cada vez que terminaban en la cama, la sangre que corría era la suya, no le gustaba tomar la sangre de Theon, algo en su inconciente le rogaba que se detuviera. Pero entregado como estaba, su cuerpo respondía de la misma manera en la que lo hacia cada vez que oía esa música.
Theon busco su boca y presiono sus labios contra ella. Sin mucha fuerza, lo suficiente para que supiera que no estaba solo.
La luna estaba aun alta en el cielo a pesar de ser pasadas las 2 de la madrugada y bajo su halo, la piel de Ellus se veía azulada, sub-acuática, como aquellas estatuas aztecas que había visto en el museo alguna vez durante su vida mortal.
El dios de la muerte, con su mascara verde jade y su lengua de obsidiana, que debía alimentarse con sangre o el mundo se acabaría.
Ese era Ellus.
Por un segundo lo recordó como había sido antes, con unas ligeras manchas en la piel blanca debido a los rajuñones y golpes, con los ojos encendidos de vida, una vida que venia desde dentro de su cuerpo y su alma, no del el arrebato de la existencia de otras personas y sintió nostalgia por la persona que podría haber sido y que jamás existiría.
Lo desvistió prestándole una dolorosa atención al color de su piel y a la forma de su cuerpo.
Ellus se movió en la cama mullida y suave, como un nido de espuma, hundiéndose más, lo tomó de la mano.
- no te vayas. le dijo, y Theon no supo si lo decía por el momento que estaba pasando o si en verdad intuía sus intenciones.
- no, claro que no. Respondió besando el dorso de su mano. Ellus sonrió.
Se quitó la ropa manchada de sangre y se recostó a su lado cubriendo sus cuerpos con el cubrecamas de plumas. Era como cubrirse con una capa de espuma de mar.
Miró el techo y le pareció que todo era un sueño.
Era un vampiro, si, no era ficción y tenía a su mejor amigo y amante con él para siempre, por toda la eternidad. Entonces ¿Por qué mierda no era feliz? ¿Por qué siempre estaba deseando más? ¿Por qué nunca se sentía conforme y pensaba en lo que no tenia, en lo que no hacia, en lo que no era?
Se giró y vio que Ellus lo miraba con sus ojos serenos, más serios de lo que jamás los había visto. Se acomodó a su lado.
La música los envolvía, aislándolos del mundo.
- ¿Qué quieres?. preguntó y Theon iba a decir que se quería ir, que quería olvidarse de él por un tiempo, sacarse la inercia del cuerpo, sacudirse la quietud y la muerte, quería brillar, quería que la gente lo viera pero no que lo alcanzaran, quería ser alguien importante no sólo para el, si no para todo el mundo. Theon quería correr y perderse en la ciudad como cuando sus padres lo agobiaban y se sentía sofocado y desaparecía por meses. Quería dejarlo.
Pero no pudo pronunciar palabra, ya nada de eso era verdad.
De todas maneras, sabía que Ellus no esperaba una respuesta realmente.
- Tengo hambre. Susurró con un tono y una mirada que se le antojaba levemente lujuriosa, pero tan adormecida que resultaba patética.
Theon se quitó el pelo que caía sobre su cuello.
- Muérdeme, anda. le ordenó.
Ellus movió la cabeza un poco, una parte de el aullaba negándose a beber ese veneno, pero tenia tanta sed… y todo era culpa suya.
A pesar de querer hacerlo sufrir no quería beber su sangre. Finalmente, sus instintos actuaron por él.
La música cambió. “Resurrección” pensó Ellus abriendo la boca y de inmediato sus colmillos rasgaron la piel blanca de su amante.
La sangre de Theon tenia el sabor y la textura de la lluvia: fresca, aromatizada y tibia. Le llenó la boca, corrió por su garganta, sintió sus ojos verdes colándose en su mente, vio sus pensamientos... que hombre tan bello y tan complicado.
Sintió la voz de Theon llenarle la cabeza, retumbar en su cerebro. Como si fuera un dolor inquietante, una luz cegadora.
"Hijo de puta, mira lo que me has hecho".
En verdad Theon no había abierto la boca, así como Ellus se negaba a abrir los ojos.
Theon lo culpaba por lo que estaba pasando, pero no hablaba de su ropa o de su casa, esas cosas tenían solución. Hablaba de su alma, de su inagotable energía, de sus ganas de hacer y deshacer a su antojo que se veían anuladas por la pasividad de Ellus “si pudiera te devolvería a ese día en el que nos conocimos, a la mugre en la que estabas metido”. Ese era el mensaje en su mirada.
Vio los ojos de Theon como si en verdad los estuviera mirando, delineados de negro, ensombrecidos y profundamente atractivos. Observándolo acusadoramente, desde arriba, como si el fuera un niñito que se ha caído y no puede volver a levantarse.
Abrió más la boca. Cuántas veces se había regocijado recogiendo entre sus labios los líquidos que se esparcían entre ellos: la saliva, las lagrimas, el semen, el sudor. Pero de todos ellos, el único que le llevaba esos pensamientos absurdamente concretos era la sangre.
Por eso no le gustaba tomar la sangre de Theon. En ella palpaba el inexpresable e inconciente desprecio que sentía por él, desde mucho antes que el mismo Theon se dignara a aceptarlo.
Aunque no importaba realmente.
Sintió la sangre calentarle el cuerpo más allá que su poder curativo, se movió para quedar completamente bajo él, sintiendo el peso de su amante y lo besó compartiendo el sabor de su sangre. Quizás, si supiera lo que él sabía lo tratara mejor, o quizás así aceptara de una vez por todas lo prescindibles que eran el uno para el otro.
Por un momento Ellus creyó que lo apartaría, pero la presión en sus labios se hizo más intensa.
Rodeó con sus piernas el cuerpo delgado de Theon para que no se escapara por si se arrepentía y acaricio con las manos las salientes de sus omoplatos, sus costillas, su cuello, tomó su rostro y acaricio su nariz con la suya respirando el mismo aliento, besando su mentón, la punta de la nariz, los parpados de seda, el lunar en la mejilla. Tomó un mechón de cabello y lo enredó entre sus dedos, lo estiró con suavidad y lo soltó observando como retomaba su forma original.
Acarició con los talones la parte baja de su espalda, la suave curva de sus muslos, se enredó en sus piernas, mientras sus manos cansadas eran aprisionadas.
Theon sintió el aroma de aquella sangre. Bajó besando su cuello, dibujando un camino transparente con su saliva, arrancando risas roncas de la garganta de Ellus que por alguna razón no lo hicieron feliz.
Tenia los ojos encendidos de un brillo carmesí que rugía en su interior.
Bajó mas, le abrió las piernas y enterró los colmillos en la arteria en su muslo interior, aquel camino azul que se extendía en su piel y que lo volvía loco.
La excitación creció en su interior al sentirse completamente dominado por el ser sobre él. Tenía que ser así, su relación se basaba en eso. Uno siendo dominado por el otro.
Theon tomó su rostro entre sus manos tibias.
- si pudiera darte lo que quieres. Susurro juntando sus frentes. ¿Por qué siempre tienes que querer terminar con todo? ¿Cómo puedo hacer que no necesites nada?, ¿Cómo puedo hacerte sentir bien?
- lo haces. El aliento de Ellus olía a metal y sus labios estaban rojos, al hablar, un hilillo de sangre cayó desde la comisura de su boca. Theon se le acerco y lo recogió con su lengua.
- que tierno. Susurro Ellus acariciando el costado de la estrecha cintura con sus rodillas, cerró los ojos disfrutando de la sensación suave del cuerpo tibio y recién alimentado de Theon contra el suyo. No era muy normal que fuera así de gentil con el.
- ¿Qué esperas, una invitación?. Susurró. Theon sonrío.
- ¿Por qué siempre tienes que ser tan insurgente?
Ellus sintió como las manos de Theon le separaban las piernas, como sus uñas de cristal marcaban un camino hacia sus caderas y de regreso, como pegaba las caderas a sus muslos uniéndose a el lentamente, como el dolor ya no era dolor si no la deliciosa experiencia de abrazar y contener a esa alma que era su gemela y que había tenido la suerte de encontrar en el mundo.
Pero quizás a través de la sangre que había bebido directamente desde las venas de su amante, su mente se llenó de una idea terrorífica, incierta y apremiante.
“Tengo que dejarlo ir”
Reprimió un gemido, no por el repentino movimiento de las caderas de Theon convirtiéndose en un suave vaivén, en una estocada dolorosa, ni por sus colmillos enterrados en su hombro, si no por el súbito conocimiento de lo que debía hacer.
Afirmó a Theon por los hombros y lo separó un poco para mirarlo. No había perdón en esos ojos, podían parecer genuinamente enamorados, pero Ellus sabía que en el fondo de aquella alma materialista, dominante, agresiva, hermosa, había un océano de resentimiento, como si Ellus lo tuviera atado con cadenas a su desdicha y sus deseos de morir.
Y Ellus decidió dejarlo, por que para él no había nada más preciado que la libertad, por que esa era su debilidad.
La música paró y por un breve instante Theon no se atrevió a moverse, Ellus tenia los ojos fuertemente cerrados y la boca ligeramente abierta.
Abrió los ojos lentamente sintiéndose lleno de sangre, como un globo a punto de explotar. Se imaginaba a Theon no sólo sobre y dentro de él si no desparramado sobre su cuerpo, unidos por algo mas que la lujuria que nublaba su mente.
Con sus uñas afiladas que se enterraban en la piel delicada de la espalda de Theon, abrió un surco delgado en su brazo comenzando en la muñeca y terminando en su antebrazo a la altura del codo.
Se cerró con asombrosa rapidez, pero derramó pequeñas gotitas de sangre que Ellus tomó con sus dedos y pasó por la mejilla de Theon que giró su rostro hacia donde había estado la herida y enterró los colmillos en el antebrazo.
Ellus arqueó la espalda emitiendo un gemido herido. No era justo, le estaba quitando la sangre que acababa de darle.
- dame más sangre. Dijo Ellus, no la quería, pero ni si quiera se podía mover. Usó todas las energías que le quedaban para atrapar más el cuerpo de Theon contra el suyo.
Una vez lejos, no esperaba volver a sentir algo así jamás.
La canción termino y en su lugar una tonada extremadamente triste le lleno los oídos, la conocía muy bien “Conclusión” se llamaba.
Se dejo hacer. Si, todo había llegado a su final.
- no seas cruel, dame más, necesito mucho más.
Theon acaricio el rostro fino frente a el, suavemente, inconciente de ser guiado por la música. Las cuerdas gemían a su alrededor.
Besó su nariz pálida que tenia la punta levemente redondeada, sus labios finos que recordaba ásperos cuando estaban vivos y que ahora eran como pétalos de rosa.
Ellus tomó su mano y besó el dorso y las palmas, metió el pulgar en su boca y lo mordió levemente, Theon sonrío, tampoco esperaba volver a sentir eso jamás.
Luego, Ellus lo mordió en la muñeca, pegándose a ella como si la vida dependiera de eso, succionando la herida mientras se cerraba y volviendo a abrirla con los colmillos y los incisivos, pasando la lengua entre la piel herida, apretando el brazo con sus delgados dedos para aumentar la presión. Bebiendo como si quisiera arrebatarle la vida, mientras Theon comenzaba a describir el patrón de movimientos que lo llevaban dentro y fuera del cuerpo de su amante.
El color desapareció gradualmente de sus mejillas. Acarició la frente de Ellus, quitándole el cabello del rostro,
No habría sentido lo mismo con nadie, jamás, ni en un millón de años.
Casi sin sentir dolor, Ellus cerro los ojos y rememoro la multitud de veces que habían hecho el amor sobre esa cama. Lo había pasado increíblemente bien o muy mal. Había sido amarrado y vendado, cubierto de aceites de aromas dulces e incluso de caramelo, había sido humillado y se había sentido más amado que en toda su vida. Ahí había aprendido que el deseo que despertaba su cuerpo le podía ser muy útil con cierto tipo de personas, si lo usaba con cuidado y que absolutamente nada nublaba los sentidos como la lujuria de la sangre.
Pero sobre todo, se había sentido acompañado.
De todas las veces esta era especial, no hubo sangre a montones ni ninguno de los caprichos de Theon, lo cual era extraño, a pesar de lucir como un demonio se había portado de manera bastante decente. Ni si quiera tuvo que recurrir a su mp3 mientras sentía las embestidas para que la música completara lo que faltaba de ambiente, el mismo Theon lo había hecho, proporcionándole sus bellas melodías.
Pero algo fallaba.
Theon lo tomó de la cintura y lo atrajo hacia él. Ellus se dejó llevar sin cooperar en nada. Quizás el sexo al fin lo estaba aburriendo, se había preguntado cuando pasaría y creyó que jamás. Cada vez con Theon era como la primera vez en aquel departamento, abandonados y lujuriosos como solo un par de adolescentes pueden estarlo.
Le mordió el hombro cerrando los ojos por un segundo, su cuerpo estaba tan acostumbrado al de Theon que ya sentía como si le perteneciera de siempre. No había nada extraño, nada nuevo. Era el mismo Theon de siempre, follándolo de la misma manera de siempre. Aunque que sin sus manías sádicas, cosa que agradecía.
Pero ya no tenían el mismo significado, antes le hacían arder la piel, le anulaba los pensamientos, le nublaba la vista, le hacia gemir incoherencias, retorcerse bajo él. Ahora no importa lo que pasara, lo tenía sin cuidado.
Se había vuelto una maquina que solo satisfacía a Theon en cada capricho, deseo o genuina necesidad. Siempre lo había sido, y el conocimiento de eso lo espantó.
Theon sintió su cuerpo desaparecer, estaba en otra parte del universo. En un lugar hermoso, eléctrico. Apretó los ojos, quería quedarse ahí para siempre, así era con Ellus, siempre algo nuevo, que más daba si es una noche en la cama o un disparo en el pecho, nadie, jamás podría hacerle daño QUE LE DIERA SU MEJOR GOLPE.
se dió cuanta que lo amaba muy a su pesar, que el mundo era un lugar mejor por que él estaba ahi.
Gimió apretando los dientes, dejó de pensar, todas las neuronas de su cerebro parecieron desconectarse mientras se corría y el placer lo inundaba anulando su inmortal sistema nervioso. Ellus arqueó la espalda, abrió la boca en busca de todo el aire que pudiera llenar sus pulmones casi perdiendo la conciencia, pero conteniendola a duras penas.
Todo había acabando.
Ellus se movió a los pocos minutos, Theon estaba durmiendo como a pleno día. Lo acomodó en la cama y lo besó suavemente en la boca. Supo que le había quitado mas sangre de la recomendable, pero no le importó, Theon era un sobreviviente y él tenía cosas dificiles que hacer y necesitaría toda la sangre que pudiera juntar.
Se entretuvo acariciándole la piel un rato, enredando sus dedos en su cabello café, creando ondas en ese mar de chocolate. lo miró de cerca sin dejar de sonreír, tratando de gravarse cada detalle de su rostro.
Finalmente se levantó y cerró las ventanas para que el sol no entrara. Habían elegido esa habitación por su ubicación y la habían arreglado con gruesas cortinas y ventanas de madera.
Se vistió y no tomo nada, no había nada que quisiera llevarse, ni si quiera su adorada música, podía conseguir más. Adonde quiera que fuera siempre le resultaba fácil conseguir cosas
- jamás te pediría que te fueras. Le dijo al cuerpo satisfecho e inconciente en la cama, estaba mucho mejor ahí que desangrándose en el piso de la sala, Theon tenia que vivir para siempre, así al menos le quedaba la esperanza de volver a verlo algún día, si Theon quería y si el mismo sobrevivía a sus constantes experiencias cercanas a la muerte.
Si lograba encontrar algo que le hiciera quedarse en este mundo, algo que en verdad le gustara tanto como para dejar de creer que morir era la única solución. Quería que Theon estuviera en algún lugar para verlo levantarse, que se sintiera orgulloso de su fuerza como el lo estaba de la suya.
Ellus estaba tomando una decisión difícil por si mismo, por primera vez en muchos años, pero eso no quitaba que dejara de ser dependiente, sumiso, extremadamente pasivo… “a menos que Theon quiera lo contrario” pensó sonriendo amargamente
Echó una ultima mirada a la casa y luego salió a la calle donde la madrugada se acercaba peligrosa. Corrió hasta el parque y cavó un escondite como lo hacia cuando su sangre le obligaba a una melodramática salida.
A la noche siguiente, Theon despertaría solo, lo buscaría, lo llamaría y finalmente el conocimiento de lo que Ellus había hecho caería sobre él como un nuevo disparo en el pecho.
Había hecho exactamente lo que él no había tenido el coraje de hacer.
Lo había abandonado.
Y la sensación fue sumamente desagradable.
“Bellas Melodías I”
Liz, domingo 28.03.2010 - 17:07, Birdland. 06:34
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El fin, al fin.
Ahora me dedicaré a los cuentos de terror y quizás en algun futuro no muy lejano me decida a publicar la segunda parte de esta historia.
En verdad, este era un cuento bastante corto, unas 3 o 4 paginas, pero se fué haciendo largo por que necesitaba desarrollar carácteres para una historia más grande, al final me encariñe con ellos y decidí que se merecian su propio relato y aqui está.
Obviamente en la segunda parte hay mas personajes, de hecho, uno de mis amados vampiros es un personaje publico y mantiene una especie de "grupo" a su alrededor cumpliendo las fantasias de querer se conocido y admirado por medio mundo =D.
Asi que hasta aqui con ellos, por ahora y, como dije, me dedicaré a publicar cuentos de terror o, en definitiva, cualquier cosa.
Näkemiin.
Debieron descubrir lo que les gustaba y lo que no por si mismos.
Sus gustos y las cosas que amaban ahora se tornaban distantes debido a su nueva realidad. En cambio, sentían una gran atracción por otras cosas que habían pasado por alto.
La luz del sol, que antes dejaban caer despreocupadamente sobre sus cuerpos ahora les causaba un daño horrible, a Ellus le encantaban los fuegos artificiales pero ahora lo deprimían y por alguna razón, el aroma de las flores recién cortadas hundía a Theon en un estado contemplativo del cual le costaba salir.
Y ahí estaban ambos, tratando de descubrir qué era lo que los impulsaba a continuar, qué era lo que los mantenía unidos, qué tan lejos estaba dispuestos a llegar por lo que querían.
Theon sucumbió al lastimero Ellus y lo hizo por que la estética y la fuerza de las imágenes lo eran todo para él, se dejaba llevar por los sentidos, esa era su debilidad.
Lo cargó y aprovechó la luz para mirar de cerca su rostro suave que a penas tenia la apariencia de la piel humana.
Apagó las luces de la casa entrando en la habitación donde tantas veces se habían encontrado, recostados uno al lado del otro, hablando de manera obsesiva sin preocuparse por la luz pues las ventanas tenían gruesas cortinas y protecciones de madera, besándose de manera furiosa o cansada, haciendo bromas, leyendo o escribiendo, tomados de las manos, acariciando las suaves palmas de Ellus, lamiendo su cuello salado y frío mientras su amante le mordía suavemente los dedos hasta que la sangre se extendía entre ellos como alguna formula secreta que los mantenía unidos, pero que ninguno de los dos lograba comprender del todo.
Sintió un escalofrío ante la sola idea de los dientes de Ellus presionando sus dedos, su lengua de terciopelo humedeciendo sus manos.
Lo dejó sobre la cama como si fuera un indefenso pajarito que se devuelve al nido. Ellus daba la impresión de tener las alas rotas.
La música relajaba a Ellus hasta extremos que Theon no alcanzaba a imaginar, así que conecto la radio y buscó algo instrumental para ayudar al rubio a descansar.
Lo rodeaban cajas y cajas de CDs quemados por Ellus, muchos de ellos tenían garabateados títulos como “comiendo aire”, “árbol desnudo”, “la cabalgata de la luna”, “rezándole al panteón“ “suspiros de mi columna” “amantes abismales”.
Theon no había estado tan equivocado, ese era el soundtrack de su vida, tan extraño como él.
Al final, se decidió por uno con flores rojas hechas con marcador, que Ellus ponía cuando hacia el amor, era un simple cuarteto de cuerdas y alguna nota de piano ocasional.
Pulsó play y el disco comenzó a girar. A Ellus se le llenaban los ojos de lagrimas cada vez que oía esa melodía. “Farewell” se llamaba, recordó que le había dicho una vez, pero no le hizo mucho caso. Tampoco recordaba como se llamaba el grupo que lo interpretaba.
En medio de su sueño agónico, Ellus reconoció la música y actúo en consecuencia. Movió las manos y levantó el mentón dejando su cuello expuesto.
Cada vez que terminaban en la cama, la sangre que corría era la suya, no le gustaba tomar la sangre de Theon, algo en su inconciente le rogaba que se detuviera. Pero entregado como estaba, su cuerpo respondía de la misma manera en la que lo hacia cada vez que oía esa música.
Theon busco su boca y presiono sus labios contra ella. Sin mucha fuerza, lo suficiente para que supiera que no estaba solo.
La luna estaba aun alta en el cielo a pesar de ser pasadas las 2 de la madrugada y bajo su halo, la piel de Ellus se veía azulada, sub-acuática, como aquellas estatuas aztecas que había visto en el museo alguna vez durante su vida mortal.
El dios de la muerte, con su mascara verde jade y su lengua de obsidiana, que debía alimentarse con sangre o el mundo se acabaría.
Ese era Ellus.
Por un segundo lo recordó como había sido antes, con unas ligeras manchas en la piel blanca debido a los rajuñones y golpes, con los ojos encendidos de vida, una vida que venia desde dentro de su cuerpo y su alma, no del el arrebato de la existencia de otras personas y sintió nostalgia por la persona que podría haber sido y que jamás existiría.
Lo desvistió prestándole una dolorosa atención al color de su piel y a la forma de su cuerpo.
Ellus se movió en la cama mullida y suave, como un nido de espuma, hundiéndose más, lo tomó de la mano.
- no te vayas. le dijo, y Theon no supo si lo decía por el momento que estaba pasando o si en verdad intuía sus intenciones.
- no, claro que no. Respondió besando el dorso de su mano. Ellus sonrió.
Se quitó la ropa manchada de sangre y se recostó a su lado cubriendo sus cuerpos con el cubrecamas de plumas. Era como cubrirse con una capa de espuma de mar.
Miró el techo y le pareció que todo era un sueño.
Era un vampiro, si, no era ficción y tenía a su mejor amigo y amante con él para siempre, por toda la eternidad. Entonces ¿Por qué mierda no era feliz? ¿Por qué siempre estaba deseando más? ¿Por qué nunca se sentía conforme y pensaba en lo que no tenia, en lo que no hacia, en lo que no era?
Se giró y vio que Ellus lo miraba con sus ojos serenos, más serios de lo que jamás los había visto. Se acomodó a su lado.
La música los envolvía, aislándolos del mundo.
- ¿Qué quieres?. preguntó y Theon iba a decir que se quería ir, que quería olvidarse de él por un tiempo, sacarse la inercia del cuerpo, sacudirse la quietud y la muerte, quería brillar, quería que la gente lo viera pero no que lo alcanzaran, quería ser alguien importante no sólo para el, si no para todo el mundo. Theon quería correr y perderse en la ciudad como cuando sus padres lo agobiaban y se sentía sofocado y desaparecía por meses. Quería dejarlo.
Pero no pudo pronunciar palabra, ya nada de eso era verdad.
De todas maneras, sabía que Ellus no esperaba una respuesta realmente.
- Tengo hambre. Susurró con un tono y una mirada que se le antojaba levemente lujuriosa, pero tan adormecida que resultaba patética.
Theon se quitó el pelo que caía sobre su cuello.
- Muérdeme, anda. le ordenó.
Ellus movió la cabeza un poco, una parte de el aullaba negándose a beber ese veneno, pero tenia tanta sed… y todo era culpa suya.
A pesar de querer hacerlo sufrir no quería beber su sangre. Finalmente, sus instintos actuaron por él.
La música cambió. “Resurrección” pensó Ellus abriendo la boca y de inmediato sus colmillos rasgaron la piel blanca de su amante.
La sangre de Theon tenia el sabor y la textura de la lluvia: fresca, aromatizada y tibia. Le llenó la boca, corrió por su garganta, sintió sus ojos verdes colándose en su mente, vio sus pensamientos... que hombre tan bello y tan complicado.
Sintió la voz de Theon llenarle la cabeza, retumbar en su cerebro. Como si fuera un dolor inquietante, una luz cegadora.
"Hijo de puta, mira lo que me has hecho".
En verdad Theon no había abierto la boca, así como Ellus se negaba a abrir los ojos.
Theon lo culpaba por lo que estaba pasando, pero no hablaba de su ropa o de su casa, esas cosas tenían solución. Hablaba de su alma, de su inagotable energía, de sus ganas de hacer y deshacer a su antojo que se veían anuladas por la pasividad de Ellus “si pudiera te devolvería a ese día en el que nos conocimos, a la mugre en la que estabas metido”. Ese era el mensaje en su mirada.
Vio los ojos de Theon como si en verdad los estuviera mirando, delineados de negro, ensombrecidos y profundamente atractivos. Observándolo acusadoramente, desde arriba, como si el fuera un niñito que se ha caído y no puede volver a levantarse.
Abrió más la boca. Cuántas veces se había regocijado recogiendo entre sus labios los líquidos que se esparcían entre ellos: la saliva, las lagrimas, el semen, el sudor. Pero de todos ellos, el único que le llevaba esos pensamientos absurdamente concretos era la sangre.
Por eso no le gustaba tomar la sangre de Theon. En ella palpaba el inexpresable e inconciente desprecio que sentía por él, desde mucho antes que el mismo Theon se dignara a aceptarlo.
Aunque no importaba realmente.
Sintió la sangre calentarle el cuerpo más allá que su poder curativo, se movió para quedar completamente bajo él, sintiendo el peso de su amante y lo besó compartiendo el sabor de su sangre. Quizás, si supiera lo que él sabía lo tratara mejor, o quizás así aceptara de una vez por todas lo prescindibles que eran el uno para el otro.
Por un momento Ellus creyó que lo apartaría, pero la presión en sus labios se hizo más intensa.
Rodeó con sus piernas el cuerpo delgado de Theon para que no se escapara por si se arrepentía y acaricio con las manos las salientes de sus omoplatos, sus costillas, su cuello, tomó su rostro y acaricio su nariz con la suya respirando el mismo aliento, besando su mentón, la punta de la nariz, los parpados de seda, el lunar en la mejilla. Tomó un mechón de cabello y lo enredó entre sus dedos, lo estiró con suavidad y lo soltó observando como retomaba su forma original.
Acarició con los talones la parte baja de su espalda, la suave curva de sus muslos, se enredó en sus piernas, mientras sus manos cansadas eran aprisionadas.
Theon sintió el aroma de aquella sangre. Bajó besando su cuello, dibujando un camino transparente con su saliva, arrancando risas roncas de la garganta de Ellus que por alguna razón no lo hicieron feliz.
Tenia los ojos encendidos de un brillo carmesí que rugía en su interior.
Bajó mas, le abrió las piernas y enterró los colmillos en la arteria en su muslo interior, aquel camino azul que se extendía en su piel y que lo volvía loco.
La excitación creció en su interior al sentirse completamente dominado por el ser sobre él. Tenía que ser así, su relación se basaba en eso. Uno siendo dominado por el otro.
Theon tomó su rostro entre sus manos tibias.
- si pudiera darte lo que quieres. Susurro juntando sus frentes. ¿Por qué siempre tienes que querer terminar con todo? ¿Cómo puedo hacer que no necesites nada?, ¿Cómo puedo hacerte sentir bien?
- lo haces. El aliento de Ellus olía a metal y sus labios estaban rojos, al hablar, un hilillo de sangre cayó desde la comisura de su boca. Theon se le acerco y lo recogió con su lengua.
- que tierno. Susurro Ellus acariciando el costado de la estrecha cintura con sus rodillas, cerró los ojos disfrutando de la sensación suave del cuerpo tibio y recién alimentado de Theon contra el suyo. No era muy normal que fuera así de gentil con el.
- ¿Qué esperas, una invitación?. Susurró. Theon sonrío.
- ¿Por qué siempre tienes que ser tan insurgente?
Ellus sintió como las manos de Theon le separaban las piernas, como sus uñas de cristal marcaban un camino hacia sus caderas y de regreso, como pegaba las caderas a sus muslos uniéndose a el lentamente, como el dolor ya no era dolor si no la deliciosa experiencia de abrazar y contener a esa alma que era su gemela y que había tenido la suerte de encontrar en el mundo.
Pero quizás a través de la sangre que había bebido directamente desde las venas de su amante, su mente se llenó de una idea terrorífica, incierta y apremiante.
“Tengo que dejarlo ir”
Reprimió un gemido, no por el repentino movimiento de las caderas de Theon convirtiéndose en un suave vaivén, en una estocada dolorosa, ni por sus colmillos enterrados en su hombro, si no por el súbito conocimiento de lo que debía hacer.
Afirmó a Theon por los hombros y lo separó un poco para mirarlo. No había perdón en esos ojos, podían parecer genuinamente enamorados, pero Ellus sabía que en el fondo de aquella alma materialista, dominante, agresiva, hermosa, había un océano de resentimiento, como si Ellus lo tuviera atado con cadenas a su desdicha y sus deseos de morir.
Y Ellus decidió dejarlo, por que para él no había nada más preciado que la libertad, por que esa era su debilidad.
La música paró y por un breve instante Theon no se atrevió a moverse, Ellus tenia los ojos fuertemente cerrados y la boca ligeramente abierta.
Abrió los ojos lentamente sintiéndose lleno de sangre, como un globo a punto de explotar. Se imaginaba a Theon no sólo sobre y dentro de él si no desparramado sobre su cuerpo, unidos por algo mas que la lujuria que nublaba su mente.
Con sus uñas afiladas que se enterraban en la piel delicada de la espalda de Theon, abrió un surco delgado en su brazo comenzando en la muñeca y terminando en su antebrazo a la altura del codo.
Se cerró con asombrosa rapidez, pero derramó pequeñas gotitas de sangre que Ellus tomó con sus dedos y pasó por la mejilla de Theon que giró su rostro hacia donde había estado la herida y enterró los colmillos en el antebrazo.
Ellus arqueó la espalda emitiendo un gemido herido. No era justo, le estaba quitando la sangre que acababa de darle.
- dame más sangre. Dijo Ellus, no la quería, pero ni si quiera se podía mover. Usó todas las energías que le quedaban para atrapar más el cuerpo de Theon contra el suyo.
Una vez lejos, no esperaba volver a sentir algo así jamás.
La canción termino y en su lugar una tonada extremadamente triste le lleno los oídos, la conocía muy bien “Conclusión” se llamaba.
Se dejo hacer. Si, todo había llegado a su final.
- no seas cruel, dame más, necesito mucho más.
Theon acaricio el rostro fino frente a el, suavemente, inconciente de ser guiado por la música. Las cuerdas gemían a su alrededor.
Besó su nariz pálida que tenia la punta levemente redondeada, sus labios finos que recordaba ásperos cuando estaban vivos y que ahora eran como pétalos de rosa.
Ellus tomó su mano y besó el dorso y las palmas, metió el pulgar en su boca y lo mordió levemente, Theon sonrío, tampoco esperaba volver a sentir eso jamás.
Luego, Ellus lo mordió en la muñeca, pegándose a ella como si la vida dependiera de eso, succionando la herida mientras se cerraba y volviendo a abrirla con los colmillos y los incisivos, pasando la lengua entre la piel herida, apretando el brazo con sus delgados dedos para aumentar la presión. Bebiendo como si quisiera arrebatarle la vida, mientras Theon comenzaba a describir el patrón de movimientos que lo llevaban dentro y fuera del cuerpo de su amante.
El color desapareció gradualmente de sus mejillas. Acarició la frente de Ellus, quitándole el cabello del rostro,
No habría sentido lo mismo con nadie, jamás, ni en un millón de años.
Casi sin sentir dolor, Ellus cerro los ojos y rememoro la multitud de veces que habían hecho el amor sobre esa cama. Lo había pasado increíblemente bien o muy mal. Había sido amarrado y vendado, cubierto de aceites de aromas dulces e incluso de caramelo, había sido humillado y se había sentido más amado que en toda su vida. Ahí había aprendido que el deseo que despertaba su cuerpo le podía ser muy útil con cierto tipo de personas, si lo usaba con cuidado y que absolutamente nada nublaba los sentidos como la lujuria de la sangre.
Pero sobre todo, se había sentido acompañado.
De todas las veces esta era especial, no hubo sangre a montones ni ninguno de los caprichos de Theon, lo cual era extraño, a pesar de lucir como un demonio se había portado de manera bastante decente. Ni si quiera tuvo que recurrir a su mp3 mientras sentía las embestidas para que la música completara lo que faltaba de ambiente, el mismo Theon lo había hecho, proporcionándole sus bellas melodías.
Pero algo fallaba.
Theon lo tomó de la cintura y lo atrajo hacia él. Ellus se dejó llevar sin cooperar en nada. Quizás el sexo al fin lo estaba aburriendo, se había preguntado cuando pasaría y creyó que jamás. Cada vez con Theon era como la primera vez en aquel departamento, abandonados y lujuriosos como solo un par de adolescentes pueden estarlo.
Le mordió el hombro cerrando los ojos por un segundo, su cuerpo estaba tan acostumbrado al de Theon que ya sentía como si le perteneciera de siempre. No había nada extraño, nada nuevo. Era el mismo Theon de siempre, follándolo de la misma manera de siempre. Aunque que sin sus manías sádicas, cosa que agradecía.
Pero ya no tenían el mismo significado, antes le hacían arder la piel, le anulaba los pensamientos, le nublaba la vista, le hacia gemir incoherencias, retorcerse bajo él. Ahora no importa lo que pasara, lo tenía sin cuidado.
Se había vuelto una maquina que solo satisfacía a Theon en cada capricho, deseo o genuina necesidad. Siempre lo había sido, y el conocimiento de eso lo espantó.
Theon sintió su cuerpo desaparecer, estaba en otra parte del universo. En un lugar hermoso, eléctrico. Apretó los ojos, quería quedarse ahí para siempre, así era con Ellus, siempre algo nuevo, que más daba si es una noche en la cama o un disparo en el pecho, nadie, jamás podría hacerle daño QUE LE DIERA SU MEJOR GOLPE.
se dió cuanta que lo amaba muy a su pesar, que el mundo era un lugar mejor por que él estaba ahi.
Gimió apretando los dientes, dejó de pensar, todas las neuronas de su cerebro parecieron desconectarse mientras se corría y el placer lo inundaba anulando su inmortal sistema nervioso. Ellus arqueó la espalda, abrió la boca en busca de todo el aire que pudiera llenar sus pulmones casi perdiendo la conciencia, pero conteniendola a duras penas.
Todo había acabando.
Ellus se movió a los pocos minutos, Theon estaba durmiendo como a pleno día. Lo acomodó en la cama y lo besó suavemente en la boca. Supo que le había quitado mas sangre de la recomendable, pero no le importó, Theon era un sobreviviente y él tenía cosas dificiles que hacer y necesitaría toda la sangre que pudiera juntar.
Se entretuvo acariciándole la piel un rato, enredando sus dedos en su cabello café, creando ondas en ese mar de chocolate. lo miró de cerca sin dejar de sonreír, tratando de gravarse cada detalle de su rostro.
Finalmente se levantó y cerró las ventanas para que el sol no entrara. Habían elegido esa habitación por su ubicación y la habían arreglado con gruesas cortinas y ventanas de madera.
Se vistió y no tomo nada, no había nada que quisiera llevarse, ni si quiera su adorada música, podía conseguir más. Adonde quiera que fuera siempre le resultaba fácil conseguir cosas
- jamás te pediría que te fueras. Le dijo al cuerpo satisfecho e inconciente en la cama, estaba mucho mejor ahí que desangrándose en el piso de la sala, Theon tenia que vivir para siempre, así al menos le quedaba la esperanza de volver a verlo algún día, si Theon quería y si el mismo sobrevivía a sus constantes experiencias cercanas a la muerte.
Si lograba encontrar algo que le hiciera quedarse en este mundo, algo que en verdad le gustara tanto como para dejar de creer que morir era la única solución. Quería que Theon estuviera en algún lugar para verlo levantarse, que se sintiera orgulloso de su fuerza como el lo estaba de la suya.
Ellus estaba tomando una decisión difícil por si mismo, por primera vez en muchos años, pero eso no quitaba que dejara de ser dependiente, sumiso, extremadamente pasivo… “a menos que Theon quiera lo contrario” pensó sonriendo amargamente
Echó una ultima mirada a la casa y luego salió a la calle donde la madrugada se acercaba peligrosa. Corrió hasta el parque y cavó un escondite como lo hacia cuando su sangre le obligaba a una melodramática salida.
A la noche siguiente, Theon despertaría solo, lo buscaría, lo llamaría y finalmente el conocimiento de lo que Ellus había hecho caería sobre él como un nuevo disparo en el pecho.
Había hecho exactamente lo que él no había tenido el coraje de hacer.
Lo había abandonado.
Y la sensación fue sumamente desagradable.
“Bellas Melodías I”
Liz, domingo 28.03.2010 - 17:07, Birdland. 06:34
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El fin, al fin.
Ahora me dedicaré a los cuentos de terror y quizás en algun futuro no muy lejano me decida a publicar la segunda parte de esta historia.
En verdad, este era un cuento bastante corto, unas 3 o 4 paginas, pero se fué haciendo largo por que necesitaba desarrollar carácteres para una historia más grande, al final me encariñe con ellos y decidí que se merecian su propio relato y aqui está.
Obviamente en la segunda parte hay mas personajes, de hecho, uno de mis amados vampiros es un personaje publico y mantiene una especie de "grupo" a su alrededor cumpliendo las fantasias de querer se conocido y admirado por medio mundo =D.
Asi que hasta aqui con ellos, por ahora y, como dije, me dedicaré a publicar cuentos de terror o, en definitiva, cualquier cosa.
Näkemiin.
viernes, 23 de julio de 2010
A PARTICIPAR!!!

Niños y Niñas, aqui les dejo las bases del maravilloso concurso del Blog de Libros Homoeroticos, si tienen dudas sobre participar, nada mas vean los premios:
PRIMER PREMIO:
Menfis (eBook)
Cenizas de Sodoma (eBook)
Noches de luna roja (eBook)
SEGUNDO PREMIO
Cenizas de Sodoma (eBook)
Noches de luna roja (eBook)
TERCER PREMIO
Noches de luna roja (eBook)
Bases de participación:
Para participar debes dejar un comentario en esta entrada del blog LIBROS HOMOERÓTICOS con los siguientes datos:
Nombre o seudónimo.
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Esto es un SORTEO: dejando un comentario con tus datos ya estarás participando.
Para entrar más de 1 vez en el sorteo puedes:
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viernes, 28 de mayo de 2010
Bellas Melodias VI
Theon regresó una hora después, cuando la cabeza ya se le había despejado lo suficiente como para sentirse en armonía con el universo y la rica mina de sangre que emana de cada uno de sus habitantes.
La sangre ingerida ya se había diseminado por su cuerpo, calentándole la piel.
Sintió en la capa superior y más sensible de su dermis, como el ambiente se había vuelto fresco y eléctrico, cosa que antes habría pasado desapercibida para él, debido al frío natural de su cuerpo.
Bendita magia la que obraba en el en esos momentos.
Llovería pronto, pero la humedad no lo molestaba, ni el frío del invierno. Era un frío limpio y vivificante, que le despertaba la conciencia de donde estaba y que estaba haciendo, lo mantenía al acecho, sutilmente despierto incluso en las inmóviles horas diurnas.
Theon había nacido durante un invierno particularmente frío y desde siempre le había gustado ese clima, le daba la sensación de que el mundo era un lugar pequeño, cubierto de niebla, íntimo y suyo.
No podían arrebatarle las horas de nevada o de lluvia y no podían evitar que llegara el invierno, así que se convirtió en la única constante en su vida que lo hacia realmente feliz y que nadie podía alterar, por más que quisieran.
Cuando vivía, la llegada del invierno significaba meterse en la cama con un buen libro, la calefacción a tope, una pequeña botella de ron y galletas de brandy, con las Variaciones Goldberg sonando a todo volumen a través de su reproductor de mp3 mientras la humanidad entera se mojaba hasta el alma tratando de cruzar la ciudad para llegar a sus trabajos.
Ahora, su nueva naturaleza le obligaba a buscar los placeres de la temporada (y en general, de su vida) en otras cosas. Pero nada se asemejaba a la simple sensación de acurrucarse junto a la ventana, a ver y escuchar la tenue lluvia caer sobre el mundo.
¿Qué significa el paso de las estaciones para un vampiro, de todas maneras? Quizás debería comenzar a re-definir cada uno de los aspectos de su vida, en cuyo caso, esa manera de medir el tiempo sería lo último que le preocuparía.
Ya estaba enfrente de la casa, debía volver a la realidad y prepararse para que la oscuridad entrara de nuevo en su vida. Miró hacia el parque frente a la casa.
“Que fácil sería seguir de largo.”
Suspiró y abrió la puerta.
En cuanto entró, la luz artificial lo cegó por un momento.
Cada lámpara estaba encendida como si fuera pleno día, la calefacción había logrado templar el ambiente e incluso una suave melodía sonaba desde algún lugar.
Sintió como se le calentaba el cuerpo con la energía de las bombillas, cerró los ojos sonriendo. Por un momento, recordó por qué amaba cada rincón de ese lugar: por que lo había decorado a su gusto. Se sentía feliz de estar ahí, todo era como debía ser y estaba donde debía estar…
Bueno, todo menos su manchada alfombra nueva y su pared arruinada y el cerebro de Ellus… se pregunto que tanto lo afectaría esa perdida de masa encefálica, si en verdad algo así podía afectar a los de su especie.
Abrió la puerta de la biblioteca esperando encontrárselo en el mismo lugar donde lo había dejado o tratando de matarse nuevamente. Quizás quemado a lo bonzo en medio de la habitación, o colgando de una viga, como lo había encontrado días atrás, o con las venas abiertas como canales carmesí recorriendo el suelo de parquet desnudo.
Le dio hambre de nuevo, pero el hambre que le despertaba Ellus era diferente a la usual.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, vio a Ellus de rodillas sobre una alfombra color granate con bordados dorados y plata. Era nueva, olía a telas antiguas, a incienso y tenia un leve aroma a vino.
El rubio levanto la cabeza y lo miro con sorpresa “¿Qué clase de vampiro es?, ni si quiera escuchó mis pasos” pensó Theon “Si, claro, miren quien habla, el del instinto infalible”, le regaño otra voz en su cabeza. Frunció el ceño.
Ellus lo miraba hacia arriba, sus ojos se veían más grandes, más ansiosos que nunca, no llevaba su polera negra y estaba agitado. Podía oír su poderoso corazón latir, emitiendo leves vibraciones que parecían hacer eco en su propio cuerpo.
La curva de su espalda relucía cubierta de sudor, podía notar cada una de sus vértebras, contó 15 hasta que notó como el cuerpo elástico se levantaba lentamente. Las viejas pulseras desteñidas pendían de sus muñecas pálidas.
Los pantalones a penas se aferraban a los salientes de sus caderas, su cabello caía en una cascada brillante por su espalda y sus hombros.
- La compre para ti. Dijo en un tono de voz mucho más ronco que el usual. Esperaba tenerla lista para cuando llegaras. Se afirmó de la pared para no perder el equilibrio. Ahora sí parecía una ninfa, estaba cubierto de un sudor rojizo, brillante, emanaba un delicioso aroma que lo calmó, su respiración irregular era hipnotizante.
Había corrido todos los muebles a un lado para acomodar bien el trozo de gruesa alfombra justo donde estaba la anterior.
- ¿Has corrido el piano tu sólo? preguntó Theon evadiendo la obvia pregunta de donde había sacado una alfombra tan bonita a esas horas, Ellus asintió con la cabeza y sonrío, las mejillas encendidas le daban un aspecto encantador. Era encantador, jamás podría haberlo negado.
La pared también estaba limpia.
- ¿Cómo lo hiciste tan rápido? Dijo Theon sin decidirse a acercarse a el, se dirigió hacia el piano y le paso el dedo por la tapa, su uña recorrió suavemente la superficie sin producir ninguna marca.
- coca cola. Dijo Ellus haciendo de su sonrisa lo más radiante que podía, entonces Theon lo supo: Habían cosas a cerca de él que jamás sabría.
Al pensar en eso, todo su cuerpo se relajo.
“De todas maneras, hay cosas que es mejor no saber.”
Se acercó despacio, como si temiera que su rubio compañero escapara. Cuando estuvo a escasos centímetros de el, pudo ver como cerraba los ojos con pesadez.
Ellus estaba cansado y más hambriento de lo que jamás había estado en la vida. Se miró las manos, le temblaban y no las podía controlar.
Se sentía tan mal, como cuando, a los 13 años, tuvo que dormir en la calle. Era un humano sometido al frío y, agónico, creyó que moriría, pero la mañana había llegado para despertarle el cuerpo con su calor. Solo que ahora el sol no vendría en su rescate, moriría rodeado de frío y lleno de él.
Lo único que emanaba calor en ese momento era la chimenea, pero no quería las llamas abrasadoras, quería una calidez más sensata pero mucho más dañina, quería una tibieza que fuera suya y de nadie más, que a diferencia del fuego, le llegara al corazón, pero sin matarlo. Todavía.
Estaba pálido y sus labios se contraían, secos. Había perdido mucha sangre y había hecho un gran esfuerzo por darle en el gusto a Theon.
Necesitaba sangre.
Su voz sonó quejumbrosa cuando al fin se abrió paso por su garganta, seca como la arena.
- Theon... gimió. El vampiro frente a el, exclamó de inmediato:
- lo sé. Fue hacia él y lo abrazó.
Theon lo había estado observando conteniendo el aliento. ¿Cómo dejar a esa creatura encantadora?, ¿En qué momento se le ocurrió pensar que ya no lo amaba?, quizás solo debía dejarlo solo por un tiempo, para que se acomodaran las ideas, pero ¿abandonarlo definitivamente? ¿Es que estaba loco o qué?. Ellus no tenia la culpa de sus inseguridades ni de su mal humor y no tenia por que sufrir cada vez que el se sentía descontento con su vida.
De repente, Theon sintió una punzada de ternura hacia el joven entre sus brazos, una ternura que creía perdida, la necesidad de besarlo que había sentido la primera vez que lo vio, una fuerza involuntaria lo obligo a avanzar.
Lo abrazo, lo rodeo con sus brazos inmortales entre los cuales el rubio se sentía seguro y protegido, sintiendo como Ellus se recargaba en el con todo su peso, que no era mucho. Quizás era un estúpido con instintos suicidas, pero en ese momento sentía más amor por el que lo que había sentido en toda su vida por cualquier otra cosa.
Todo desapareció, la idea de Ellus como un obstáculo en su vida, le pareció absurda, él podía controlarlo, podía manejarlo y acallar de vez en cuando sus instintos destructivos, no había necesidad de dejar de sentir esa piel de crema y esa personalidad fuerte chocando con la suya solo por que, a veces, la vida le ganaba y quería ponerle un dramático fínnale.
Seria amable con el, como antes. Lo escucharía y lo acompañaría. Sí Ellus cambiaba de alguna manera, sí salía de su depresión permanente, se quedaría junto a él, si no lo hacia… si no lo hacia las cosas serian mucho más difíciles, pero decidió que no podía dejarlo.
Por un segundo, se odió por cambiar de parecer, ya tenia decidido que avanzar sin mirar atrás era la única manera de lidiar con su situación, pero sus verdaderos deseos parecían ir en una dirección diferente a la que tomaba su racionalidad.
“Así son las cosas cuando se involucran sentimientos, lo que creemos verdad no lo es, jamás“. Pensó Theon sin dejar de sentir culpa.
Se había mentido a si mismo diciéndose una y otra vez que ellus era una carga para el en todo sentido, cuando en realidad, era libre de irse cuando y a donde quisiera, solo tenia que abrir la puerta, sin embargo ahí estaba y ahí se iba a quedar, ¿Por qué? No lo sabía.
Estaba confundido y profundamente cabreado por algunos sentimientos que no podía controlar ni racionalizar de manera correcta.
Theon no lo sabia en ese momento, pero lo que sentía es muy común entre los vampiros, un tipo de desenfoque que produce cuando el inconciente sabe que tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que quieras y el poder para que nadie se atreva a detenerte. Sin embargo, tu parte mortal aun batalla por un poco de la lógica que dice que todo en la vida tiene un final. Por que absolutamente todo en la vida tiene un final.
Y Ellus y el ya lo aprenderían tarde o temprano, por las buenas o por las malas.
PS: Y nos vamos acercando al final, creo que este es el penultimo capitulo pero en una de esas no, en verdad no lo se.
Dejen comentarios. cada vez que leen y no comentan mis gatos matan un pajarito asi que ya lo saben, si quieren un mundo sin pajaritos, alla ustedes.
La sangre ingerida ya se había diseminado por su cuerpo, calentándole la piel.
Sintió en la capa superior y más sensible de su dermis, como el ambiente se había vuelto fresco y eléctrico, cosa que antes habría pasado desapercibida para él, debido al frío natural de su cuerpo.
Bendita magia la que obraba en el en esos momentos.
Llovería pronto, pero la humedad no lo molestaba, ni el frío del invierno. Era un frío limpio y vivificante, que le despertaba la conciencia de donde estaba y que estaba haciendo, lo mantenía al acecho, sutilmente despierto incluso en las inmóviles horas diurnas.
Theon había nacido durante un invierno particularmente frío y desde siempre le había gustado ese clima, le daba la sensación de que el mundo era un lugar pequeño, cubierto de niebla, íntimo y suyo.
No podían arrebatarle las horas de nevada o de lluvia y no podían evitar que llegara el invierno, así que se convirtió en la única constante en su vida que lo hacia realmente feliz y que nadie podía alterar, por más que quisieran.
Cuando vivía, la llegada del invierno significaba meterse en la cama con un buen libro, la calefacción a tope, una pequeña botella de ron y galletas de brandy, con las Variaciones Goldberg sonando a todo volumen a través de su reproductor de mp3 mientras la humanidad entera se mojaba hasta el alma tratando de cruzar la ciudad para llegar a sus trabajos.
Ahora, su nueva naturaleza le obligaba a buscar los placeres de la temporada (y en general, de su vida) en otras cosas. Pero nada se asemejaba a la simple sensación de acurrucarse junto a la ventana, a ver y escuchar la tenue lluvia caer sobre el mundo.
¿Qué significa el paso de las estaciones para un vampiro, de todas maneras? Quizás debería comenzar a re-definir cada uno de los aspectos de su vida, en cuyo caso, esa manera de medir el tiempo sería lo último que le preocuparía.
Ya estaba enfrente de la casa, debía volver a la realidad y prepararse para que la oscuridad entrara de nuevo en su vida. Miró hacia el parque frente a la casa.
“Que fácil sería seguir de largo.”
Suspiró y abrió la puerta.
En cuanto entró, la luz artificial lo cegó por un momento.
Cada lámpara estaba encendida como si fuera pleno día, la calefacción había logrado templar el ambiente e incluso una suave melodía sonaba desde algún lugar.
Sintió como se le calentaba el cuerpo con la energía de las bombillas, cerró los ojos sonriendo. Por un momento, recordó por qué amaba cada rincón de ese lugar: por que lo había decorado a su gusto. Se sentía feliz de estar ahí, todo era como debía ser y estaba donde debía estar…
Bueno, todo menos su manchada alfombra nueva y su pared arruinada y el cerebro de Ellus… se pregunto que tanto lo afectaría esa perdida de masa encefálica, si en verdad algo así podía afectar a los de su especie.
Abrió la puerta de la biblioteca esperando encontrárselo en el mismo lugar donde lo había dejado o tratando de matarse nuevamente. Quizás quemado a lo bonzo en medio de la habitación, o colgando de una viga, como lo había encontrado días atrás, o con las venas abiertas como canales carmesí recorriendo el suelo de parquet desnudo.
Le dio hambre de nuevo, pero el hambre que le despertaba Ellus era diferente a la usual.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, vio a Ellus de rodillas sobre una alfombra color granate con bordados dorados y plata. Era nueva, olía a telas antiguas, a incienso y tenia un leve aroma a vino.
El rubio levanto la cabeza y lo miro con sorpresa “¿Qué clase de vampiro es?, ni si quiera escuchó mis pasos” pensó Theon “Si, claro, miren quien habla, el del instinto infalible”, le regaño otra voz en su cabeza. Frunció el ceño.
Ellus lo miraba hacia arriba, sus ojos se veían más grandes, más ansiosos que nunca, no llevaba su polera negra y estaba agitado. Podía oír su poderoso corazón latir, emitiendo leves vibraciones que parecían hacer eco en su propio cuerpo.
La curva de su espalda relucía cubierta de sudor, podía notar cada una de sus vértebras, contó 15 hasta que notó como el cuerpo elástico se levantaba lentamente. Las viejas pulseras desteñidas pendían de sus muñecas pálidas.
Los pantalones a penas se aferraban a los salientes de sus caderas, su cabello caía en una cascada brillante por su espalda y sus hombros.
- La compre para ti. Dijo en un tono de voz mucho más ronco que el usual. Esperaba tenerla lista para cuando llegaras. Se afirmó de la pared para no perder el equilibrio. Ahora sí parecía una ninfa, estaba cubierto de un sudor rojizo, brillante, emanaba un delicioso aroma que lo calmó, su respiración irregular era hipnotizante.
Había corrido todos los muebles a un lado para acomodar bien el trozo de gruesa alfombra justo donde estaba la anterior.
- ¿Has corrido el piano tu sólo? preguntó Theon evadiendo la obvia pregunta de donde había sacado una alfombra tan bonita a esas horas, Ellus asintió con la cabeza y sonrío, las mejillas encendidas le daban un aspecto encantador. Era encantador, jamás podría haberlo negado.
La pared también estaba limpia.
- ¿Cómo lo hiciste tan rápido? Dijo Theon sin decidirse a acercarse a el, se dirigió hacia el piano y le paso el dedo por la tapa, su uña recorrió suavemente la superficie sin producir ninguna marca.
- coca cola. Dijo Ellus haciendo de su sonrisa lo más radiante que podía, entonces Theon lo supo: Habían cosas a cerca de él que jamás sabría.
Al pensar en eso, todo su cuerpo se relajo.
“De todas maneras, hay cosas que es mejor no saber.”
Se acercó despacio, como si temiera que su rubio compañero escapara. Cuando estuvo a escasos centímetros de el, pudo ver como cerraba los ojos con pesadez.
Ellus estaba cansado y más hambriento de lo que jamás había estado en la vida. Se miró las manos, le temblaban y no las podía controlar.
Se sentía tan mal, como cuando, a los 13 años, tuvo que dormir en la calle. Era un humano sometido al frío y, agónico, creyó que moriría, pero la mañana había llegado para despertarle el cuerpo con su calor. Solo que ahora el sol no vendría en su rescate, moriría rodeado de frío y lleno de él.
Lo único que emanaba calor en ese momento era la chimenea, pero no quería las llamas abrasadoras, quería una calidez más sensata pero mucho más dañina, quería una tibieza que fuera suya y de nadie más, que a diferencia del fuego, le llegara al corazón, pero sin matarlo. Todavía.
Estaba pálido y sus labios se contraían, secos. Había perdido mucha sangre y había hecho un gran esfuerzo por darle en el gusto a Theon.
Necesitaba sangre.
Su voz sonó quejumbrosa cuando al fin se abrió paso por su garganta, seca como la arena.
- Theon... gimió. El vampiro frente a el, exclamó de inmediato:
- lo sé. Fue hacia él y lo abrazó.
Theon lo había estado observando conteniendo el aliento. ¿Cómo dejar a esa creatura encantadora?, ¿En qué momento se le ocurrió pensar que ya no lo amaba?, quizás solo debía dejarlo solo por un tiempo, para que se acomodaran las ideas, pero ¿abandonarlo definitivamente? ¿Es que estaba loco o qué?. Ellus no tenia la culpa de sus inseguridades ni de su mal humor y no tenia por que sufrir cada vez que el se sentía descontento con su vida.
De repente, Theon sintió una punzada de ternura hacia el joven entre sus brazos, una ternura que creía perdida, la necesidad de besarlo que había sentido la primera vez que lo vio, una fuerza involuntaria lo obligo a avanzar.
Lo abrazo, lo rodeo con sus brazos inmortales entre los cuales el rubio se sentía seguro y protegido, sintiendo como Ellus se recargaba en el con todo su peso, que no era mucho. Quizás era un estúpido con instintos suicidas, pero en ese momento sentía más amor por el que lo que había sentido en toda su vida por cualquier otra cosa.
Todo desapareció, la idea de Ellus como un obstáculo en su vida, le pareció absurda, él podía controlarlo, podía manejarlo y acallar de vez en cuando sus instintos destructivos, no había necesidad de dejar de sentir esa piel de crema y esa personalidad fuerte chocando con la suya solo por que, a veces, la vida le ganaba y quería ponerle un dramático fínnale.
Seria amable con el, como antes. Lo escucharía y lo acompañaría. Sí Ellus cambiaba de alguna manera, sí salía de su depresión permanente, se quedaría junto a él, si no lo hacia… si no lo hacia las cosas serian mucho más difíciles, pero decidió que no podía dejarlo.
Por un segundo, se odió por cambiar de parecer, ya tenia decidido que avanzar sin mirar atrás era la única manera de lidiar con su situación, pero sus verdaderos deseos parecían ir en una dirección diferente a la que tomaba su racionalidad.
“Así son las cosas cuando se involucran sentimientos, lo que creemos verdad no lo es, jamás“. Pensó Theon sin dejar de sentir culpa.
Se había mentido a si mismo diciéndose una y otra vez que ellus era una carga para el en todo sentido, cuando en realidad, era libre de irse cuando y a donde quisiera, solo tenia que abrir la puerta, sin embargo ahí estaba y ahí se iba a quedar, ¿Por qué? No lo sabía.
Estaba confundido y profundamente cabreado por algunos sentimientos que no podía controlar ni racionalizar de manera correcta.
Theon no lo sabia en ese momento, pero lo que sentía es muy común entre los vampiros, un tipo de desenfoque que produce cuando el inconciente sabe que tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que quieras y el poder para que nadie se atreva a detenerte. Sin embargo, tu parte mortal aun batalla por un poco de la lógica que dice que todo en la vida tiene un final. Por que absolutamente todo en la vida tiene un final.
Y Ellus y el ya lo aprenderían tarde o temprano, por las buenas o por las malas.
PS: Y nos vamos acercando al final, creo que este es el penultimo capitulo pero en una de esas no, en verdad no lo se.
Dejen comentarios. cada vez que leen y no comentan mis gatos matan un pajarito asi que ya lo saben, si quieren un mundo sin pajaritos, alla ustedes.
domingo, 23 de mayo de 2010
01_ Musica _
(((paréntesis para una opinion)))
El viernes pasado, rechace una suculenta invitación para asistir a la fiesta de aniversario de los 113 años de Drácula (de la novela, vamos, no del conde que ese ya tendrá más) y dediqué ese tiempo a pasearme por la urbe a eso de las 9 de la noche.
Si te tocó la suerte (ya sea buena o mala), de vivir en Santiago, sabrás que no tiene muchas cosas que ofrecer, a menos, claro, que te gusten las películas pirateadas de 3 por mil pesos o que te choquen hordas de familias mal alimentadas de camino al Burger.
No se qué pretendía mi sentido de poco apego a la vida, al hacerme caminar a esas horas desde la Alameda hasta Mapocho. Pero ahí estaba yo, con mis audífonos bien puestos sobre mis frías orejitas, escuchando Carnival of rust de Poets of the fall (que, dicho sea de paso, es uno de mis "recientes" descubrimientos a raíz de mi Finlandia-manía, ains, cada vez me gusta más ese país) y, aun sobre la poderosa voz de Marko Saaresto, escuche lo que parecía ser un cello.
Como buena fanática de Apocalyptica, me tire de cabeza a ver de donde procedía tan melodioso sonido.
Pues bien, sÍ que tengo bien entrenados los sentidos gracias a Eicca, Pertu y compañía, por que sí se trataba de un cello y no solo eso, si no de tres violines y un payaso, si, señores, un payaso.
Estaban en la bajada de una estación del metro, con el maletín de uno de los violines abierto a la caridad de las personas.
No hacia frío, eras las horas previas a una lluvia que duraría toda la noche, pero aún no caía ni una gota. La gente estaba celebrando el día de las Glorias Navales saliendo a ver escaparates y en medio estaba yo, temiendo por mi vida al ver las calles tan desocupadas cuando, de pronto y sin aviso, me encuentro con estas maravillas.
Por un momento demaciado breve (por que ya estaban terminando cuando llegué), disfrute de el movimiento al unísono de esos cuerpos y de esas almas musicales que levantaban la vista de vez en cuando para ver a quienes los estabamos observando, pulsando las cuerdas correctas, moviendo los arcos, eran pura harmonia, destilaban una placida aura que hizo que, por un momento, me olvidara donde estaba.
¿Envidia? Si. Y no de la sana (que no creo que exista). Antiguamente Lizzy habría pensado en tirarles algo y creo que alguna vez hice un comentario a cerca de un muchacho que tocaba el violín en la galería de arte del Museo Precolombino "Le robo el maletín y no me alcanza ni Dios".
Pero la Lizzy de hoy es considerablemente más civilizada a la de esos tiempos, cuando aun no descubría lo maravilloso que puede ser apreciar el talento de los demás sin caer en las perniciosas garras del bichito de la envidia, que tampoco creo que sea envidia como tal, si no un totalmente comprensible "Quiero ser como el/ella T_T, maldición, ni si quiera se tocar la guitarra, me odio".
Tiempo ha pasado y la visión de ese grupo tocando bajo las luces naranjas, rodeados de personas, con una señora extraña (a quien, extrañamente, conozco) bailando al son de las melodías y el sonido de las monedas al caer una sobre otra y luego, los aplausos llenar el ambiente. Me hizo recordar la fallida aventura de Joshua Bell (famoso violinista) en una estación del metro de Washington donde, por mas hermosas que fueran sus interpretaciones, sólo contó con algunas monedas arrojadas al azar por entes que ni si quiera se imaginaban que ahí, AHÍ, A DOS PASOS, estaba tocando para ellos y de manera excepcional (pues al señor Bell suelen molestarle hasta los estornudos en sus conciertos) uno de los violinistas más reconocidos en el mundo.
Y ahí estaban ellos, tocando felices mientras guardábamos silencio y todos sonreíamos sin saber por que, un hombre que pasaba por ahí también se asomo y también se reía al verlos, jóvenes y talentosos, esa es la reacción que causan.
Luego que todos dejáramos una ofrenda monetaria en agradecimiento, guardaron sus cositas y se fueron.
Yo volví a ser atrapada por las garras de los “poetas” y retome mi camino pensando en lo deliciosas que son esas sorpresas que nos da a veces la vida, en que no importa lo deprimente que sea salir a una ciudad gris el lunes por la mañana. Hay alguien, en algún lugar, en alguna esquina, en alguna estación de metro o en alguna galería, que sabe hacer magia, que te cambia el animo con un par de notas y a cambio solo hay que dar una moneda (y ni si quiera eso por que, vergonzosamente, muchas personas disfrutan del show y después se van, vamos, el equivalente a un asalto a mano armada al talento de estos jóvenes músicos).
Solo hace falta salir a buscarlos, no importa la hora, no importa el día y tener la mente receptiva a los sonidos de la ciudad.
Lizzy
pd: pronto el próximo capítulo, a más tardar este viernes, lo prometo.
El viernes pasado, rechace una suculenta invitación para asistir a la fiesta de aniversario de los 113 años de Drácula (de la novela, vamos, no del conde que ese ya tendrá más) y dediqué ese tiempo a pasearme por la urbe a eso de las 9 de la noche.
Si te tocó la suerte (ya sea buena o mala), de vivir en Santiago, sabrás que no tiene muchas cosas que ofrecer, a menos, claro, que te gusten las películas pirateadas de 3 por mil pesos o que te choquen hordas de familias mal alimentadas de camino al Burger.
No se qué pretendía mi sentido de poco apego a la vida, al hacerme caminar a esas horas desde la Alameda hasta Mapocho. Pero ahí estaba yo, con mis audífonos bien puestos sobre mis frías orejitas, escuchando Carnival of rust de Poets of the fall (que, dicho sea de paso, es uno de mis "recientes" descubrimientos a raíz de mi Finlandia-manía, ains, cada vez me gusta más ese país) y, aun sobre la poderosa voz de Marko Saaresto, escuche lo que parecía ser un cello.
Como buena fanática de Apocalyptica, me tire de cabeza a ver de donde procedía tan melodioso sonido.
Pues bien, sÍ que tengo bien entrenados los sentidos gracias a Eicca, Pertu y compañía, por que sí se trataba de un cello y no solo eso, si no de tres violines y un payaso, si, señores, un payaso.
Estaban en la bajada de una estación del metro, con el maletín de uno de los violines abierto a la caridad de las personas.
No hacia frío, eras las horas previas a una lluvia que duraría toda la noche, pero aún no caía ni una gota. La gente estaba celebrando el día de las Glorias Navales saliendo a ver escaparates y en medio estaba yo, temiendo por mi vida al ver las calles tan desocupadas cuando, de pronto y sin aviso, me encuentro con estas maravillas.
Por un momento demaciado breve (por que ya estaban terminando cuando llegué), disfrute de el movimiento al unísono de esos cuerpos y de esas almas musicales que levantaban la vista de vez en cuando para ver a quienes los estabamos observando, pulsando las cuerdas correctas, moviendo los arcos, eran pura harmonia, destilaban una placida aura que hizo que, por un momento, me olvidara donde estaba.
¿Envidia? Si. Y no de la sana (que no creo que exista). Antiguamente Lizzy habría pensado en tirarles algo y creo que alguna vez hice un comentario a cerca de un muchacho que tocaba el violín en la galería de arte del Museo Precolombino "Le robo el maletín y no me alcanza ni Dios".
Pero la Lizzy de hoy es considerablemente más civilizada a la de esos tiempos, cuando aun no descubría lo maravilloso que puede ser apreciar el talento de los demás sin caer en las perniciosas garras del bichito de la envidia, que tampoco creo que sea envidia como tal, si no un totalmente comprensible "Quiero ser como el/ella T_T, maldición, ni si quiera se tocar la guitarra, me odio".
Tiempo ha pasado y la visión de ese grupo tocando bajo las luces naranjas, rodeados de personas, con una señora extraña (a quien, extrañamente, conozco) bailando al son de las melodías y el sonido de las monedas al caer una sobre otra y luego, los aplausos llenar el ambiente. Me hizo recordar la fallida aventura de Joshua Bell (famoso violinista) en una estación del metro de Washington donde, por mas hermosas que fueran sus interpretaciones, sólo contó con algunas monedas arrojadas al azar por entes que ni si quiera se imaginaban que ahí, AHÍ, A DOS PASOS, estaba tocando para ellos y de manera excepcional (pues al señor Bell suelen molestarle hasta los estornudos en sus conciertos) uno de los violinistas más reconocidos en el mundo.
Y ahí estaban ellos, tocando felices mientras guardábamos silencio y todos sonreíamos sin saber por que, un hombre que pasaba por ahí también se asomo y también se reía al verlos, jóvenes y talentosos, esa es la reacción que causan.
Luego que todos dejáramos una ofrenda monetaria en agradecimiento, guardaron sus cositas y se fueron.
Yo volví a ser atrapada por las garras de los “poetas” y retome mi camino pensando en lo deliciosas que son esas sorpresas que nos da a veces la vida, en que no importa lo deprimente que sea salir a una ciudad gris el lunes por la mañana. Hay alguien, en algún lugar, en alguna esquina, en alguna estación de metro o en alguna galería, que sabe hacer magia, que te cambia el animo con un par de notas y a cambio solo hay que dar una moneda (y ni si quiera eso por que, vergonzosamente, muchas personas disfrutan del show y después se van, vamos, el equivalente a un asalto a mano armada al talento de estos jóvenes músicos).
Solo hace falta salir a buscarlos, no importa la hora, no importa el día y tener la mente receptiva a los sonidos de la ciudad.
Lizzy
pd: pronto el próximo capítulo, a más tardar este viernes, lo prometo.
martes, 4 de mayo de 2010
Bellas Melodias V
Theon se detuvo frente a una licorería.
El brillo del escaparate le animó el alma.
Pensó que ese debería ser su estado permanente, ni ansioso ni lúgubre, sino simplemente animado. “Del griego anima, viento”. Quizás sólo debería dedicarse a la vagancia, como la suave brisa costera de esa parte de la ciudad.
El brillo de las botellas lo distrajo, los vidrios de colores relucían como faroles, llamando a los sedientos ocupantes de una nave que ha estado a la deriva de la sobriedad por demasiado tiempo.
Todo le pareció diferente esa noche, interesante más bien, como si de la misma manera que la cercanía de la muerte embellecía a Ellus, a el lo llenara de una curiosidad renovada por la raza humana, contraria a su usual indignación y odio por sus antiguos congeneres.
El crujir de los envases de papas fritas, el aroma de la comida chatarra aun en las bocas de esas criaturas. Olían a drogas, a noche, a tintes baratos para el pelo, a música estridente, a encuentros furtivos entre los matorrales, a besos torpes pero apasionados, a abortos adolescentes y a mundos destruidos mucho antes de ser construidos si quiera.
Aquellos decadentes le hacían agua la boca.
Algunos se amontonaban contra la reja de una botillería (a esas horas era menos que inteligente atender como de costumbre) y alargaban sus brazos flacos y sus dedos de uñas sucias o pintadas de negro, sosteniendo pequeñas cantidades de dinero que habían logrado, a duras penas, reunir entre todos.
Theon vio a una muchachita de curvas generosas, cabello lacio, como plantas sin vida, ojos pequeños y labios desteñidos por el frío. Iba bien envuelta en una chaqueta demasiado apretada, que dividía en antiestéticos “rollitos“, la grasa acumulada en su cuerpo.
Apretaba un cigarro entre sus dedos amarillos, apestados de nicotina.
Daba pequeños saltitos impacientes por el frío y por las ansias enfermas de envenenarse con alcohol lo mas pronto posible.
El vampiro casi pudo sentir la sed en su boca pintada, como si fuera la propia, llenándolo de aquella sensación que conocía lo suficiente como para saber que no soportaría más.
Sintió un leve zumbido en los oídos, clara señal de deshidratación ¿Qué mas podía ser?, el conocía su cuerpo lo suficiente como para saberlo, era el sonido que se producía en su interior antes que se llenara todo de sangre. Tan lúdica como la clásica música de violines en una película de Hitchcock.
La miro de arriba abajo mientras caminaba hacia ella con lentitud, moviendo la cabeza de lado a lado, suavemente, tratando de traspasar la barrera de la simpleza que veían sus ojos.
Intentó leer los pensamientos de esa desafortunada, pero solo veía imágenes difusas y un vacío que se extendía más allá , como siempre que trataba de hacerlo.
Theon sabia que los vampiros poderosos podían penetrar en las mentes de los humanos sin esfuerzo y que para muchos era un acto casi involuntario.
Algunos de ellos se habían colado en su cabeza mientras era la mascota de su “pequeña pesadilla“ (que era como había apodado a quien lo convirtió) y jamás olvidaría esa sensación de completo abandono, de entrega, de creerse el ser mas feliz del planeta solo por que, en su cerebro, aquellos colmilludos tiraban de los desvencijados hilos de su cordura.
Si. Habían hecho y desecho con el. No poseía ningún recuerdo, idea o sentimiento que no les perteneciera, parecía que se alimentaban tanto de ellos como de su sangre.
Sabia que dominar la mente de los humanos era la demostración máxima de su poder y ansiaba hacerlo, pero por más que lo intentaba no podía.
Inocente, había creído que seria fácil irrumpir en esos cerebros atestados de alcohol y pornografía, pero se revelaron inesperadamente difíciles de vencer.
Y eso lo molestaba mucho.
Quizás era por que hace muy poco que había dejado de ser uno de ellos, estaba demasiado en contacto con su raza, sus miedos y emociones aún eran las suyas, no era propio que un humano leyera a otro humano.
Era inmortal, pero no se suponía que lo fuera y eso también lo enojaba, quería librarse cuanto antes de su humanidad, la consideraba como la piel de una serpiente que algún glorioso día debería mudar. Cuando se desprendiera completamente de su naturaleza tal vez ese mundo subliminal se abriría para el, hasta entonces, le tocaba matar de la única manera que sabia: encantándolos con su presencia.
Dejó ese problema para después, ya habían demasiadas cosas por las que sentirse molesto, algún día seria tan poderoso como aquel que lo convirtió, tanto, que podría jugar con sus mentes y sus vidas, quizás incluso llegara a dominar el mundo si usaba sus poderes con cuidado…
¿Estaba siendo demasiado vanidoso al pensar que podría hacerlo?, quizás, pero si un ser inmortal y eternamente joven no tiene derecho a pecar de vanidad entonces ¿Quién?
Pero también (y más seguramente) quizás, solo quería vengarse de lo que le habían hecho.
Por más que lo pensaba no podía ponerse en esa situación, pero en su mente siempre estaba la duda: ¿Sería capaz de engañar a alguien como lo habían hecho con el?, ya lo había hecho en varias oportunidades, pero jamás había llegado al punto de quitarles el libre albedrío, para el, habría sido la máxima aberración, respetaba la libertad de los demás en la medida que no interfiriera con la suya, y era de la firme creencia que tener a alguien dependiendo de ti, te hacia dependiente también en cierta medida.
A demás, amaba la confianza que depositaban en sus manos solo por ser como era y su apariencia le compensaba las dotes mentales aun no ganadas.
La chica seguía esperando a sus amigos.
Se le acerco, cuando sus ojos hicieron contacto le sonrío, le dijo un par de frases hechas con la voz en el tono más bajo que podía. Se la llevó.
Así era siempre.
No, a veces ni si quiera necesitaba hablar.
Siempre le sorprendió lo rápido que la gente bajaba la guardia frente a él solo por su apariencia, sabia que era encantador y guapo hasta decir basta (en realidad, ese detalle lo había aburrido hacia mucho tiempo), vivía en un mundo materialista y se aceptaba como un amante del lujo y la necesidad de cosas bellas era parte de su naturaleza. Aun así, el no era de esas personas a las que la belleza le encandilaba su manera de pensar, tenia las cosas claras, la mente fría, el corazón adormecido para las impresiones estéticas. Había logrado dominar en gran parte aquel sentimiento oscuro y a la vez gratificante que le llenaba el corazón cada vez que algo le gustaba. Ellus le había ayudado destruyendo su estilo de vida a base de limpiarse las manos en las cortinas y subirse con los zapatos puestos a la cama y al sofá.
Ellus.
Su rostro eterno le llego como una visión de otro mundo mientras, en medio de los matorrales de la plaza, desangraba a su frágil doncella.
Fue conciente de cada poro levantado por sus caricias, de cada beso salado con sabor a cigarros viejos, aliento de humo, cabello grasiento, maquillaje barato, sal y un regusto a carne. Mal gusto en todo.
No era una mala persona, pero era mortalmente estúpida.
Mientras los gemidos se iban apagando y sacaba casi con asco su mano de debajo de la chaqueta de la chica. Su mente divago hacia Ellus y deseo estar tan unido a el como a aquella mujer a la que acababa de matar. Pero no podía, no le desagradaba físicamente, la atracción seguía siendo tan fuerte como el primer día, pero había algo en su manera de ser que lo alejaba.
Llego a la conclusión que esperaba y temía: ya no lo amaba como antes y eso quería decir que tenia que dejarlo.
Ellus era un lastre que algún día terminaría descubriendo como matarse y el no pensaba morir tan pronto.
Debía dejarlo y cuanto antes mejor.
Se devolvió a la casa pensando en la mejor manera de hacerlo. Tenia cero tacto para tratar con las personas y ambos lo sabían, sabia que si eso se iba a acabar Theon lo dejaría a el y no al revés y que no seria bonito.
Repasó su historia juntos, deseando poder darle un mejor final a aquella relación tan especial, tan única. Era tan parecido a el y al mismo tiempo tan diferente que lo aterraba, le gustaba tenerlo cerca y apretarse contra su cuerpito esquelético, encajaban como dos piezas de puzzle, eran la concavidad y la convexión hechos persona y pensamiento, lo malo era que también habían diferencias irreconciliables y una de ellas eran esos intentos fallidos de asesinato que le ponían los nervios de punta.
Lo mejor de todo es que eran solo ellos dos y no habían terceras personas involucradas.
Jamás molestaban a nadie, si Theon quería leer toda la noche, Ellus encendía todas las luces de la casa y le hacia compañía, si Theon se sentía mal por haber tomado sangre contaminada (le había pasado un par de veces) Ellus ponía su música más relajante a todo volumen y lo hacia sentir inesperadamente bien, agradecido de tenerlo cerca. Si Ellus quería irrumpir en una escuela y robarse los libros de clases para liberar a los niños del yugo de la educación mediocre del país, ahí estaba Theon, sosteniéndole el saco, si Ellus quería dispararse en la cabeza, ahí estaba Theon poniendo el pecho.
Comenzó el viaje de regreso un poco más animado, al menos ya sabia lo que debía hacer. A demás, no era una despedida, eran inmortales, seguramente mas adelante volverían a encontrarse… si Ellus no conseguía antes borrar su problemática presencia del mundo.
PS: un capitulo corto, nada mas que decir, estoy mas concentrada en la segunda parte... XD si, hay segunda parte, pero el que no quiere leerla que no la lea XD
El brillo del escaparate le animó el alma.
Pensó que ese debería ser su estado permanente, ni ansioso ni lúgubre, sino simplemente animado. “Del griego anima, viento”. Quizás sólo debería dedicarse a la vagancia, como la suave brisa costera de esa parte de la ciudad.
El brillo de las botellas lo distrajo, los vidrios de colores relucían como faroles, llamando a los sedientos ocupantes de una nave que ha estado a la deriva de la sobriedad por demasiado tiempo.
Todo le pareció diferente esa noche, interesante más bien, como si de la misma manera que la cercanía de la muerte embellecía a Ellus, a el lo llenara de una curiosidad renovada por la raza humana, contraria a su usual indignación y odio por sus antiguos congeneres.
El crujir de los envases de papas fritas, el aroma de la comida chatarra aun en las bocas de esas criaturas. Olían a drogas, a noche, a tintes baratos para el pelo, a música estridente, a encuentros furtivos entre los matorrales, a besos torpes pero apasionados, a abortos adolescentes y a mundos destruidos mucho antes de ser construidos si quiera.
Aquellos decadentes le hacían agua la boca.
Algunos se amontonaban contra la reja de una botillería (a esas horas era menos que inteligente atender como de costumbre) y alargaban sus brazos flacos y sus dedos de uñas sucias o pintadas de negro, sosteniendo pequeñas cantidades de dinero que habían logrado, a duras penas, reunir entre todos.
Theon vio a una muchachita de curvas generosas, cabello lacio, como plantas sin vida, ojos pequeños y labios desteñidos por el frío. Iba bien envuelta en una chaqueta demasiado apretada, que dividía en antiestéticos “rollitos“, la grasa acumulada en su cuerpo.
Apretaba un cigarro entre sus dedos amarillos, apestados de nicotina.
Daba pequeños saltitos impacientes por el frío y por las ansias enfermas de envenenarse con alcohol lo mas pronto posible.
El vampiro casi pudo sentir la sed en su boca pintada, como si fuera la propia, llenándolo de aquella sensación que conocía lo suficiente como para saber que no soportaría más.
Sintió un leve zumbido en los oídos, clara señal de deshidratación ¿Qué mas podía ser?, el conocía su cuerpo lo suficiente como para saberlo, era el sonido que se producía en su interior antes que se llenara todo de sangre. Tan lúdica como la clásica música de violines en una película de Hitchcock.
La miro de arriba abajo mientras caminaba hacia ella con lentitud, moviendo la cabeza de lado a lado, suavemente, tratando de traspasar la barrera de la simpleza que veían sus ojos.
Intentó leer los pensamientos de esa desafortunada, pero solo veía imágenes difusas y un vacío que se extendía más allá , como siempre que trataba de hacerlo.
Theon sabia que los vampiros poderosos podían penetrar en las mentes de los humanos sin esfuerzo y que para muchos era un acto casi involuntario.
Algunos de ellos se habían colado en su cabeza mientras era la mascota de su “pequeña pesadilla“ (que era como había apodado a quien lo convirtió) y jamás olvidaría esa sensación de completo abandono, de entrega, de creerse el ser mas feliz del planeta solo por que, en su cerebro, aquellos colmilludos tiraban de los desvencijados hilos de su cordura.
Si. Habían hecho y desecho con el. No poseía ningún recuerdo, idea o sentimiento que no les perteneciera, parecía que se alimentaban tanto de ellos como de su sangre.
Sabia que dominar la mente de los humanos era la demostración máxima de su poder y ansiaba hacerlo, pero por más que lo intentaba no podía.
Inocente, había creído que seria fácil irrumpir en esos cerebros atestados de alcohol y pornografía, pero se revelaron inesperadamente difíciles de vencer.
Y eso lo molestaba mucho.
Quizás era por que hace muy poco que había dejado de ser uno de ellos, estaba demasiado en contacto con su raza, sus miedos y emociones aún eran las suyas, no era propio que un humano leyera a otro humano.
Era inmortal, pero no se suponía que lo fuera y eso también lo enojaba, quería librarse cuanto antes de su humanidad, la consideraba como la piel de una serpiente que algún glorioso día debería mudar. Cuando se desprendiera completamente de su naturaleza tal vez ese mundo subliminal se abriría para el, hasta entonces, le tocaba matar de la única manera que sabia: encantándolos con su presencia.
Dejó ese problema para después, ya habían demasiadas cosas por las que sentirse molesto, algún día seria tan poderoso como aquel que lo convirtió, tanto, que podría jugar con sus mentes y sus vidas, quizás incluso llegara a dominar el mundo si usaba sus poderes con cuidado…
¿Estaba siendo demasiado vanidoso al pensar que podría hacerlo?, quizás, pero si un ser inmortal y eternamente joven no tiene derecho a pecar de vanidad entonces ¿Quién?
Pero también (y más seguramente) quizás, solo quería vengarse de lo que le habían hecho.
Por más que lo pensaba no podía ponerse en esa situación, pero en su mente siempre estaba la duda: ¿Sería capaz de engañar a alguien como lo habían hecho con el?, ya lo había hecho en varias oportunidades, pero jamás había llegado al punto de quitarles el libre albedrío, para el, habría sido la máxima aberración, respetaba la libertad de los demás en la medida que no interfiriera con la suya, y era de la firme creencia que tener a alguien dependiendo de ti, te hacia dependiente también en cierta medida.
A demás, amaba la confianza que depositaban en sus manos solo por ser como era y su apariencia le compensaba las dotes mentales aun no ganadas.
La chica seguía esperando a sus amigos.
Se le acerco, cuando sus ojos hicieron contacto le sonrío, le dijo un par de frases hechas con la voz en el tono más bajo que podía. Se la llevó.
Así era siempre.
No, a veces ni si quiera necesitaba hablar.
Siempre le sorprendió lo rápido que la gente bajaba la guardia frente a él solo por su apariencia, sabia que era encantador y guapo hasta decir basta (en realidad, ese detalle lo había aburrido hacia mucho tiempo), vivía en un mundo materialista y se aceptaba como un amante del lujo y la necesidad de cosas bellas era parte de su naturaleza. Aun así, el no era de esas personas a las que la belleza le encandilaba su manera de pensar, tenia las cosas claras, la mente fría, el corazón adormecido para las impresiones estéticas. Había logrado dominar en gran parte aquel sentimiento oscuro y a la vez gratificante que le llenaba el corazón cada vez que algo le gustaba. Ellus le había ayudado destruyendo su estilo de vida a base de limpiarse las manos en las cortinas y subirse con los zapatos puestos a la cama y al sofá.
Ellus.
Su rostro eterno le llego como una visión de otro mundo mientras, en medio de los matorrales de la plaza, desangraba a su frágil doncella.
Fue conciente de cada poro levantado por sus caricias, de cada beso salado con sabor a cigarros viejos, aliento de humo, cabello grasiento, maquillaje barato, sal y un regusto a carne. Mal gusto en todo.
No era una mala persona, pero era mortalmente estúpida.
Mientras los gemidos se iban apagando y sacaba casi con asco su mano de debajo de la chaqueta de la chica. Su mente divago hacia Ellus y deseo estar tan unido a el como a aquella mujer a la que acababa de matar. Pero no podía, no le desagradaba físicamente, la atracción seguía siendo tan fuerte como el primer día, pero había algo en su manera de ser que lo alejaba.
Llego a la conclusión que esperaba y temía: ya no lo amaba como antes y eso quería decir que tenia que dejarlo.
Ellus era un lastre que algún día terminaría descubriendo como matarse y el no pensaba morir tan pronto.
Debía dejarlo y cuanto antes mejor.
Se devolvió a la casa pensando en la mejor manera de hacerlo. Tenia cero tacto para tratar con las personas y ambos lo sabían, sabia que si eso se iba a acabar Theon lo dejaría a el y no al revés y que no seria bonito.
Repasó su historia juntos, deseando poder darle un mejor final a aquella relación tan especial, tan única. Era tan parecido a el y al mismo tiempo tan diferente que lo aterraba, le gustaba tenerlo cerca y apretarse contra su cuerpito esquelético, encajaban como dos piezas de puzzle, eran la concavidad y la convexión hechos persona y pensamiento, lo malo era que también habían diferencias irreconciliables y una de ellas eran esos intentos fallidos de asesinato que le ponían los nervios de punta.
Lo mejor de todo es que eran solo ellos dos y no habían terceras personas involucradas.
Jamás molestaban a nadie, si Theon quería leer toda la noche, Ellus encendía todas las luces de la casa y le hacia compañía, si Theon se sentía mal por haber tomado sangre contaminada (le había pasado un par de veces) Ellus ponía su música más relajante a todo volumen y lo hacia sentir inesperadamente bien, agradecido de tenerlo cerca. Si Ellus quería irrumpir en una escuela y robarse los libros de clases para liberar a los niños del yugo de la educación mediocre del país, ahí estaba Theon, sosteniéndole el saco, si Ellus quería dispararse en la cabeza, ahí estaba Theon poniendo el pecho.
Comenzó el viaje de regreso un poco más animado, al menos ya sabia lo que debía hacer. A demás, no era una despedida, eran inmortales, seguramente mas adelante volverían a encontrarse… si Ellus no conseguía antes borrar su problemática presencia del mundo.
PS: un capitulo corto, nada mas que decir, estoy mas concentrada en la segunda parte... XD si, hay segunda parte, pero el que no quiere leerla que no la lea XD
lunes, 12 de abril de 2010
Bellas Melodias IV
Ellus seguía mirando la alfombra con expresión culpable.
Su mente vagaba en las diferentes maneras de pedir perdón, preparándose para ser humilde, una vez mas, en su larga historia juntos. Alistando sus cuerdas vocales para sonar tristes por algo que no le causaba el más mínimo sufrimiento. Para mentir por la paz, como mil veces antes. Pero, a pesar de todo, sus ojos azules se veían terriblemente fríos.
En su, últimamente, calmada manera de ver las cosas, había perdido la paciencia. Era ridículo sentir pesar por una alfombra, UNA ALFOMBRA, POR DIOS, una cosa inerte, un objeto inanimado, un trozo de tela que bien podía quemarse en cualquier momento y que tarde o temprano acabaría por arruinarse, desgastarse y desaparecer.
Y se rehusaba a pensar en la ropa o en la pared.
Su mente ardía de rabia, pero por más que lo intentaba, las palabras ya no salían con la misma pasión, ¿había perdido el toque, quizás?, ¿es que ya nada le importaba tanto como antes?, ¿su espíritu rebelde había muerto?, ah, ya nada tenia mucho sentido de todas maneras, Theon jamás entendió en el pasado y jamás lo haría. Pero era parte de el, por esos pequeños detalles era por los que Ellus lo amaba tanto, por esas cosas que le hacían hervir la sangre, por los errores de programación con los que venia, por su naturaleza hedonista y cómoda…
Sabia que para Theon, la vida misma se resumía en cuantas cosas tienes (o la filosofía del “tanto tienes, tanto vales“ que llenaba a Ellus de indignación), pero también sabia que no valía la pena pensar más en lo que acababa de hacer como si se tratara de un crimen, las cosas materiales no deben afectar los sentimientos de las personas. O no deberían, eso lo tenia claro.
Hacia algunos años, cuando aún eran humanos y en cuanto Theon se dio cuenta la magnifica relación que tenían, trato de hacer una mejor persona de él, a su manera: cambiándolo por fuera.
Lleno sus armarios con ropa cara y fina. Ellus jamás había lucido tan bien y nunca se había sentido tan calmado, como si el tacto de las telas sobre su piel desnuda fueran una droga que le embotara los sentidos. Se pasaba horas mirando como la seda atrapaba la luz en miles de destellos tornasolados, dudando en dejarse arrastrar por las comodidades, sintiendo como Theon masajeaba sus músculos cansados, como peinaba su cabello rubio y lo cortaba con cuidado. Theon jugaba con el como con una muñeca. Pero no podía quejarse, en verdad no quería quejarse y eso lo confundía un poco.
En sabanas de seda descansaba, mientras su cabello olía a frutilla y su piel a canela (los aromas preferidos de Theon, personalmente a el le gustaba mas la vainilla, durante su vida mortal podía reconocerla donde fuera, postres o perfumes) sintiendo la seda, el lino y el satén envolverlo y rodearlo como dentro de una nube, las hábiles manos de Theon vestirlo y desvestirlo, buscando que ropa le iba mejor a su claro tono de piel, que chaqueta combinaba más con sus ojos, decidiendo si debía llevar guantes o las manos desnudas y un anillo.
Pero con el paso del tiempo, Ellus sintió la necesidad de regresar a su antigua vida.
Poco a poco fue despojándose de la imagen que Theon había armado en el, volviendo a las sudaderas grandes (aunque ahora nuevas, limpias y con emblemas de sus grupos favoritos) a sus jeans gastados, a sus zapatillas de cordones largos y de distintos colores, a los suspensores y a las pulseras hechas por el mismo y a las aventuras nocturnas, a destrozar el enrejado de alguna fabrica o rayar alguna pared por puro gusto y afán idealista.
El experimento había fracasado. Pero no supuso algo grave para ninguno de los dos. Obviamente Theon estaba decepcionado, le encantaba la elegancia del cuerpo de Ellus, de sus músculos elásticos y delgados, de sus dedos blancos de uñas delicadas (normalmente pintadas de negro), de su cabello rubio, fino y suave, como hilos de oro y no entendía por qué parecía no gustarle verse bien, estar tranquilo. Solía reírse de esas diferencias y adoraba su personalidad extraña, pero en el fondo no le veía la gracia a tener los dedos siempre ásperos, a las cicatrices que guerras ficticias contra el estado y el régimen establecido. Ellus era el único soldado en una guerra de ideales que jamás podría ganar y que volvían a su cuerpo y a su mente un constante campo de guerra.
Mientras estaban tendidos en la cama, desnudos y adormecidos, antes o después de sus tórridos episodios pasionales, Theon besaba la cicatriz del brazo de Ellus, aquella que se hizo a los 17 años, cuando se rompió un brazo escalando una pared, luego tomaba sus manos siempre tibias y acariciaba sus dedos ásperos y manchados de aerosol, limpiándolos, tratando de volverlos suaves.
Ellus ronroneaba de gusto, medio dormido, mientras Theon se untaba algo de crema en las manos y recorría su cuerpo hiperactivo destensándole cada músculo, volviéndolo un animalito entregado a sus hábiles masajes.
Pero la naturaleza de Ellus había hablado y expresado claramente sus deseos de regresar a los orígenes de la extraña moda que seguía el rubio. Si es que seguía una.
Al final, solo le quedo resignarse. Y busco argumentos sólidos para convencerse que no había nada más que pudiera hacer. “¿para que cambiar algo único?” Fue el pensamiento ganador y desde entonces, se limito a contemplar las andanzas y desventuras de la vida de Ellus esperando con mucha paciencia.
Pero ahora ya no eran niños humanos, eran vampiros, no podía deprimirse por las mismas estupideces ¿o si?.
Theon desvío la mirada del cielo al que había acudido para pedir paciencia y miro a Ellus. De inmediato se dio cuenta de lo que pasaba por esa cabeza rubia. Cuantas veces había visto esa expresión antes.
A Ellus le importaba una mierda destruir la propiedad privada si con eso creía que enviaba un mensaje y aunque pusiera su expresión más culpable, se sentía satisfecho, en verdad creía que hacía lo correcto.
"Maldito niño egoísta" pensó. Pero lo cierto es que Ellus jamás había sido egoísta, tenia que aceptarlo. Ya por demasiado tiempo había sido fiel a los mismos principios en los que creía cuando se conocieron: “La vida es maravillosa, el mundo es un lugar bueno, pero siempre puede ser mucho mejor. Dirijámonos hacia la perfección haciendo volar unos cuantos edificios de gobierno y escribiendo en las paredes frases que despierten a las personas de sus pensamientos conformistas“.
Theon sintió un repentino dolor de cabeza al recordar todo eso.
Pero Theon sí había sido egoísta y lo sabia… ah, que bien embonaban sus personalidades y sus gustos, casi tan bien como sus cuerpos… una lastima que estuviera tan deprimido, hacían una buena pareja.
Si ahora el animo de Ellus estaba así era, simplemente, por que se había dado cuenta de lo equivocado que estaba en su visión de la vida y en que él podía hacer algo para cambiar al mundo, se había dado cuenta que, como inmortal, le esperaba una eternidad de ver caer al mundo en aquel abismo de estupidez y mediocridad del que ya era muy conciente siendo humano y eso le dolía, lo hería más que las balas, más que el sol y más que los gruesos nudos alrededor de su hermoso cuello.
No, Theon no podía culparlo, no cuando él mismo se había encargado de que abriera los ojos, de convertir al dulce y agresivo terrorista en un asustadizo corderito… al final el dicho no era cierto: sí puedes hacer de un tigre, un gatito, solo acariciándolo.
Le había mostrado que la gente que llega más lejos es la que más cosas consigue, las que escalan en la vida sin importarles nada, las que aplastan al prójimo con sus pedantes personalidades o los que están emparentados en alguna medida con algún personaje con esas características.
Que el rico y poderoso siempre pisotea al que esta debajo, que algunas personas nacieron para hacer lo que nadie más quiere hacer, que los humanos son desechables, reemplazables y que el mundo esta hecho para recordárnoslo: lo que tu no hagas, alguien más lo puede hacer. Nadie es indispensable y, quizás, no somos tan únicos y especiales como nos hicieron creer desde niños.
Pero ni si quiera por el hecho de haber querido llevárselo con él a las profundas aguas de la muerte podía asegurar que Ellus fuera un egoísta. Estaba decidiendo por él por que pensaba que era lo mejor y lo más razonable, lo que cualquier persona en su sano juicio querría, pensó que era lo que Theon quería…
- Me voy a comer. dijo Theon furioso por no poder, si quiera, culparlo de las locuras que hacia.
Ellus avanzo lentamente hacia el, hasta ponerse peligrosamente cerca, Theon se alejó un poco, podía tener un cuchillo o algo escondido por ahí, ya no confiaba tanto en sus instintos.
- Te acompaño. Le dijo el rubio sonriendo ¿Por qué siempre sonreía cuando menos se lo esperaba? Y ¿Por qué demonios lo había dejado ponerse tan cerca?.
Giro hacia él sus impresionantes ojos verdes, que eran tan brillantes como cuando era un mortal, hipnóticos, como un trozo de jade que brilla desde el interior.
Cualquiera se habría muerto de miedo ahí mismo, o por lo menos lo habría pensado dos veces antes de insistir, pero no Ellus. Siguió sonriendo y le puso el antebrazo en el hombro, ladeo la cabeza un poco, su cabello rubio estaba salpicado de gotas rojas, brillantes y secas. Theon se imagino que eran rubíes, que por un momento podía sumergir a Ellus en los abismos de la banalidad que a el tanto le gustaba, quería tomarlo y vestirlo de nuevo con ropas caras, limpiar su rostro y su cabello y adornarlo con algunas joyas. Eso quería, que Ellus volviera a ser el adorno que había sido hasta hacia un par de años, inerte y bello, calmado y siempre estéticamente correcto. Ya no quería que vistiera esas ropas que había rescatado de sus días de juventud.
Quería que se viera bien para que se sintiera bien.
Pero en el fondo sabia que el cambio debía ir mucho mas allá de eso.
- No. Dijo un poco triste. tu tienes que limpiar esto y luego date un baño, apestas y estas cubierto de sangre.
- Creí que te gustaba cuando estaba cubierto de sangre. dijo Ellus pasándose la lengua por los labios. Por un momento Theon no logro hablar, perdido en esos ojos color cielo, en la curva de su labio superior al ser acariciada con la lengua, los dientes delanteros asomándose un poco, blancos, perfectos, pudo ver algo de sangre en la comisura de su boca y en su cuello, la delicada presión de los dedos sobre su hombro, el calor que emanaba de su cuerpo, la palidez de sus mejillas, la inclinación de su cabeza.
Ellus se movió hacia adelante como si quisiera escuchar alguna respuesta de parte de Theon, sin separar sus miradas. Podía sentir el aroma de su amante y el suyo propio bailando a su alrededor, desprendiéndose con cada movimiento. Todo se estaba llenando de una carga sutilmente erótica que emanaba de Ellus.
Al final, sus intentos de suicidio siempre terminaban en lo mismo y ambos lo sabían.
Lo cierto era que, después de cada encuentro cercano con la muerte, Ellus se veía aún más bello de lo que ya era. Theon pensaba que se había acostumbrado de cierta manera a la belleza extraña y suprema de su amante, pero no era así. La muerte imbuía a Ellus con una especie de energía viva, algo brillante, eléctrico, le daba luminosidad a su piel, volvía tersa su voz, tenia a flor de piel la escasa sensualidad con la que había nacido, incrementada millones de veces, sus ojos parecían capaces de detener al mundo, su mundo.
Con ese cabello salvajemente desordenado y los ojos brillantes, ese cuerpo que parecía hecho para el y aquella personalidad que lo volvía loco.
En algún momento de la historia Theon lo había considerado un buen trofeo. Pero desafiando todos sus instintos de depredador desvío la mirada y dio un paso hacia atrás.
- ya no. Dijo simplemente.
En un segundo se encontró de nuevo en la calle.
Su hombro aún estaba tibio. Agacho la cabeza y se paso la mano por el cabello café y ondulado, respiro hondo, movió el cuello de derecha a izquierda haciendo sonar las cervicales maltratadas.
Por un momento se había sentido incapaz de rechazarlo, todo su cuerpo parecía decir “quiéreme, ámame, ven conmigo” Pero su fuerza de voluntad era algo de lo que siempre había estado orgulloso.
Trato de convencerse que aún llevaba las riendas de esa relación y que sí podía controlar sus sentimientos.
Sintió el frío en la cara y en el pecho como si lo acariciara un trozo de seda. Cerro los ojos disfrutando del suave aroma a invierno que se desprendía de todas las cosas: árboles, edificios, incluso de las personas. Había esperado esa estación bajo los calurosos brazos de un verano increíblemente caldeado y ahora estaba empecinado en disfrutar de su frío inofensivo.
Se paso la lengua por los labios, un tenia el sabor de Ellus en la boca.
La sangre en su pecho se había secado, habían marcas rojas, como patitas de gato, en su camisa rota y sentía un leve ardor en la nariz.
Su mente divagó un momento por todas las posibles respuestas a eso mientras tocaba el lino quemado por la bala.
No, nada, jamás le pasaría nada, jamás moriría.
Se cerró la chaqueta hasta el cuello y decidió dedicarse a buscar una muchacha bonita con quien pasar las horas.
Caminó por un par de cuadras en dirección al centro, hacia una plaza concurrida que se llenaba de gente a todas horas. Le gustaban aquellos jóvenes inconcientes que no pensaban más allá del aterrador presente, muchachos perdidos como el lo estuvo alguna vez, solo que había tenido mas suerte. O menos, depende de quien mirara.
Cuando Theon conoció al vampiro que lo transformo, pensó que era un jovencito en busca de emociones igual que el. Era tan lindo como Ellus y bastante dominante en la cama, tenia unos feroces ojos castaños y unas manos inquietas que lo desesperaban. Lograba dominarlo como si Theon fuera un ser sin una pizca de voluntad y a pesar de verse frágil, solía apretarle las muñecas hasta hacerle daño.
Theon no lo considero de su misma clase, obviamente, y al verse mas joven que él simplemente lo desprecio en secreto usándolo como hasta entonces había usado a todas sus demás parejas de una noche.
Theon sonreía en silencio, paciente, mientras el extraño muchachito le limaba las uñas hasta dejarlas como garras afiladas con las que después arañaba su espalda blanca y felina, cuando dibujaba extraños símbolos en su piel con un rotulador.
Cuando bebió su sangre por primera vez solo se limito a gruñir bajito, más bien a ronronear, sintiendo la delicadeza de seda de la lengua pequeña y fría en la piel de su cuello.
Cada uno tiene sus manías. Pensó inofensivamente.
Theon no estaba tan errado al pensar que aquel niño buscaba entretenciones peligrosas, solo que había pasado algún tiempo desde que ese "jovencito" en particular había comenzado su búsqueda.
Un día viernes, Theon dejó a Ellus en su departamento jurándole y re-jurándole que iba a regresar al día siguiente, en la mañana. Diciéndole que tenia que ir, que este jovencito de piel clara era algo que no se podía perder, (“una noche, si, te amo, adiós“).
Tenia que averiguar por qué su piel era tan blanca que parecía traslucida, por qué todos parecían verlo solo a él, por qué sus ojos eran algo que no podía evitar mirar, por qué le daba la impresión de estar cegado, dominado, totalmente inconsciente y fuera de este mundo, mientras tenían sexo. Tenía que averiguar cómo aquel extraño lograba ponerlo en trance y hacer y deshacer con el.
Era peligroso, pero Theon era curioso y terco. Mala combinación.
Como siempre, Ellus se trago con torpeza sus palabras y lo dejo ir. No había manera de recriminarle nada, no tenía asidero alguno para ningún tipo de reclamación, no podía, simplemente su relación no se basaba en eso, si es que en verdad se basaba en algo.
Pasó una semana esperando en el departamento.
Cuando se dio cuenta que Theon no iba a llegar pronto, sacó la ropa más bonita que tenían (y la mas cara), la metió dentro de un tarro de metal y la quemo en el centro de la sala, apreciando, en su momentánea locura, como los botones se derretían y la tela se volvía cenizas. Solo sobrevivieron un par de cierres.
También le regalo un poco de ropa a una ancianita que paso pidiendo ayuda. Ropa y una tetera.
Decoró con marcador, algunos cuadros de Theon, pintando pequeñas personitas hechas con simples líneas, dentro del gran barco que surcaba el océano, bigotes en los dulces rostros de las niñas sentadas en el jardín tomando el té.
Pero llego un momento en el que la destructividad ya no le produjo el mismo efecto tranquilizador, descubrió (para su completo horror) que estaba preocupado por Theon, ¿y si se había ido con otro?, ¿y si descubrió que lo pasaba mejor con ese niño bonito? ¿Y SI EL NIÑO BONITO LE HABIA HECHO ALGO?.
Comenzó a pasearse como un león enjaulado por el departamento, pensando cada vez más seriamente en salir de ahí y buscar a Theon hasta dar con el y arrancarlo de las garras de ese fulanito-quien-quiera-que-fuera.
Pero los celos no eran naturales en Ellus y en un momento de claridad, en medio de su proceso inconciente de razonamiento, se dio cuenta que estaba exagerando las cosas, que Theon estaba bien, sólo se estaba divirtiendo un poco, como siempre. “Ya veras“. Se dijo. Llegaría con el de nuevo y entonces le explicaría por qué (demonios) se había quedado tanto (maldito) tiempo lejos. Quizás aquel jovencito era un excelente amante, o especialmente estúpido, cualquiera de las dos cosas habrían resultado muy atractivas para Theon.
Para el viernes, Ellus ya se había conformado en su espera. Caminaba por la casa, apagando las luces y descubriendo que ese silencio y esa oscuridad le hacían bien, le daban calma, le apagaban el espíritu.
Extrañando los brazos y los besos de Theon, se hundió en el mundo de su música, absorbiendo las notas más deprimentes y bellas que pudo encontrar, dedicándose simplemente a esperar, manteniendo la mente en blanco.
Cuando Theon apareció (a eso de las 4 de la mañana del viernes siguiente) estaba delgadísimo, hambriento como nunca, sediento, cansado y asustado.
El vampiro lo había mantenido todo ese tiempo de a cuerdo a su propia dieta estricta: sangre, alcohol y sexo. No muy diferente a la que llevaba con Ellus, en realidad, pero el inmortal agregaba a la ecuación una gran dosis de miedo, a demás, sus ansias lujuriosas se extendían a todos sus vicios y no descansaba jamás.
Theon le contó todo, lentamente, con palabras a medias, con momentos de enmudecimiento en los que los recuerdos eran dolorosamente vividos y herían tanto como si estuvieran pasando de nuevo. Ellus no lo presionó, no insistió, no habló, sólo tomo su mano y lo escuchó.
Ese crío era joven, quizás demasiado para ser visto con alguien como Theon, pero se comportaba como si el mundo le perteneciera. Le contó a cerca de como lo golpeaba suavemente en el hombro mientras hablaba con los demás, o como rizaba su cabello entre sus dedos como fríos tentáculos (no suaves y tibios como los de Ellus), sosteniendo su mirada de manera descarada y penetrante, cosa que le ponía los nervios de punta, era como estar gritando a los cuatro vientos que aquella era su mascotita, un perrito bien atado.
Pero cuando pensaba en abandonarlo no podía mover un músculo, la belleza que se mostraba ante el le parecía digna de sumisión, cosa que jamás habría creído de él, (luego Theon aprendería que no hay mucho que hacer contra un vampiro desplegando sus encantos, que el también era capaz de despertar el mismo sentimiento en las demás personas y que era solo una herramienta para cazar) en ese momento se sentía como si estuviera constantemente mirando al rostro de un dios, lo mas hermoso del mundo, la creación perfecta, el ser humano mas tierno, suave y encantador. Y el era el único realmente despierto en la vida como para apreciarlo.
Pero también habían partes malas, perversas, de la personalidad de su dulce muchachito.
Theon se había dado cuenta demasiado tarde que ese niño no era normal. No era cualquier hijo de vecino con enfermas fijaciones con la sangre, las drogas y el sexo, no era como él: un simple buscador de los placeres terrenales, tampoco era un ser superior, era simplemente diferente. Sus ojos lo adormecían, sus manos pequeñas lo dominaban, sus dientes rasgaban la piel de sus muñecas y era evidente que bebía su sangre en grandes cantidades.
Pero no podía hacer nada, ahora era de su propiedad.
Theon dormía de día y como los delfines, con un ojo abierto y la mitad del cerebro despierto, con los sentidos alerta, los músculos agarrotados. No descansaba realmente. Y de noche la cosa sólo se ponía peor, por que tenia que jugar, bailar, lucir feliz y hacer todo lo que su insaciable amante quería que hiciera. Mientras lo arrastraba por lugares que no conocía, rodeado de gente hermosa y terrorífica que, en vez de gustarle, le hacían sentir como uno de esos caniches que las muchachas famosas llevan en sus bolsos de diseñador.
En las fiestas a las que iban, Theon podía ver a otros como el. Ensimismados en una belleza sobrenatural, casi sin sentido ni voluntad, totalmente entregados, siguiendo a todas partes a sus respetivas parejas como si, en verdad, estuvieran atados físicamente.
¿El se veía así de patético?, ¿en verdad se había convertido en el alimento de alguien superior?, ¿Dónde demonios estaba Ellus y su cuerpo tibio?.
Pero esos pensamientos no le duraban mucho en la cabeza, una vez que el muchachito comenzaba a besarlo, un grupo de manos a tocarlo, toda la atención puesta en el, un humano hermoso, el mas hermoso de todos los presentes, todos allí querían tocarlo, observarlo, simplemente estar con el.
- Eres bello. le decían. Quizás tanto como para merecer ser uno de nosotros…
- ¿Qué?. Contestaba Theon sin poder hablar mucho de corrido, mientras varios pares de colmillos se hundían en su cuerpo y su pálido amante lo besaba delicadamente pinchando su labio inferior, abriendo una pequeña vertiente de sangre, bebiéndose su vida. Haciéndolo gemir dolorosamente, despertando un instinto que ni si quiera Theon sabia que tenia: le gustaba el sabor de la sangre.
Entonces se entregaba a un frenesí muy poco digno de el. Varios pares de manos espectrales le recorrían el cuerpo, alguno que otro mordisco aquí y allá, besos y caricias lo hundían hasta ese mundo al cual no se suponía que llegara ni mucho menos que saliera vivo. Pero no le importaba, mientras le dieran un poco de sangre.
Cuando despertaba, estaba muerto de sueño y hambriento, pero demasiado agotado como para comer.
Se limpiaba la sangre que quedaba en su cuerpo (nunca encontró heridas de ningún tipo a menos que quisieran dejarlas), se metía en la bañera y se quedaba dormido. Cuando el vampiro regresaba, insistía en hacerlo comer golosinas, como si creyera que era un niñito al cual mimar por su buen comportamiento, pero a Theon le repugnaba el sabor dulce y los tragaba entre arcadas, haciéndolo sólo por que sabia que la glucosa le despejaría un poco su torturado cerebro.
Luego, se lo llevaba a la cama a gastar las pocas calorías que su flacucha estructura pudiera almacenar, dominándolo en todo momento, aunque fuera el quien enredaba las piernas en la estrecha cintura de Theon, aunque fuera el quien gimiera abriendo una herida en su antebrazo y bañando sus cuerpos unidos, con la sangre tibia, que hacia que Theon perdiera los estribos y se lanzara como un gato a lamerla.
En esos momentos de irreflexiva lujuria, Theon podía jurar que veía las puertas del paraíso, que sentía como si la energía de todo el universo fluyera a trabes de ellos, podía ver la estructura de la vida en toda su magnitud, su lugar en el mundo, su pasado su presente y su futuro.
En la nueva realidad distorsionada de Theon, no habían personas imperfectas ni carentes de intelecto, todos eran bellos, todos eran importantes, todos estaban repletos de sangre… tanta sangre como el pudiera desear.
Al día siguiente todo era exactamente lo mismo: despertaba cubierto con una capa de sangre seca y fluidos varios de la noche anterior, entonces se metía al baño y dormía dentro de la tina mientras se llenaba lentamente de agua tibia.
Cada nuevo día, un deja-vu.
En un momento dado, llego a creer que estaba haciendo todo eso por gusto y no paraba por que no sabia como.
Cuando escapó (aunque siempre creyó que, más bien, lo habían dejado escapar), Ellus estaba donde lo había dejado, esperando en el departamento, escuchando su música (que de rebelde había pasado a extremadamente triste) metido en la cama.
Theon vio mil emociones debatirse en el rostro de Ellus: amor, decepción, alivio, enojo, tristeza, alegría, euforia, pasión y también vio como desaparecían una a una hasta anularse.
El rubio no dijo nada, solo lo recibió de nuevo, lo metió en la bañera, lavo su cuello inflamado, curo cada pequeña herida aquí y allá (aunque el vampiro en verdad no le había hecho mucho daño) y masajeo sus músculos cansados, le dio de comer él mismo, lavo y corto su cabello café, armándole los rizos con sus dedos blancos y elegantes y lo cubrió de besos inocentes y tiernos para calmarlo.
Cuando se tranquilizó un poco, Theon se hundió en el mullido colchón.
- ¿podrías dormir conmigo?. Le pregunto a Ellus, que no había dicho ni media palabra, lo cierto era que se moría por sentir esas manos ásperas y tibias, el calor de un cuerpo vivo, besos reales, caricias nacidas del amor y no de la simple lujuria.
Ellus. Por su puesto, durmió a su lado, abrazándolo, compartiendo la tibieza de su cuerpo vivo con un Theon que ya casi había olvidado lo que se sentía.
En ese momento, Theon lo amó más que nunca antes y, muy probablemente, más que después.
Cuando pasaron un par de días y Theon dejo de pensar que en cualquier momento podía aparecer el vampiro, se dio cuenta que había algo diferente en Ellus.
Ya no vestía la misma ropa andrajosa, era su estilo, pero estaba nueva y llevaba el cabello rubio bien limpio y más corto que de costumbre, su boca sabia a menta, sus uñas estaban limpias y sus manos sin esas durezas exquisitas que raspaban cuando lo tocaba. Ya no era el cuerpo de un muchacho disconforme con el mundo y ansioso de hacerlo estallar, era el cuerpo de un hombre enamorado, listo y más que dispuesto para amar y ser amado.
Theon desvío la vista cuando Ellus lo miro y sonrío, se había producido un gran cambio en el y no había estado ahí para verlo, ni si quiera estaba seguro de merecer ser parte de ese nuevo mundo.
Aun así, (y aunque no se lo mereciera, en realidad) amó a la nueva versión de su adorado guerrillero.
Pero el vampiro solo tuvo que hacerle una seña para que Theon volviera con el y no sólo se lo llevo desde su propia casa, si no que lo transformo en algo que Ellus no alcanzaba a comprender.
Entonces, una noche común, como cualquier otra, lo dejó libre, lo abandonó.
Theon despertó y el vampiro ya no estaba. Al pasar un par de horas Theon incluso llego a pensar que todos esas semanas de turbulentas orgías sangrientas solo habían sido un sueño mas de su atrofiada mente, cosa que no le habría extrañado en lo más mínimo, cuando apareció el sol y su piel comenzó a arder, tuvo que correr a esconderse en el sótano, donde un sueño que jamás había sentido, lo arrojo de cabeza al suelo.
¿Qué ocurrió después?, Theon no lo sabia con seguridad, sólo se entero que había pasado algo raro cuando Ellus (que había acudido con increíble rapidez a una llamada suya y había escuchado la historia con los ojos azules brillantes y muy abiertos) le consiguió un ataúd (habilidades practicas de saber forzar cerraduras), lo dejo bien oculto en el departamento y desapareció por un par de noches.
Cuando regresó, tenía la piel brillante, los ojos encendidos, la sangre de otra persona en las venas y un hermoso par de colmillos que sintió, afilados, rasgarle el labio cuando lo besó.
El vampiro no había vuelto a aparecerse y ellos habían estado juntos desde entonces.
Hacían 50 años de eso y contando.
Y en un principio (como en todos los principios) todo fue maravilloso.
Al fin eran lo que por tanto tiempo habían anhelado ser.
No solo se creían diferentes o tenían la ilusión o la secreta esperanza de serlo. No, ellos ERAN diferentes, únicos, especiales, inmortales y los demás eran lo que siempre habían creído que eran: basura, sólo que ahora los apreciaban más que antes por que eran su fuente de alimento.
Pasaban noches enteras riéndose de todo, de las prisas, del dinero, de la gente. Pronto, la aventura con el vampiro solo fue una anécdota sin importancia perdñida en los abismos de la mente de Theon. Tomaban sangre, mataban alguna persona de vez en cuando, robaban en los cementerios, asustaban gente, paseaban durante toda la noche hablando de una manera extrañamente significativa para los dos, tomados de la mano, con un amor aún más intenso que antes.
El mundo tenia otro color, otro sabor y otro aroma, observaban a los humanos desaparecer en una mancha informe y sucia, los miraban con desprecio y un poco de incredulidad, asistían a funerales anónimos y arrojaban miles de rosas en las fosas de gente desconocida, pagaban los vicios de extraños, sólo para ver si se metían en el cuerpo todo lo que les daban sólo por el hecho de ser gratis.
Se convirtieron en hermanos más allá de lo que esa palabra puede significar para el más estrecho lazo de sangre y por un momento olvidaron lo diferentes que eran sus personalidades, imbuidos en la sangre, todo parecía conectarlos.
Ambos eran feroces depredadores, amaban el sabor de la sangre, no mataban si podían evitarlo más que nada por el lío que significaba deshacerse luego de los cuerpos, pero les gustaba jugar con sus victimas. Les gustaba morder las muñecas o los antebrazos pero no los cuellos y creían apropiado dejar dinero sobre las camas o los cuerpos antes de retirarse, como si estuvieran comprando la sangre que les daban.
Cayeron en la cuenta que su belleza les ayudaba a obtener las cosas que querían mucho mas fácilmente que cuando eran mortales.
Si antes los ojos verdes de Theon, o la sonrisa resplandeciente de Ellus les abrían miles de puertas, ahora ni si quiera necesitaban ir tras lo que querían, todo parecía estar ahí para ellos aunque realmente no quisieran nada.
Con sus nuevos sentidos agudizados no estaban muy en sintonía con las drogas, ni con el alcohol, ni con la comida, ni si quiera con sus amados porros liados con maestría, sin embargo besarse eran una experiencia sutilmente devastadora, se tocaban y terminaban en la cama con una frecuencia alarmante que solo le podían atribuir a las necesidades táctiles y sensoriales de su nueva condición.
Pasaron años en ese amor nacido solamente de las particularidades de su inmortal existencia, años durante los cuales fueron felices y descubrían juntos y solos las maravillas de ser lo que eran aunque no lo entendieran realmente, de desenvolverse llenos de exquisitos detalles, de deseos que antes no se habían expresado, de sus verdaderas personalidades.
“Vampiros“, dijo Ellus. “Dioses” dijo Theon.
Con los años, sus ánimos se aplacaron un poco y cada uno encontró su centro en esa nueva vida.
Theon comenzó a devorar libro tras libro que caía en sus manos, mientras Ellus hacia girar sus discos instrumentales a todas horas, mirando las luces, la ciudad, el brillo de la única vela sobre la mesa.
Theon escribía compulsivamente historias, pensamientos, frases, ocurrencias. Ellus se paseaba por la casa encendiendo y apagando las luces, con los audífonos bien metidos en los oídos.
Theon lo arrastraba a las librerías donde se llevaba todo lo que podían cargar, Ellus abría la ventana y se quedaba mirando al exterior, tarareando.
Finalmente, Theon comenzó a pensar en lo que había afuera, en el mundo, mientras que Ellus se fue hundiendo más y más en los abismos de su personalidad solitaria.
Ahí comenzaron los problemas.
Ellus solía dormir abrazado a el, enroscado más bien dicho, con el cabello miel desparramado sobre la almohada y el pecho de Theon, oyendo su respiración, sintiendo como si el vinculo que los unía fuera físico. No eran solo amantes, eran siameses unidos por el corazón.
Se sentía unido a el mas que a cualquier otra persona en el mundo, ellos se habían elegido mutuamente con el relativo conocimiento de ser diferentes pero sin la certeza de serlo, sin embargo luego habían sido elegidos, ambos, para afrontar las tareas de la inmortalidad y eso hacia el hecho de estar juntos más que una necesidad o una jugada astuta del destino.
Sus cuerpos encajaban bien, jamás lo negaron, Theon sentía el ligero pero de Ellus sobre el y eso lo hacia sentir protegido, a demás, le gustaba el aroma de la piel de Ellus, algo que jamás pudo distinguir, como si su cuerpo emanara un aroma que lo tranquilizara, algo casi sedante.
A su lado, Theon dormía profundamente.
Pero luego, Theon comenzó a dormir en su ataúd.
La lectura influenciaba profundamente su manera de actuar. Leía a cerca de otros como ellos, buscando una guía, algo que les explicara lo que debían hacer, lo que se esperaba de ellos. Y había estado leyendo a Anne Rice.
Eso le provoco un fuerte rechazo a Ellus, que tuvo que conformarse con usar la cama, que era demasiado grande para su cuerpo flacucho y lo hacia sentirse terriblemente solo. Así que siempre terminaba encerrado en el baño, acostado en la tina, escuchando música por sus audífonos diminutos. Las mismas canciones y melodías una y otra vez.
Entonces comenzó a pensar en la muerte, y no en la que regalaba cada vez que se alimentaba, si no en la suya.
PS: al fin el capitulo 4 (si, F-chan, estoy haciendo un PS solo por que tu me diste la idea, gracias, 1 punto para ti) este capitulo se me resistio bastante pues cuando comence a escribirlo estaba bajo los efectos de la vacuna contra la gripe H1N1, da igual, todos vamos a morir (menos Theon y Ellus obviamente).
luego de ver como eran de mortales, ahora vemos como paso lo que paso y por que paso, que es lo mas importante, hay cosas que aun no se saben y que quisas jamas se sepan y detalles que se explicaran mas adelante. personalmente, me encanta Ellus, me lo imagino destrozando la propiedad publica como en el dia del joven combatiente XD, y Theon me en canta por que mientras lo escribia estaba mirando una foto de Ville Valo (no me odien, no-fanaticos-de-HIM, es dificil resistirse al poder de Ville, mi amor por Theon es puramente fisico XD.
mucha sangre en este capitulo y cero censura (por ahora)lo que queria dejar claro es que despues de convertirse en vampiros fue como si se volvieran a conocer. bonito, ojala eso pasara en verdad.
bueno, gracias a las 3 o 4 personas que estan leyendo esto, espero que en un futuro sean mas (haganme publicidad, no sean timidos, si no escribo taaan mal)pero mientras sean pokitas les puedo agradecer individualmente (gracias a la niña del nombre gracioso, Maggi, la lolita-toreadora, a F-chan (si Fran, tu), su hermano de toda la vida (hay que risa XD),a mi amigui Nataly, la enfemera, que quisas lo este leyendo, quisas no, a la F mayuscula y la F minuscula (toy bromeando) a Bruno y a Fer por aprobar mi capitulo piloto y creo que eso es todo, si se me queda alguien en el tintero pues se aguantan hasta el 5.
Liz
Su mente vagaba en las diferentes maneras de pedir perdón, preparándose para ser humilde, una vez mas, en su larga historia juntos. Alistando sus cuerdas vocales para sonar tristes por algo que no le causaba el más mínimo sufrimiento. Para mentir por la paz, como mil veces antes. Pero, a pesar de todo, sus ojos azules se veían terriblemente fríos.
En su, últimamente, calmada manera de ver las cosas, había perdido la paciencia. Era ridículo sentir pesar por una alfombra, UNA ALFOMBRA, POR DIOS, una cosa inerte, un objeto inanimado, un trozo de tela que bien podía quemarse en cualquier momento y que tarde o temprano acabaría por arruinarse, desgastarse y desaparecer.
Y se rehusaba a pensar en la ropa o en la pared.
Su mente ardía de rabia, pero por más que lo intentaba, las palabras ya no salían con la misma pasión, ¿había perdido el toque, quizás?, ¿es que ya nada le importaba tanto como antes?, ¿su espíritu rebelde había muerto?, ah, ya nada tenia mucho sentido de todas maneras, Theon jamás entendió en el pasado y jamás lo haría. Pero era parte de el, por esos pequeños detalles era por los que Ellus lo amaba tanto, por esas cosas que le hacían hervir la sangre, por los errores de programación con los que venia, por su naturaleza hedonista y cómoda…
Sabia que para Theon, la vida misma se resumía en cuantas cosas tienes (o la filosofía del “tanto tienes, tanto vales“ que llenaba a Ellus de indignación), pero también sabia que no valía la pena pensar más en lo que acababa de hacer como si se tratara de un crimen, las cosas materiales no deben afectar los sentimientos de las personas. O no deberían, eso lo tenia claro.
Hacia algunos años, cuando aún eran humanos y en cuanto Theon se dio cuenta la magnifica relación que tenían, trato de hacer una mejor persona de él, a su manera: cambiándolo por fuera.
Lleno sus armarios con ropa cara y fina. Ellus jamás había lucido tan bien y nunca se había sentido tan calmado, como si el tacto de las telas sobre su piel desnuda fueran una droga que le embotara los sentidos. Se pasaba horas mirando como la seda atrapaba la luz en miles de destellos tornasolados, dudando en dejarse arrastrar por las comodidades, sintiendo como Theon masajeaba sus músculos cansados, como peinaba su cabello rubio y lo cortaba con cuidado. Theon jugaba con el como con una muñeca. Pero no podía quejarse, en verdad no quería quejarse y eso lo confundía un poco.
En sabanas de seda descansaba, mientras su cabello olía a frutilla y su piel a canela (los aromas preferidos de Theon, personalmente a el le gustaba mas la vainilla, durante su vida mortal podía reconocerla donde fuera, postres o perfumes) sintiendo la seda, el lino y el satén envolverlo y rodearlo como dentro de una nube, las hábiles manos de Theon vestirlo y desvestirlo, buscando que ropa le iba mejor a su claro tono de piel, que chaqueta combinaba más con sus ojos, decidiendo si debía llevar guantes o las manos desnudas y un anillo.
Pero con el paso del tiempo, Ellus sintió la necesidad de regresar a su antigua vida.
Poco a poco fue despojándose de la imagen que Theon había armado en el, volviendo a las sudaderas grandes (aunque ahora nuevas, limpias y con emblemas de sus grupos favoritos) a sus jeans gastados, a sus zapatillas de cordones largos y de distintos colores, a los suspensores y a las pulseras hechas por el mismo y a las aventuras nocturnas, a destrozar el enrejado de alguna fabrica o rayar alguna pared por puro gusto y afán idealista.
El experimento había fracasado. Pero no supuso algo grave para ninguno de los dos. Obviamente Theon estaba decepcionado, le encantaba la elegancia del cuerpo de Ellus, de sus músculos elásticos y delgados, de sus dedos blancos de uñas delicadas (normalmente pintadas de negro), de su cabello rubio, fino y suave, como hilos de oro y no entendía por qué parecía no gustarle verse bien, estar tranquilo. Solía reírse de esas diferencias y adoraba su personalidad extraña, pero en el fondo no le veía la gracia a tener los dedos siempre ásperos, a las cicatrices que guerras ficticias contra el estado y el régimen establecido. Ellus era el único soldado en una guerra de ideales que jamás podría ganar y que volvían a su cuerpo y a su mente un constante campo de guerra.
Mientras estaban tendidos en la cama, desnudos y adormecidos, antes o después de sus tórridos episodios pasionales, Theon besaba la cicatriz del brazo de Ellus, aquella que se hizo a los 17 años, cuando se rompió un brazo escalando una pared, luego tomaba sus manos siempre tibias y acariciaba sus dedos ásperos y manchados de aerosol, limpiándolos, tratando de volverlos suaves.
Ellus ronroneaba de gusto, medio dormido, mientras Theon se untaba algo de crema en las manos y recorría su cuerpo hiperactivo destensándole cada músculo, volviéndolo un animalito entregado a sus hábiles masajes.
Pero la naturaleza de Ellus había hablado y expresado claramente sus deseos de regresar a los orígenes de la extraña moda que seguía el rubio. Si es que seguía una.
Al final, solo le quedo resignarse. Y busco argumentos sólidos para convencerse que no había nada más que pudiera hacer. “¿para que cambiar algo único?” Fue el pensamiento ganador y desde entonces, se limito a contemplar las andanzas y desventuras de la vida de Ellus esperando con mucha paciencia.
Pero ahora ya no eran niños humanos, eran vampiros, no podía deprimirse por las mismas estupideces ¿o si?.
Theon desvío la mirada del cielo al que había acudido para pedir paciencia y miro a Ellus. De inmediato se dio cuenta de lo que pasaba por esa cabeza rubia. Cuantas veces había visto esa expresión antes.
A Ellus le importaba una mierda destruir la propiedad privada si con eso creía que enviaba un mensaje y aunque pusiera su expresión más culpable, se sentía satisfecho, en verdad creía que hacía lo correcto.
"Maldito niño egoísta" pensó. Pero lo cierto es que Ellus jamás había sido egoísta, tenia que aceptarlo. Ya por demasiado tiempo había sido fiel a los mismos principios en los que creía cuando se conocieron: “La vida es maravillosa, el mundo es un lugar bueno, pero siempre puede ser mucho mejor. Dirijámonos hacia la perfección haciendo volar unos cuantos edificios de gobierno y escribiendo en las paredes frases que despierten a las personas de sus pensamientos conformistas“.
Theon sintió un repentino dolor de cabeza al recordar todo eso.
Pero Theon sí había sido egoísta y lo sabia… ah, que bien embonaban sus personalidades y sus gustos, casi tan bien como sus cuerpos… una lastima que estuviera tan deprimido, hacían una buena pareja.
Si ahora el animo de Ellus estaba así era, simplemente, por que se había dado cuenta de lo equivocado que estaba en su visión de la vida y en que él podía hacer algo para cambiar al mundo, se había dado cuenta que, como inmortal, le esperaba una eternidad de ver caer al mundo en aquel abismo de estupidez y mediocridad del que ya era muy conciente siendo humano y eso le dolía, lo hería más que las balas, más que el sol y más que los gruesos nudos alrededor de su hermoso cuello.
No, Theon no podía culparlo, no cuando él mismo se había encargado de que abriera los ojos, de convertir al dulce y agresivo terrorista en un asustadizo corderito… al final el dicho no era cierto: sí puedes hacer de un tigre, un gatito, solo acariciándolo.
Le había mostrado que la gente que llega más lejos es la que más cosas consigue, las que escalan en la vida sin importarles nada, las que aplastan al prójimo con sus pedantes personalidades o los que están emparentados en alguna medida con algún personaje con esas características.
Que el rico y poderoso siempre pisotea al que esta debajo, que algunas personas nacieron para hacer lo que nadie más quiere hacer, que los humanos son desechables, reemplazables y que el mundo esta hecho para recordárnoslo: lo que tu no hagas, alguien más lo puede hacer. Nadie es indispensable y, quizás, no somos tan únicos y especiales como nos hicieron creer desde niños.
Pero ni si quiera por el hecho de haber querido llevárselo con él a las profundas aguas de la muerte podía asegurar que Ellus fuera un egoísta. Estaba decidiendo por él por que pensaba que era lo mejor y lo más razonable, lo que cualquier persona en su sano juicio querría, pensó que era lo que Theon quería…
- Me voy a comer. dijo Theon furioso por no poder, si quiera, culparlo de las locuras que hacia.
Ellus avanzo lentamente hacia el, hasta ponerse peligrosamente cerca, Theon se alejó un poco, podía tener un cuchillo o algo escondido por ahí, ya no confiaba tanto en sus instintos.
- Te acompaño. Le dijo el rubio sonriendo ¿Por qué siempre sonreía cuando menos se lo esperaba? Y ¿Por qué demonios lo había dejado ponerse tan cerca?.
Giro hacia él sus impresionantes ojos verdes, que eran tan brillantes como cuando era un mortal, hipnóticos, como un trozo de jade que brilla desde el interior.
Cualquiera se habría muerto de miedo ahí mismo, o por lo menos lo habría pensado dos veces antes de insistir, pero no Ellus. Siguió sonriendo y le puso el antebrazo en el hombro, ladeo la cabeza un poco, su cabello rubio estaba salpicado de gotas rojas, brillantes y secas. Theon se imagino que eran rubíes, que por un momento podía sumergir a Ellus en los abismos de la banalidad que a el tanto le gustaba, quería tomarlo y vestirlo de nuevo con ropas caras, limpiar su rostro y su cabello y adornarlo con algunas joyas. Eso quería, que Ellus volviera a ser el adorno que había sido hasta hacia un par de años, inerte y bello, calmado y siempre estéticamente correcto. Ya no quería que vistiera esas ropas que había rescatado de sus días de juventud.
Quería que se viera bien para que se sintiera bien.
Pero en el fondo sabia que el cambio debía ir mucho mas allá de eso.
- No. Dijo un poco triste. tu tienes que limpiar esto y luego date un baño, apestas y estas cubierto de sangre.
- Creí que te gustaba cuando estaba cubierto de sangre. dijo Ellus pasándose la lengua por los labios. Por un momento Theon no logro hablar, perdido en esos ojos color cielo, en la curva de su labio superior al ser acariciada con la lengua, los dientes delanteros asomándose un poco, blancos, perfectos, pudo ver algo de sangre en la comisura de su boca y en su cuello, la delicada presión de los dedos sobre su hombro, el calor que emanaba de su cuerpo, la palidez de sus mejillas, la inclinación de su cabeza.
Ellus se movió hacia adelante como si quisiera escuchar alguna respuesta de parte de Theon, sin separar sus miradas. Podía sentir el aroma de su amante y el suyo propio bailando a su alrededor, desprendiéndose con cada movimiento. Todo se estaba llenando de una carga sutilmente erótica que emanaba de Ellus.
Al final, sus intentos de suicidio siempre terminaban en lo mismo y ambos lo sabían.
Lo cierto era que, después de cada encuentro cercano con la muerte, Ellus se veía aún más bello de lo que ya era. Theon pensaba que se había acostumbrado de cierta manera a la belleza extraña y suprema de su amante, pero no era así. La muerte imbuía a Ellus con una especie de energía viva, algo brillante, eléctrico, le daba luminosidad a su piel, volvía tersa su voz, tenia a flor de piel la escasa sensualidad con la que había nacido, incrementada millones de veces, sus ojos parecían capaces de detener al mundo, su mundo.
Con ese cabello salvajemente desordenado y los ojos brillantes, ese cuerpo que parecía hecho para el y aquella personalidad que lo volvía loco.
En algún momento de la historia Theon lo había considerado un buen trofeo. Pero desafiando todos sus instintos de depredador desvío la mirada y dio un paso hacia atrás.
- ya no. Dijo simplemente.
En un segundo se encontró de nuevo en la calle.
Su hombro aún estaba tibio. Agacho la cabeza y se paso la mano por el cabello café y ondulado, respiro hondo, movió el cuello de derecha a izquierda haciendo sonar las cervicales maltratadas.
Por un momento se había sentido incapaz de rechazarlo, todo su cuerpo parecía decir “quiéreme, ámame, ven conmigo” Pero su fuerza de voluntad era algo de lo que siempre había estado orgulloso.
Trato de convencerse que aún llevaba las riendas de esa relación y que sí podía controlar sus sentimientos.
Sintió el frío en la cara y en el pecho como si lo acariciara un trozo de seda. Cerro los ojos disfrutando del suave aroma a invierno que se desprendía de todas las cosas: árboles, edificios, incluso de las personas. Había esperado esa estación bajo los calurosos brazos de un verano increíblemente caldeado y ahora estaba empecinado en disfrutar de su frío inofensivo.
Se paso la lengua por los labios, un tenia el sabor de Ellus en la boca.
La sangre en su pecho se había secado, habían marcas rojas, como patitas de gato, en su camisa rota y sentía un leve ardor en la nariz.
Su mente divagó un momento por todas las posibles respuestas a eso mientras tocaba el lino quemado por la bala.
No, nada, jamás le pasaría nada, jamás moriría.
Se cerró la chaqueta hasta el cuello y decidió dedicarse a buscar una muchacha bonita con quien pasar las horas.
Caminó por un par de cuadras en dirección al centro, hacia una plaza concurrida que se llenaba de gente a todas horas. Le gustaban aquellos jóvenes inconcientes que no pensaban más allá del aterrador presente, muchachos perdidos como el lo estuvo alguna vez, solo que había tenido mas suerte. O menos, depende de quien mirara.
Cuando Theon conoció al vampiro que lo transformo, pensó que era un jovencito en busca de emociones igual que el. Era tan lindo como Ellus y bastante dominante en la cama, tenia unos feroces ojos castaños y unas manos inquietas que lo desesperaban. Lograba dominarlo como si Theon fuera un ser sin una pizca de voluntad y a pesar de verse frágil, solía apretarle las muñecas hasta hacerle daño.
Theon no lo considero de su misma clase, obviamente, y al verse mas joven que él simplemente lo desprecio en secreto usándolo como hasta entonces había usado a todas sus demás parejas de una noche.
Theon sonreía en silencio, paciente, mientras el extraño muchachito le limaba las uñas hasta dejarlas como garras afiladas con las que después arañaba su espalda blanca y felina, cuando dibujaba extraños símbolos en su piel con un rotulador.
Cuando bebió su sangre por primera vez solo se limito a gruñir bajito, más bien a ronronear, sintiendo la delicadeza de seda de la lengua pequeña y fría en la piel de su cuello.
Cada uno tiene sus manías. Pensó inofensivamente.
Theon no estaba tan errado al pensar que aquel niño buscaba entretenciones peligrosas, solo que había pasado algún tiempo desde que ese "jovencito" en particular había comenzado su búsqueda.
Un día viernes, Theon dejó a Ellus en su departamento jurándole y re-jurándole que iba a regresar al día siguiente, en la mañana. Diciéndole que tenia que ir, que este jovencito de piel clara era algo que no se podía perder, (“una noche, si, te amo, adiós“).
Tenia que averiguar por qué su piel era tan blanca que parecía traslucida, por qué todos parecían verlo solo a él, por qué sus ojos eran algo que no podía evitar mirar, por qué le daba la impresión de estar cegado, dominado, totalmente inconsciente y fuera de este mundo, mientras tenían sexo. Tenía que averiguar cómo aquel extraño lograba ponerlo en trance y hacer y deshacer con el.
Era peligroso, pero Theon era curioso y terco. Mala combinación.
Como siempre, Ellus se trago con torpeza sus palabras y lo dejo ir. No había manera de recriminarle nada, no tenía asidero alguno para ningún tipo de reclamación, no podía, simplemente su relación no se basaba en eso, si es que en verdad se basaba en algo.
Pasó una semana esperando en el departamento.
Cuando se dio cuenta que Theon no iba a llegar pronto, sacó la ropa más bonita que tenían (y la mas cara), la metió dentro de un tarro de metal y la quemo en el centro de la sala, apreciando, en su momentánea locura, como los botones se derretían y la tela se volvía cenizas. Solo sobrevivieron un par de cierres.
También le regalo un poco de ropa a una ancianita que paso pidiendo ayuda. Ropa y una tetera.
Decoró con marcador, algunos cuadros de Theon, pintando pequeñas personitas hechas con simples líneas, dentro del gran barco que surcaba el océano, bigotes en los dulces rostros de las niñas sentadas en el jardín tomando el té.
Pero llego un momento en el que la destructividad ya no le produjo el mismo efecto tranquilizador, descubrió (para su completo horror) que estaba preocupado por Theon, ¿y si se había ido con otro?, ¿y si descubrió que lo pasaba mejor con ese niño bonito? ¿Y SI EL NIÑO BONITO LE HABIA HECHO ALGO?.
Comenzó a pasearse como un león enjaulado por el departamento, pensando cada vez más seriamente en salir de ahí y buscar a Theon hasta dar con el y arrancarlo de las garras de ese fulanito-quien-quiera-que-fuera.
Pero los celos no eran naturales en Ellus y en un momento de claridad, en medio de su proceso inconciente de razonamiento, se dio cuenta que estaba exagerando las cosas, que Theon estaba bien, sólo se estaba divirtiendo un poco, como siempre. “Ya veras“. Se dijo. Llegaría con el de nuevo y entonces le explicaría por qué (demonios) se había quedado tanto (maldito) tiempo lejos. Quizás aquel jovencito era un excelente amante, o especialmente estúpido, cualquiera de las dos cosas habrían resultado muy atractivas para Theon.
Para el viernes, Ellus ya se había conformado en su espera. Caminaba por la casa, apagando las luces y descubriendo que ese silencio y esa oscuridad le hacían bien, le daban calma, le apagaban el espíritu.
Extrañando los brazos y los besos de Theon, se hundió en el mundo de su música, absorbiendo las notas más deprimentes y bellas que pudo encontrar, dedicándose simplemente a esperar, manteniendo la mente en blanco.
Cuando Theon apareció (a eso de las 4 de la mañana del viernes siguiente) estaba delgadísimo, hambriento como nunca, sediento, cansado y asustado.
El vampiro lo había mantenido todo ese tiempo de a cuerdo a su propia dieta estricta: sangre, alcohol y sexo. No muy diferente a la que llevaba con Ellus, en realidad, pero el inmortal agregaba a la ecuación una gran dosis de miedo, a demás, sus ansias lujuriosas se extendían a todos sus vicios y no descansaba jamás.
Theon le contó todo, lentamente, con palabras a medias, con momentos de enmudecimiento en los que los recuerdos eran dolorosamente vividos y herían tanto como si estuvieran pasando de nuevo. Ellus no lo presionó, no insistió, no habló, sólo tomo su mano y lo escuchó.
Ese crío era joven, quizás demasiado para ser visto con alguien como Theon, pero se comportaba como si el mundo le perteneciera. Le contó a cerca de como lo golpeaba suavemente en el hombro mientras hablaba con los demás, o como rizaba su cabello entre sus dedos como fríos tentáculos (no suaves y tibios como los de Ellus), sosteniendo su mirada de manera descarada y penetrante, cosa que le ponía los nervios de punta, era como estar gritando a los cuatro vientos que aquella era su mascotita, un perrito bien atado.
Pero cuando pensaba en abandonarlo no podía mover un músculo, la belleza que se mostraba ante el le parecía digna de sumisión, cosa que jamás habría creído de él, (luego Theon aprendería que no hay mucho que hacer contra un vampiro desplegando sus encantos, que el también era capaz de despertar el mismo sentimiento en las demás personas y que era solo una herramienta para cazar) en ese momento se sentía como si estuviera constantemente mirando al rostro de un dios, lo mas hermoso del mundo, la creación perfecta, el ser humano mas tierno, suave y encantador. Y el era el único realmente despierto en la vida como para apreciarlo.
Pero también habían partes malas, perversas, de la personalidad de su dulce muchachito.
Theon se había dado cuenta demasiado tarde que ese niño no era normal. No era cualquier hijo de vecino con enfermas fijaciones con la sangre, las drogas y el sexo, no era como él: un simple buscador de los placeres terrenales, tampoco era un ser superior, era simplemente diferente. Sus ojos lo adormecían, sus manos pequeñas lo dominaban, sus dientes rasgaban la piel de sus muñecas y era evidente que bebía su sangre en grandes cantidades.
Pero no podía hacer nada, ahora era de su propiedad.
Theon dormía de día y como los delfines, con un ojo abierto y la mitad del cerebro despierto, con los sentidos alerta, los músculos agarrotados. No descansaba realmente. Y de noche la cosa sólo se ponía peor, por que tenia que jugar, bailar, lucir feliz y hacer todo lo que su insaciable amante quería que hiciera. Mientras lo arrastraba por lugares que no conocía, rodeado de gente hermosa y terrorífica que, en vez de gustarle, le hacían sentir como uno de esos caniches que las muchachas famosas llevan en sus bolsos de diseñador.
En las fiestas a las que iban, Theon podía ver a otros como el. Ensimismados en una belleza sobrenatural, casi sin sentido ni voluntad, totalmente entregados, siguiendo a todas partes a sus respetivas parejas como si, en verdad, estuvieran atados físicamente.
¿El se veía así de patético?, ¿en verdad se había convertido en el alimento de alguien superior?, ¿Dónde demonios estaba Ellus y su cuerpo tibio?.
Pero esos pensamientos no le duraban mucho en la cabeza, una vez que el muchachito comenzaba a besarlo, un grupo de manos a tocarlo, toda la atención puesta en el, un humano hermoso, el mas hermoso de todos los presentes, todos allí querían tocarlo, observarlo, simplemente estar con el.
- Eres bello. le decían. Quizás tanto como para merecer ser uno de nosotros…
- ¿Qué?. Contestaba Theon sin poder hablar mucho de corrido, mientras varios pares de colmillos se hundían en su cuerpo y su pálido amante lo besaba delicadamente pinchando su labio inferior, abriendo una pequeña vertiente de sangre, bebiéndose su vida. Haciéndolo gemir dolorosamente, despertando un instinto que ni si quiera Theon sabia que tenia: le gustaba el sabor de la sangre.
Entonces se entregaba a un frenesí muy poco digno de el. Varios pares de manos espectrales le recorrían el cuerpo, alguno que otro mordisco aquí y allá, besos y caricias lo hundían hasta ese mundo al cual no se suponía que llegara ni mucho menos que saliera vivo. Pero no le importaba, mientras le dieran un poco de sangre.
Cuando despertaba, estaba muerto de sueño y hambriento, pero demasiado agotado como para comer.
Se limpiaba la sangre que quedaba en su cuerpo (nunca encontró heridas de ningún tipo a menos que quisieran dejarlas), se metía en la bañera y se quedaba dormido. Cuando el vampiro regresaba, insistía en hacerlo comer golosinas, como si creyera que era un niñito al cual mimar por su buen comportamiento, pero a Theon le repugnaba el sabor dulce y los tragaba entre arcadas, haciéndolo sólo por que sabia que la glucosa le despejaría un poco su torturado cerebro.
Luego, se lo llevaba a la cama a gastar las pocas calorías que su flacucha estructura pudiera almacenar, dominándolo en todo momento, aunque fuera el quien enredaba las piernas en la estrecha cintura de Theon, aunque fuera el quien gimiera abriendo una herida en su antebrazo y bañando sus cuerpos unidos, con la sangre tibia, que hacia que Theon perdiera los estribos y se lanzara como un gato a lamerla.
En esos momentos de irreflexiva lujuria, Theon podía jurar que veía las puertas del paraíso, que sentía como si la energía de todo el universo fluyera a trabes de ellos, podía ver la estructura de la vida en toda su magnitud, su lugar en el mundo, su pasado su presente y su futuro.
En la nueva realidad distorsionada de Theon, no habían personas imperfectas ni carentes de intelecto, todos eran bellos, todos eran importantes, todos estaban repletos de sangre… tanta sangre como el pudiera desear.
Al día siguiente todo era exactamente lo mismo: despertaba cubierto con una capa de sangre seca y fluidos varios de la noche anterior, entonces se metía al baño y dormía dentro de la tina mientras se llenaba lentamente de agua tibia.
Cada nuevo día, un deja-vu.
En un momento dado, llego a creer que estaba haciendo todo eso por gusto y no paraba por que no sabia como.
Cuando escapó (aunque siempre creyó que, más bien, lo habían dejado escapar), Ellus estaba donde lo había dejado, esperando en el departamento, escuchando su música (que de rebelde había pasado a extremadamente triste) metido en la cama.
Theon vio mil emociones debatirse en el rostro de Ellus: amor, decepción, alivio, enojo, tristeza, alegría, euforia, pasión y también vio como desaparecían una a una hasta anularse.
El rubio no dijo nada, solo lo recibió de nuevo, lo metió en la bañera, lavo su cuello inflamado, curo cada pequeña herida aquí y allá (aunque el vampiro en verdad no le había hecho mucho daño) y masajeo sus músculos cansados, le dio de comer él mismo, lavo y corto su cabello café, armándole los rizos con sus dedos blancos y elegantes y lo cubrió de besos inocentes y tiernos para calmarlo.
Cuando se tranquilizó un poco, Theon se hundió en el mullido colchón.
- ¿podrías dormir conmigo?. Le pregunto a Ellus, que no había dicho ni media palabra, lo cierto era que se moría por sentir esas manos ásperas y tibias, el calor de un cuerpo vivo, besos reales, caricias nacidas del amor y no de la simple lujuria.
Ellus. Por su puesto, durmió a su lado, abrazándolo, compartiendo la tibieza de su cuerpo vivo con un Theon que ya casi había olvidado lo que se sentía.
En ese momento, Theon lo amó más que nunca antes y, muy probablemente, más que después.
Cuando pasaron un par de días y Theon dejo de pensar que en cualquier momento podía aparecer el vampiro, se dio cuenta que había algo diferente en Ellus.
Ya no vestía la misma ropa andrajosa, era su estilo, pero estaba nueva y llevaba el cabello rubio bien limpio y más corto que de costumbre, su boca sabia a menta, sus uñas estaban limpias y sus manos sin esas durezas exquisitas que raspaban cuando lo tocaba. Ya no era el cuerpo de un muchacho disconforme con el mundo y ansioso de hacerlo estallar, era el cuerpo de un hombre enamorado, listo y más que dispuesto para amar y ser amado.
Theon desvío la vista cuando Ellus lo miro y sonrío, se había producido un gran cambio en el y no había estado ahí para verlo, ni si quiera estaba seguro de merecer ser parte de ese nuevo mundo.
Aun así, (y aunque no se lo mereciera, en realidad) amó a la nueva versión de su adorado guerrillero.
Pero el vampiro solo tuvo que hacerle una seña para que Theon volviera con el y no sólo se lo llevo desde su propia casa, si no que lo transformo en algo que Ellus no alcanzaba a comprender.
Entonces, una noche común, como cualquier otra, lo dejó libre, lo abandonó.
Theon despertó y el vampiro ya no estaba. Al pasar un par de horas Theon incluso llego a pensar que todos esas semanas de turbulentas orgías sangrientas solo habían sido un sueño mas de su atrofiada mente, cosa que no le habría extrañado en lo más mínimo, cuando apareció el sol y su piel comenzó a arder, tuvo que correr a esconderse en el sótano, donde un sueño que jamás había sentido, lo arrojo de cabeza al suelo.
¿Qué ocurrió después?, Theon no lo sabia con seguridad, sólo se entero que había pasado algo raro cuando Ellus (que había acudido con increíble rapidez a una llamada suya y había escuchado la historia con los ojos azules brillantes y muy abiertos) le consiguió un ataúd (habilidades practicas de saber forzar cerraduras), lo dejo bien oculto en el departamento y desapareció por un par de noches.
Cuando regresó, tenía la piel brillante, los ojos encendidos, la sangre de otra persona en las venas y un hermoso par de colmillos que sintió, afilados, rasgarle el labio cuando lo besó.
El vampiro no había vuelto a aparecerse y ellos habían estado juntos desde entonces.
Hacían 50 años de eso y contando.
Y en un principio (como en todos los principios) todo fue maravilloso.
Al fin eran lo que por tanto tiempo habían anhelado ser.
No solo se creían diferentes o tenían la ilusión o la secreta esperanza de serlo. No, ellos ERAN diferentes, únicos, especiales, inmortales y los demás eran lo que siempre habían creído que eran: basura, sólo que ahora los apreciaban más que antes por que eran su fuente de alimento.
Pasaban noches enteras riéndose de todo, de las prisas, del dinero, de la gente. Pronto, la aventura con el vampiro solo fue una anécdota sin importancia perdñida en los abismos de la mente de Theon. Tomaban sangre, mataban alguna persona de vez en cuando, robaban en los cementerios, asustaban gente, paseaban durante toda la noche hablando de una manera extrañamente significativa para los dos, tomados de la mano, con un amor aún más intenso que antes.
El mundo tenia otro color, otro sabor y otro aroma, observaban a los humanos desaparecer en una mancha informe y sucia, los miraban con desprecio y un poco de incredulidad, asistían a funerales anónimos y arrojaban miles de rosas en las fosas de gente desconocida, pagaban los vicios de extraños, sólo para ver si se metían en el cuerpo todo lo que les daban sólo por el hecho de ser gratis.
Se convirtieron en hermanos más allá de lo que esa palabra puede significar para el más estrecho lazo de sangre y por un momento olvidaron lo diferentes que eran sus personalidades, imbuidos en la sangre, todo parecía conectarlos.
Ambos eran feroces depredadores, amaban el sabor de la sangre, no mataban si podían evitarlo más que nada por el lío que significaba deshacerse luego de los cuerpos, pero les gustaba jugar con sus victimas. Les gustaba morder las muñecas o los antebrazos pero no los cuellos y creían apropiado dejar dinero sobre las camas o los cuerpos antes de retirarse, como si estuvieran comprando la sangre que les daban.
Cayeron en la cuenta que su belleza les ayudaba a obtener las cosas que querían mucho mas fácilmente que cuando eran mortales.
Si antes los ojos verdes de Theon, o la sonrisa resplandeciente de Ellus les abrían miles de puertas, ahora ni si quiera necesitaban ir tras lo que querían, todo parecía estar ahí para ellos aunque realmente no quisieran nada.
Con sus nuevos sentidos agudizados no estaban muy en sintonía con las drogas, ni con el alcohol, ni con la comida, ni si quiera con sus amados porros liados con maestría, sin embargo besarse eran una experiencia sutilmente devastadora, se tocaban y terminaban en la cama con una frecuencia alarmante que solo le podían atribuir a las necesidades táctiles y sensoriales de su nueva condición.
Pasaron años en ese amor nacido solamente de las particularidades de su inmortal existencia, años durante los cuales fueron felices y descubrían juntos y solos las maravillas de ser lo que eran aunque no lo entendieran realmente, de desenvolverse llenos de exquisitos detalles, de deseos que antes no se habían expresado, de sus verdaderas personalidades.
“Vampiros“, dijo Ellus. “Dioses” dijo Theon.
Con los años, sus ánimos se aplacaron un poco y cada uno encontró su centro en esa nueva vida.
Theon comenzó a devorar libro tras libro que caía en sus manos, mientras Ellus hacia girar sus discos instrumentales a todas horas, mirando las luces, la ciudad, el brillo de la única vela sobre la mesa.
Theon escribía compulsivamente historias, pensamientos, frases, ocurrencias. Ellus se paseaba por la casa encendiendo y apagando las luces, con los audífonos bien metidos en los oídos.
Theon lo arrastraba a las librerías donde se llevaba todo lo que podían cargar, Ellus abría la ventana y se quedaba mirando al exterior, tarareando.
Finalmente, Theon comenzó a pensar en lo que había afuera, en el mundo, mientras que Ellus se fue hundiendo más y más en los abismos de su personalidad solitaria.
Ahí comenzaron los problemas.
Ellus solía dormir abrazado a el, enroscado más bien dicho, con el cabello miel desparramado sobre la almohada y el pecho de Theon, oyendo su respiración, sintiendo como si el vinculo que los unía fuera físico. No eran solo amantes, eran siameses unidos por el corazón.
Se sentía unido a el mas que a cualquier otra persona en el mundo, ellos se habían elegido mutuamente con el relativo conocimiento de ser diferentes pero sin la certeza de serlo, sin embargo luego habían sido elegidos, ambos, para afrontar las tareas de la inmortalidad y eso hacia el hecho de estar juntos más que una necesidad o una jugada astuta del destino.
Sus cuerpos encajaban bien, jamás lo negaron, Theon sentía el ligero pero de Ellus sobre el y eso lo hacia sentir protegido, a demás, le gustaba el aroma de la piel de Ellus, algo que jamás pudo distinguir, como si su cuerpo emanara un aroma que lo tranquilizara, algo casi sedante.
A su lado, Theon dormía profundamente.
Pero luego, Theon comenzó a dormir en su ataúd.
La lectura influenciaba profundamente su manera de actuar. Leía a cerca de otros como ellos, buscando una guía, algo que les explicara lo que debían hacer, lo que se esperaba de ellos. Y había estado leyendo a Anne Rice.
Eso le provoco un fuerte rechazo a Ellus, que tuvo que conformarse con usar la cama, que era demasiado grande para su cuerpo flacucho y lo hacia sentirse terriblemente solo. Así que siempre terminaba encerrado en el baño, acostado en la tina, escuchando música por sus audífonos diminutos. Las mismas canciones y melodías una y otra vez.
Entonces comenzó a pensar en la muerte, y no en la que regalaba cada vez que se alimentaba, si no en la suya.
PS: al fin el capitulo 4 (si, F-chan, estoy haciendo un PS solo por que tu me diste la idea, gracias, 1 punto para ti) este capitulo se me resistio bastante pues cuando comence a escribirlo estaba bajo los efectos de la vacuna contra la gripe H1N1, da igual, todos vamos a morir (menos Theon y Ellus obviamente).
luego de ver como eran de mortales, ahora vemos como paso lo que paso y por que paso, que es lo mas importante, hay cosas que aun no se saben y que quisas jamas se sepan y detalles que se explicaran mas adelante. personalmente, me encanta Ellus, me lo imagino destrozando la propiedad publica como en el dia del joven combatiente XD, y Theon me en canta por que mientras lo escribia estaba mirando una foto de Ville Valo (no me odien, no-fanaticos-de-HIM, es dificil resistirse al poder de Ville, mi amor por Theon es puramente fisico XD.
mucha sangre en este capitulo y cero censura (por ahora)lo que queria dejar claro es que despues de convertirse en vampiros fue como si se volvieran a conocer. bonito, ojala eso pasara en verdad.
bueno, gracias a las 3 o 4 personas que estan leyendo esto, espero que en un futuro sean mas (haganme publicidad, no sean timidos, si no escribo taaan mal)pero mientras sean pokitas les puedo agradecer individualmente (gracias a la niña del nombre gracioso, Maggi, la lolita-toreadora, a F-chan (si Fran, tu), su hermano de toda la vida (hay que risa XD),a mi amigui Nataly, la enfemera, que quisas lo este leyendo, quisas no, a la F mayuscula y la F minuscula (toy bromeando) a Bruno y a Fer por aprobar mi capitulo piloto y creo que eso es todo, si se me queda alguien en el tintero pues se aguantan hasta el 5.
Liz
miércoles, 31 de marzo de 2010
Bellas Melodias III (flashback)
(capitulo 3. se supone que ahora la cosa va tomando mas sentido, pero esto es mas que nada para describirlos y que se los imaginen bien.
espero que les guste y que no se decepcionen o algo por las personalidades, la de Ellus fue una sorpresa incluso para mi XD.
y si alguien tiene una foto o un dibujito que quede bien, le agradeceria que lo compartiera, hay que alegrar un poco esto...)
Bellas Melodias III flashback
Se conocieron una noche fría de finales de abril.
Estaban en una plaza rodeada de faroles, iluminada como un ring de lucha libre, donde una bastante común e incluso alegre pelea de bar llegó a límites insospechados de violencia, gritos y sangre.
Les había fascinado de igual manera la estupidez y la ferocidad con la que se atacaban mutuamente aquellos alcoholizados personajes, no podían creer que ellos pertenecían a la misma raza. ¿Será que algunas personas vienen con fallas técnicas inherentes como los electrodomésticos?, ¿o les sucede como a los teléfonos móviles que, de vez en cuando, pierden la señal?
Como fuera, era divertidísimo olvidar los problemas propios mientras los demás se partían la cara en encuentros primitivos y sin sentido.
Ah, la vieja diversión de la muerte. Los romanos habían tenido razón, a medias al menos. Lo que veían en aquella plaza no era muy diferente a las antiguas venationes o a las peleas de gladiadores. El humano es un animal simple con una programación base clásica: divertirse con el dolor ajeno.
Y ambos estaban más que concientes de eso.
Observaron como los patrones de sangre saltaban, cuales rojas hormigas ingrávidas, hasta caer al suelo. La sucia intimidad de las peleas llegaba a su punto mas atractivo cuando el escarlata hacia su aparición. El aire se cargaba de tensión, los gritos obscenos les cegaban los oídos como rugidos de leones, el ruido de los nudillos chocando con las mandíbulas era casi visible, como un relámpago. Casi podían ver como el aroma metálico de la sangre impulsaba a los luchadores hacia la tragedia.
Finalmente uno caía al suelo con la nariz abierta como un grifo, chorreando espesa agua pantanosa.
Ellus imaginó que aquella sangre roja era caramelo, dulce y caliente, se imaginó que el estaba derramándola, que él había dado ese poderoso golpe y había tumbado a ese hombre del doble de su altura (algo que era virtualmente imposible de lograr, era bastante ágil corriendo, pero no muy fuerte). Theon solo observo lo maleable de la piel ante los golpes y se preguntó si él seria capaz de soportar un dolor así de manera tan gratuita.
Decidió que no quería averiguarlo.
Ambos habían llegado ahí llamados por la curiosidad. Necesitaban ver y sentir la electricidad que corría entre las personas cuando se jugaban la vida o el honor o cualquiera de esas ridiculeces. Se alimentaban de aquellas emociones llenas de ira pero vacías de sentido. Las perseguían como si fueran un par de investigadores imbuidos en una antigua cultura salvaje, protohistórica, perdida en el tiempo.
Entonces, en medio del espectáculo de sus animalizados congéneres, se miraron desde los distantes extremos donde se habían puesto a resguardo de cualquier golpe desencaminado. Sonriendo con igualmente enfermas muecas de admiración ante lo que consideraban magnifico, simplemente estúpido.
De inmediato se hicieron amigos como si se conocieran de toda la vida. De esos amigos que significan un cambio en tu manera de ver el mundo, con quien sientes una conexión tan completa y tan fuerte, que todo, absolutamente todo, tienes que compartirlo con la otra persona.
Podría ser correcto incluso decir que se habían enamorado en el mismo momento en el que sus miradas claras se cruzaron, cargadas de un inexpresable y, ya intolerable, anhelo por encontrar alguien con gustos a fines.
Pero todo era producto de sus egocéntricas personalidades, se adoraban por que se reconocían en el otro como si estuvieran viendo dentro de un espejo distorsionado y sus instintos los atraían tanto hacia las similitudes como a las diferencias que había entre ellos.
Ellus era todo lo que Theon jamás podría ni le interesaría llegar a ser: crítico, conciente, anarquista, destructivo y, aun así, tímidamente tierno. Hijo de unos comerciantes que ignoraban que se había ido por el mal camino. Un poco extraño para vestir, se llenaba el cuello de cadenas y collares, y las muñecas de pulseras hechas por el mismo y vestía como si hubiese sido atacado por el mal gusto: con camisetas rotas, varias tallas más grandes y jeans gastados y rotos.
Pero en su interior se escondía un cerebro brillante, puramente impulsivo e inteligente, sus neuronas vibraban al ser atacadas con estímulos visuales y auditivos tan poderosos como lo podían ser las peleas. Adoraba la música y solía cantar agrito pelado mientras corría por las calles escapando de los dueños de las paredes que había rayado con sus consignas revolucionarias o mientras se encaramaba a los techos o a los árboles sintiendo la adrenalina de la vida fluir, pura y eléctrica, por su sangre.
Theon, en cambio, era sofisticado, irónico y altanero. No se ensuciaba las manos por nada ni por nadie, vestía casi siempre de negro y sus ojos, fantasmagóricamente verdes, compensaban la falta de color en el resto de su persona. Era inconciente tanto con el ambiente como con su propio cuerpo y creía que los verdaderos cambios de la sociedad nacían de ideas revolucionarias y no de andar rayando las paredes ni derribando edificios (como opinaba Ellus en sus arranques terroristas).
Usaba un simple anillo de plata sin ningún adorno y se le notaba a kilómetros que venia de una buena familia que se lo había quitado de encima, a base de darle en el gusto en todo.
Era ferozmente critico con la sociedad pero de una manera mas reposada que Ellus. No le gustaba ni la televisión ni el cine y era un fiel seguidor de sus propios códigos de conducta, bastante simples de hecho. Destilados de las enseñanzas de Bertrand Russell y la sabiduría popular: habían cosas que se podían cambiar y cosas que no, y lo único que puede hacer una persona para vivir bien, es saber distinguirlas y aceptar las que no se pueden cambiar y tener el coraje suficiente para cambiar las que si.
Ambos actuaban como si, hasta ese momento, no se hubiesen atrevido a decir o hacer lo que realmente querían delante de los demás, por que sabían que nadie compartía su extraña opinión.
¿Para qué gastar energía explicándole al vulgo lo divertido que era verlos hundidos en la estupidez y el sin sentido? ellos no apreciarían la sutileza de sus burlas, es mas, ellos se burlaban cruelmente sin entender nunca lo que decían. Como si el ser educado, conciente o intelectualmente superior fuera algo malo.
Jamás llegarían al extremo de sentirse mal por ser diferentes, por preferir la música instrumental y los libros que una java de cerveza y la obscenidad de las canciones de moda.
En cambio, habiendo superado la primera impresión de querer exterminar a toda esa raza de desgraciados amantes de los más asquerosos vicios y gustos musicales (y la profunda decepción que les provocaban) se decidieron por preocuparse de sus vidas sin ofuscar ni tratar de cambiar al prójimo. Si no, simplemente, observándolos. Como si se tratara de una colonia de bichitos: interesantes y educativos, pero que, si un día desaparecen, no pasa nada.
Así fue como se conocieron y así se hicieron dependientes el uno del otro.
Pasaron de sentirse extremadamente frustrados a convivir en un microcosmos hecho a medida, un espacio silencioso, secreto, solo suyo.
Era como si se hubiesen estado esperando mutuamente para liberar esos sentimientos y esas emociones restringidas en lo más profundo de su ser.
Entre ellos se formó, de inmediato, una conexión más que obvia.
Que más daba que los demás los miraran reprobatorios. Era maravilloso si Theon se doblaba de la risa al escuchar los discursos subversivos de Ellus, viendo como perdía la poca cordura que le quedaba en una nube espesa de marihuana filtrada por los pulmones de los ahí presentes y filosofaba a cerca de la decadencia de la humanidad. No importaba para nada que los cerdos burgueses los odiaran (y que en algunos casos esos cerdos fueran sus propias familias) siempre era divertido ver como los dientes de sus contemporáneos caían como hojas de otoño en medio de una pelea, como el drogadicto chocaba con las paredes antes de caer, vomitando al suelo, como la masa inconsciente se cocinaba en sus propios vapores y jugos viciosos.
Y aunque no fueran concientes de la atracción que sentían el uno por el otro, sus cuerpos emanaban la química necesaria para mantenerlos unidos hasta que se dieran cuenta.
En un principio fue solo una sana amistad basada en lo gracioso que era Ellus y en la seriedad de Theon, en lo mucho que a Ellus le gustaba la música y a Theon los libros, en la inherente ternura de Ellus y que a Theon le encantaban las creaturas lindas y tímidas, en que Theon había vivido en sus 23 años, cosas que Ellus ni si quiera sospechaba, en lo apuestos que ambos eran y en que estaban en esa edad indefinida entre los 19 y los veintitantos en los que no esta mal acostarte con alguien a quien recién conoces, ni caerte de borracho, ni quedar inconciente bajo una mesa, ni deslizar tu nariz sobre polvos de dudosa procedencia y en la que, de hecho, nada esta mal del todo.
Descubrieron que si se iban de juerga juntos, el beber hasta vomitar y quedar inconciente, el hacer cosas por el puro gusto de hacerlas sin pensar mucho en ello, podía llegar a ser entretenido.
Se gastaban todo el dinero de Theon (que no era poco) peregrinando por fiestas y bares, ferias de antigüedades al aire libre y exposiciones de arte. Theon conocía todo tipo de gente, exiliados, artistas sin un peso, buenas y decentes personas, rockeros sin éxito, hijos o parientes de “alguien” famoso, políticos, escritores, actores y funcionarios de todos niveles que los invitaban a fiestas donde se fumaban todo tipo de hierba que les ofrecían y despertaban enredados en cuerpos que no conocían, bañados en sudor de diferentes noches.
Con el tiempo, comenzaron a buscar algo más que llenara sus vidas, pero no sabían bien que. Inconcientemente querían llegar al fondo de sus más profundos deseos e impulsos y descartaban cada vicio, uno a uno, con desesperación.
Pero nada los llenaba lo suficiente y no entendían por que para ellos no funcionaba como para el resto.
Quizás su única diversión fuera contemplar y menospreciar a la raza humana y en lo que se estaban convirtiendo, en ser mudos testigos de la caída libre en el abismo sin poder ser parte de la sensación de ingravidez, si no, ser los únicos concientes que abajo espera un golpe mas que fatal contra un suelo extremadamente duro.
Que idea mas deprimente.
Y en el camino, se portaban exactamente de la manera que mas reprobaban. Sin embargo para ellos era una búsqueda importantísima y sagrada: La búsqueda de su propósito en la vida. Y no importaba que tan malo fuera su comportamiento, ellos jamás iban a ser iguales a aquellos seres, aquellos bosquejos incompletos de humanos, insectos atrapados en las telarañas de sus marginalidades, de sus vicios.
Ellus podía vestirse como un pordiosero y Theon perder la conciencia con la cabeza apoyada en la mesa, pero se sabían superiores, individuos diferentes que, en cuanto llegaran a su destino, no necesitarían nunca mas recurrir a esa vida.
Hasta que, un día, se aburrieron del resto del mundo y decidieron enclaustrarse a planear su próximo paso.
Se fueron al departamento de Theon, cargados de toda la hierba que pudieron encontrar y se pasaron un fin de semana abasteciendo sus cuerpos solo con las escasas calorías que necesitaban para no caer desmayados (en su gran parte laminas gruesas de queso amarillo, mantecoso y con un delicioso gusto a leche) y el humo de los porros que liaban con dedos expertos por la practica, pero entorpecidos por los efectos.
Fueron como unas vacaciones llenas de claridad mental, entregándose solo a la regeneradora presencia de la hierba, buena hierba, en sus sistemas. Dejando que la naturaleza limpiara su organismo de las toxinas consumidas durante su selvática semana.
Durante esa vegetal cuesta abajo, descubrieron lo relajante que podía ser tener sexo entre ellos, lo bien que le podía hacer a sus cuerpos y a sus mentes. Lo terapéutico de sus besos, lo liberadora que era esa sensación de la tibieza de otro cuerpo junto al suyo, de lo tranquilizadora que podía ser la sola sensación de tocar piel suave y viva. De besarse, manosearse, correrse y abrazarse. Dormir horas, despertar y pasar el día juntos sin tener que dar ni pedir explicaciones, ni llamar un taxi cuando aun no te has vestido y aun estas pegajoso, con el corazón latiendo a mil por hora.
A ambos los había cautivado completamente la sensación de despertar con la misma persona entre los brazos cada mañana. Encontrar un par de ojos familiares si te despiertas a media noche necesitando un norte. Saber que al otro lado de la puerta hay alguien que vendrá si lo llamas, que contestara tus preguntas con sinceridad, que, si estas hecho un asco, será capaz de mirarte a los ojos y decirte: “estas hecho un asco” como le había dijo Theon para luego largarse a reír, alguien que te ha dicho y te ha hecho las mismas cosas que tu a el, que podría llegar a amarte, si lo sabes tratar con cuidado.
Solo ellos existieron en el mundo ese fin de semana y Ellus jamás llegaría a recuperarse del todo. Se había entregado de manera tan completa a todas las peticiones de Theon que, cuando se separaron, sintió que algo de el se había ido con su amante y que jamás volvería a ser el mismo.
No es que fuera virgen, ni mojigato ni mucho menos. Para Ellus, el sexo era natural pero especial, cada vez tenia que ser única y diferente, si no era así, no tenia gracia. Pero frente a Theon se revelaba su faceta mas sumisa y eso afectaba profundamente su alma de guerrillero, de kamikaze, de rebelde. De pronto, se encontraba en la cama, pensando solamente en como satisfacerlo a el, en como agradarle, en como sorprenderlo.
Y la sensación de lograr todo eso era tan adictiva como las drogas que consumían para alterar sus, ya de por si afectados, estados de conciencia.
No dijo nada de lo que pensaba y sentía. No había para que. Sentía que Theon le leía la mente, como si sus ojos, tan verdes que parecían de otro mundo, fueran en verdad un artilugio mágico mediante el cual podía saber lo que pensaba, seguir las sinapsis eléctricas de sus neuronas, licuar su cerebro y beberlo conociendo todos sus secretos y sus sensaciones.
Siguió actuando como si no pasara nada. Las mismas fiestas, el mismo derroche de dinero y energía y, una vez a la semana, se dedicaban a hundirse mutuamente en el cuerpo del otro sin pudor y sin conciencia de nada que no fueran solo ellos dos.
Como una terapia regenerativa de cuerpo y alma.
A Ellus le encantaba la intima cofradía que habían armado. Ambos únicos compositores de sus disfrutes y sus desdichas, únicos responsables de lo que estaban haciendo, los únicos que lo sabían en el mundo.
Esperaba con ansias el fin de semana, sublimando hasta tal punto su deseo que, a duras penas cruzaban palabra, mientras se desvestían en el recibidor del departamento y se lanzaban en brazos del otro.
Ellus, normalmente, se cortaba ante el mas mínimo roce y no le gustaba que lo tocaran mucho. Terminaba en la cama con alguien solo cuando estaba seguro que ese alguien ofrecía algo que nadie mas podía darle. A Theon, en cambio, le gustaba acostarse con las personas como si fuera un deporte, era solo una adicción mas entre sus muchas dependencias y Ellus lo aceptaba tan bien como si se estuviera bebiendo, egoístamente, una botella de whisky.
No había celos que mermaran su relación por que ambos sabían que solo se pertenecían el uno al otro, que entre todos los humanos con los que se cruzaban, solo ellos tenían derecho a verse como iguales. Ellos iban en serio. El resto era solo por diversión.
Muchos oían los gemidos de Theon en sus oídos, muchos lo recibían en sus brazos y en sus cuerpos, pero sólo Ellus sabia que le gustaba que le besaran el cuello y que le mordieran delicadamente los dedos mientras hacían el amor. Solo él conocía la manera exacta de hacer que se corriera tres, cuatro y hasta seis veces por noche, solo con sus manos y su boca, sin necesidad de recurrir a todas las drogas legales e ilegales y los diversos venenos que tomaban para soportar la compañía de otros.
Y aun así, se consideraban un par de muchachos completamente normales según sus propios y distorsionados estándares.
Seguían buscando lo que los impulsaba, lo que les pertenecia. Sabían que habia algo mas allá, esperándolos, solo que ahora, si al final del día no lo encontraban , podían refugiarse el uno en el otro. Era como volver a casa.
Hasta la noche en la que la búsqueda de Theon, lo llevo a irse con un vampiro.
espero que les guste y que no se decepcionen o algo por las personalidades, la de Ellus fue una sorpresa incluso para mi XD.
y si alguien tiene una foto o un dibujito que quede bien, le agradeceria que lo compartiera, hay que alegrar un poco esto...)
Bellas Melodias III flashback
Se conocieron una noche fría de finales de abril.
Estaban en una plaza rodeada de faroles, iluminada como un ring de lucha libre, donde una bastante común e incluso alegre pelea de bar llegó a límites insospechados de violencia, gritos y sangre.
Les había fascinado de igual manera la estupidez y la ferocidad con la que se atacaban mutuamente aquellos alcoholizados personajes, no podían creer que ellos pertenecían a la misma raza. ¿Será que algunas personas vienen con fallas técnicas inherentes como los electrodomésticos?, ¿o les sucede como a los teléfonos móviles que, de vez en cuando, pierden la señal?
Como fuera, era divertidísimo olvidar los problemas propios mientras los demás se partían la cara en encuentros primitivos y sin sentido.
Ah, la vieja diversión de la muerte. Los romanos habían tenido razón, a medias al menos. Lo que veían en aquella plaza no era muy diferente a las antiguas venationes o a las peleas de gladiadores. El humano es un animal simple con una programación base clásica: divertirse con el dolor ajeno.
Y ambos estaban más que concientes de eso.
Observaron como los patrones de sangre saltaban, cuales rojas hormigas ingrávidas, hasta caer al suelo. La sucia intimidad de las peleas llegaba a su punto mas atractivo cuando el escarlata hacia su aparición. El aire se cargaba de tensión, los gritos obscenos les cegaban los oídos como rugidos de leones, el ruido de los nudillos chocando con las mandíbulas era casi visible, como un relámpago. Casi podían ver como el aroma metálico de la sangre impulsaba a los luchadores hacia la tragedia.
Finalmente uno caía al suelo con la nariz abierta como un grifo, chorreando espesa agua pantanosa.
Ellus imaginó que aquella sangre roja era caramelo, dulce y caliente, se imaginó que el estaba derramándola, que él había dado ese poderoso golpe y había tumbado a ese hombre del doble de su altura (algo que era virtualmente imposible de lograr, era bastante ágil corriendo, pero no muy fuerte). Theon solo observo lo maleable de la piel ante los golpes y se preguntó si él seria capaz de soportar un dolor así de manera tan gratuita.
Decidió que no quería averiguarlo.
Ambos habían llegado ahí llamados por la curiosidad. Necesitaban ver y sentir la electricidad que corría entre las personas cuando se jugaban la vida o el honor o cualquiera de esas ridiculeces. Se alimentaban de aquellas emociones llenas de ira pero vacías de sentido. Las perseguían como si fueran un par de investigadores imbuidos en una antigua cultura salvaje, protohistórica, perdida en el tiempo.
Entonces, en medio del espectáculo de sus animalizados congéneres, se miraron desde los distantes extremos donde se habían puesto a resguardo de cualquier golpe desencaminado. Sonriendo con igualmente enfermas muecas de admiración ante lo que consideraban magnifico, simplemente estúpido.
De inmediato se hicieron amigos como si se conocieran de toda la vida. De esos amigos que significan un cambio en tu manera de ver el mundo, con quien sientes una conexión tan completa y tan fuerte, que todo, absolutamente todo, tienes que compartirlo con la otra persona.
Podría ser correcto incluso decir que se habían enamorado en el mismo momento en el que sus miradas claras se cruzaron, cargadas de un inexpresable y, ya intolerable, anhelo por encontrar alguien con gustos a fines.
Pero todo era producto de sus egocéntricas personalidades, se adoraban por que se reconocían en el otro como si estuvieran viendo dentro de un espejo distorsionado y sus instintos los atraían tanto hacia las similitudes como a las diferencias que había entre ellos.
Ellus era todo lo que Theon jamás podría ni le interesaría llegar a ser: crítico, conciente, anarquista, destructivo y, aun así, tímidamente tierno. Hijo de unos comerciantes que ignoraban que se había ido por el mal camino. Un poco extraño para vestir, se llenaba el cuello de cadenas y collares, y las muñecas de pulseras hechas por el mismo y vestía como si hubiese sido atacado por el mal gusto: con camisetas rotas, varias tallas más grandes y jeans gastados y rotos.
Pero en su interior se escondía un cerebro brillante, puramente impulsivo e inteligente, sus neuronas vibraban al ser atacadas con estímulos visuales y auditivos tan poderosos como lo podían ser las peleas. Adoraba la música y solía cantar agrito pelado mientras corría por las calles escapando de los dueños de las paredes que había rayado con sus consignas revolucionarias o mientras se encaramaba a los techos o a los árboles sintiendo la adrenalina de la vida fluir, pura y eléctrica, por su sangre.
Theon, en cambio, era sofisticado, irónico y altanero. No se ensuciaba las manos por nada ni por nadie, vestía casi siempre de negro y sus ojos, fantasmagóricamente verdes, compensaban la falta de color en el resto de su persona. Era inconciente tanto con el ambiente como con su propio cuerpo y creía que los verdaderos cambios de la sociedad nacían de ideas revolucionarias y no de andar rayando las paredes ni derribando edificios (como opinaba Ellus en sus arranques terroristas).
Usaba un simple anillo de plata sin ningún adorno y se le notaba a kilómetros que venia de una buena familia que se lo había quitado de encima, a base de darle en el gusto en todo.
Era ferozmente critico con la sociedad pero de una manera mas reposada que Ellus. No le gustaba ni la televisión ni el cine y era un fiel seguidor de sus propios códigos de conducta, bastante simples de hecho. Destilados de las enseñanzas de Bertrand Russell y la sabiduría popular: habían cosas que se podían cambiar y cosas que no, y lo único que puede hacer una persona para vivir bien, es saber distinguirlas y aceptar las que no se pueden cambiar y tener el coraje suficiente para cambiar las que si.
Ambos actuaban como si, hasta ese momento, no se hubiesen atrevido a decir o hacer lo que realmente querían delante de los demás, por que sabían que nadie compartía su extraña opinión.
¿Para qué gastar energía explicándole al vulgo lo divertido que era verlos hundidos en la estupidez y el sin sentido? ellos no apreciarían la sutileza de sus burlas, es mas, ellos se burlaban cruelmente sin entender nunca lo que decían. Como si el ser educado, conciente o intelectualmente superior fuera algo malo.
Jamás llegarían al extremo de sentirse mal por ser diferentes, por preferir la música instrumental y los libros que una java de cerveza y la obscenidad de las canciones de moda.
En cambio, habiendo superado la primera impresión de querer exterminar a toda esa raza de desgraciados amantes de los más asquerosos vicios y gustos musicales (y la profunda decepción que les provocaban) se decidieron por preocuparse de sus vidas sin ofuscar ni tratar de cambiar al prójimo. Si no, simplemente, observándolos. Como si se tratara de una colonia de bichitos: interesantes y educativos, pero que, si un día desaparecen, no pasa nada.
Así fue como se conocieron y así se hicieron dependientes el uno del otro.
Pasaron de sentirse extremadamente frustrados a convivir en un microcosmos hecho a medida, un espacio silencioso, secreto, solo suyo.
Era como si se hubiesen estado esperando mutuamente para liberar esos sentimientos y esas emociones restringidas en lo más profundo de su ser.
Entre ellos se formó, de inmediato, una conexión más que obvia.
Que más daba que los demás los miraran reprobatorios. Era maravilloso si Theon se doblaba de la risa al escuchar los discursos subversivos de Ellus, viendo como perdía la poca cordura que le quedaba en una nube espesa de marihuana filtrada por los pulmones de los ahí presentes y filosofaba a cerca de la decadencia de la humanidad. No importaba para nada que los cerdos burgueses los odiaran (y que en algunos casos esos cerdos fueran sus propias familias) siempre era divertido ver como los dientes de sus contemporáneos caían como hojas de otoño en medio de una pelea, como el drogadicto chocaba con las paredes antes de caer, vomitando al suelo, como la masa inconsciente se cocinaba en sus propios vapores y jugos viciosos.
Y aunque no fueran concientes de la atracción que sentían el uno por el otro, sus cuerpos emanaban la química necesaria para mantenerlos unidos hasta que se dieran cuenta.
En un principio fue solo una sana amistad basada en lo gracioso que era Ellus y en la seriedad de Theon, en lo mucho que a Ellus le gustaba la música y a Theon los libros, en la inherente ternura de Ellus y que a Theon le encantaban las creaturas lindas y tímidas, en que Theon había vivido en sus 23 años, cosas que Ellus ni si quiera sospechaba, en lo apuestos que ambos eran y en que estaban en esa edad indefinida entre los 19 y los veintitantos en los que no esta mal acostarte con alguien a quien recién conoces, ni caerte de borracho, ni quedar inconciente bajo una mesa, ni deslizar tu nariz sobre polvos de dudosa procedencia y en la que, de hecho, nada esta mal del todo.
Descubrieron que si se iban de juerga juntos, el beber hasta vomitar y quedar inconciente, el hacer cosas por el puro gusto de hacerlas sin pensar mucho en ello, podía llegar a ser entretenido.
Se gastaban todo el dinero de Theon (que no era poco) peregrinando por fiestas y bares, ferias de antigüedades al aire libre y exposiciones de arte. Theon conocía todo tipo de gente, exiliados, artistas sin un peso, buenas y decentes personas, rockeros sin éxito, hijos o parientes de “alguien” famoso, políticos, escritores, actores y funcionarios de todos niveles que los invitaban a fiestas donde se fumaban todo tipo de hierba que les ofrecían y despertaban enredados en cuerpos que no conocían, bañados en sudor de diferentes noches.
Con el tiempo, comenzaron a buscar algo más que llenara sus vidas, pero no sabían bien que. Inconcientemente querían llegar al fondo de sus más profundos deseos e impulsos y descartaban cada vicio, uno a uno, con desesperación.
Pero nada los llenaba lo suficiente y no entendían por que para ellos no funcionaba como para el resto.
Quizás su única diversión fuera contemplar y menospreciar a la raza humana y en lo que se estaban convirtiendo, en ser mudos testigos de la caída libre en el abismo sin poder ser parte de la sensación de ingravidez, si no, ser los únicos concientes que abajo espera un golpe mas que fatal contra un suelo extremadamente duro.
Que idea mas deprimente.
Y en el camino, se portaban exactamente de la manera que mas reprobaban. Sin embargo para ellos era una búsqueda importantísima y sagrada: La búsqueda de su propósito en la vida. Y no importaba que tan malo fuera su comportamiento, ellos jamás iban a ser iguales a aquellos seres, aquellos bosquejos incompletos de humanos, insectos atrapados en las telarañas de sus marginalidades, de sus vicios.
Ellus podía vestirse como un pordiosero y Theon perder la conciencia con la cabeza apoyada en la mesa, pero se sabían superiores, individuos diferentes que, en cuanto llegaran a su destino, no necesitarían nunca mas recurrir a esa vida.
Hasta que, un día, se aburrieron del resto del mundo y decidieron enclaustrarse a planear su próximo paso.
Se fueron al departamento de Theon, cargados de toda la hierba que pudieron encontrar y se pasaron un fin de semana abasteciendo sus cuerpos solo con las escasas calorías que necesitaban para no caer desmayados (en su gran parte laminas gruesas de queso amarillo, mantecoso y con un delicioso gusto a leche) y el humo de los porros que liaban con dedos expertos por la practica, pero entorpecidos por los efectos.
Fueron como unas vacaciones llenas de claridad mental, entregándose solo a la regeneradora presencia de la hierba, buena hierba, en sus sistemas. Dejando que la naturaleza limpiara su organismo de las toxinas consumidas durante su selvática semana.
Durante esa vegetal cuesta abajo, descubrieron lo relajante que podía ser tener sexo entre ellos, lo bien que le podía hacer a sus cuerpos y a sus mentes. Lo terapéutico de sus besos, lo liberadora que era esa sensación de la tibieza de otro cuerpo junto al suyo, de lo tranquilizadora que podía ser la sola sensación de tocar piel suave y viva. De besarse, manosearse, correrse y abrazarse. Dormir horas, despertar y pasar el día juntos sin tener que dar ni pedir explicaciones, ni llamar un taxi cuando aun no te has vestido y aun estas pegajoso, con el corazón latiendo a mil por hora.
A ambos los había cautivado completamente la sensación de despertar con la misma persona entre los brazos cada mañana. Encontrar un par de ojos familiares si te despiertas a media noche necesitando un norte. Saber que al otro lado de la puerta hay alguien que vendrá si lo llamas, que contestara tus preguntas con sinceridad, que, si estas hecho un asco, será capaz de mirarte a los ojos y decirte: “estas hecho un asco” como le había dijo Theon para luego largarse a reír, alguien que te ha dicho y te ha hecho las mismas cosas que tu a el, que podría llegar a amarte, si lo sabes tratar con cuidado.
Solo ellos existieron en el mundo ese fin de semana y Ellus jamás llegaría a recuperarse del todo. Se había entregado de manera tan completa a todas las peticiones de Theon que, cuando se separaron, sintió que algo de el se había ido con su amante y que jamás volvería a ser el mismo.
No es que fuera virgen, ni mojigato ni mucho menos. Para Ellus, el sexo era natural pero especial, cada vez tenia que ser única y diferente, si no era así, no tenia gracia. Pero frente a Theon se revelaba su faceta mas sumisa y eso afectaba profundamente su alma de guerrillero, de kamikaze, de rebelde. De pronto, se encontraba en la cama, pensando solamente en como satisfacerlo a el, en como agradarle, en como sorprenderlo.
Y la sensación de lograr todo eso era tan adictiva como las drogas que consumían para alterar sus, ya de por si afectados, estados de conciencia.
No dijo nada de lo que pensaba y sentía. No había para que. Sentía que Theon le leía la mente, como si sus ojos, tan verdes que parecían de otro mundo, fueran en verdad un artilugio mágico mediante el cual podía saber lo que pensaba, seguir las sinapsis eléctricas de sus neuronas, licuar su cerebro y beberlo conociendo todos sus secretos y sus sensaciones.
Siguió actuando como si no pasara nada. Las mismas fiestas, el mismo derroche de dinero y energía y, una vez a la semana, se dedicaban a hundirse mutuamente en el cuerpo del otro sin pudor y sin conciencia de nada que no fueran solo ellos dos.
Como una terapia regenerativa de cuerpo y alma.
A Ellus le encantaba la intima cofradía que habían armado. Ambos únicos compositores de sus disfrutes y sus desdichas, únicos responsables de lo que estaban haciendo, los únicos que lo sabían en el mundo.
Esperaba con ansias el fin de semana, sublimando hasta tal punto su deseo que, a duras penas cruzaban palabra, mientras se desvestían en el recibidor del departamento y se lanzaban en brazos del otro.
Ellus, normalmente, se cortaba ante el mas mínimo roce y no le gustaba que lo tocaran mucho. Terminaba en la cama con alguien solo cuando estaba seguro que ese alguien ofrecía algo que nadie mas podía darle. A Theon, en cambio, le gustaba acostarse con las personas como si fuera un deporte, era solo una adicción mas entre sus muchas dependencias y Ellus lo aceptaba tan bien como si se estuviera bebiendo, egoístamente, una botella de whisky.
No había celos que mermaran su relación por que ambos sabían que solo se pertenecían el uno al otro, que entre todos los humanos con los que se cruzaban, solo ellos tenían derecho a verse como iguales. Ellos iban en serio. El resto era solo por diversión.
Muchos oían los gemidos de Theon en sus oídos, muchos lo recibían en sus brazos y en sus cuerpos, pero sólo Ellus sabia que le gustaba que le besaran el cuello y que le mordieran delicadamente los dedos mientras hacían el amor. Solo él conocía la manera exacta de hacer que se corriera tres, cuatro y hasta seis veces por noche, solo con sus manos y su boca, sin necesidad de recurrir a todas las drogas legales e ilegales y los diversos venenos que tomaban para soportar la compañía de otros.
Y aun así, se consideraban un par de muchachos completamente normales según sus propios y distorsionados estándares.
Seguían buscando lo que los impulsaba, lo que les pertenecia. Sabían que habia algo mas allá, esperándolos, solo que ahora, si al final del día no lo encontraban , podían refugiarse el uno en el otro. Era como volver a casa.
Hasta la noche en la que la búsqueda de Theon, lo llevo a irse con un vampiro.
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