(capitulo 3. se supone que ahora la cosa va tomando mas sentido, pero esto es mas que nada para describirlos y que se los imaginen bien.
espero que les guste y que no se decepcionen o algo por las personalidades, la de Ellus fue una sorpresa incluso para mi XD.
y si alguien tiene una foto o un dibujito que quede bien, le agradeceria que lo compartiera, hay que alegrar un poco esto...)
Bellas Melodias III flashback
Se conocieron una noche fría de finales de abril.
Estaban en una plaza rodeada de faroles, iluminada como un ring de lucha libre, donde una bastante común e incluso alegre pelea de bar llegó a límites insospechados de violencia, gritos y sangre.
Les había fascinado de igual manera la estupidez y la ferocidad con la que se atacaban mutuamente aquellos alcoholizados personajes, no podían creer que ellos pertenecían a la misma raza. ¿Será que algunas personas vienen con fallas técnicas inherentes como los electrodomésticos?, ¿o les sucede como a los teléfonos móviles que, de vez en cuando, pierden la señal?
Como fuera, era divertidísimo olvidar los problemas propios mientras los demás se partían la cara en encuentros primitivos y sin sentido.
Ah, la vieja diversión de la muerte. Los romanos habían tenido razón, a medias al menos. Lo que veían en aquella plaza no era muy diferente a las antiguas venationes o a las peleas de gladiadores. El humano es un animal simple con una programación base clásica: divertirse con el dolor ajeno.
Y ambos estaban más que concientes de eso.
Observaron como los patrones de sangre saltaban, cuales rojas hormigas ingrávidas, hasta caer al suelo. La sucia intimidad de las peleas llegaba a su punto mas atractivo cuando el escarlata hacia su aparición. El aire se cargaba de tensión, los gritos obscenos les cegaban los oídos como rugidos de leones, el ruido de los nudillos chocando con las mandíbulas era casi visible, como un relámpago. Casi podían ver como el aroma metálico de la sangre impulsaba a los luchadores hacia la tragedia.
Finalmente uno caía al suelo con la nariz abierta como un grifo, chorreando espesa agua pantanosa.
Ellus imaginó que aquella sangre roja era caramelo, dulce y caliente, se imaginó que el estaba derramándola, que él había dado ese poderoso golpe y había tumbado a ese hombre del doble de su altura (algo que era virtualmente imposible de lograr, era bastante ágil corriendo, pero no muy fuerte). Theon solo observo lo maleable de la piel ante los golpes y se preguntó si él seria capaz de soportar un dolor así de manera tan gratuita.
Decidió que no quería averiguarlo.
Ambos habían llegado ahí llamados por la curiosidad. Necesitaban ver y sentir la electricidad que corría entre las personas cuando se jugaban la vida o el honor o cualquiera de esas ridiculeces. Se alimentaban de aquellas emociones llenas de ira pero vacías de sentido. Las perseguían como si fueran un par de investigadores imbuidos en una antigua cultura salvaje, protohistórica, perdida en el tiempo.
Entonces, en medio del espectáculo de sus animalizados congéneres, se miraron desde los distantes extremos donde se habían puesto a resguardo de cualquier golpe desencaminado. Sonriendo con igualmente enfermas muecas de admiración ante lo que consideraban magnifico, simplemente estúpido.
De inmediato se hicieron amigos como si se conocieran de toda la vida. De esos amigos que significan un cambio en tu manera de ver el mundo, con quien sientes una conexión tan completa y tan fuerte, que todo, absolutamente todo, tienes que compartirlo con la otra persona.
Podría ser correcto incluso decir que se habían enamorado en el mismo momento en el que sus miradas claras se cruzaron, cargadas de un inexpresable y, ya intolerable, anhelo por encontrar alguien con gustos a fines.
Pero todo era producto de sus egocéntricas personalidades, se adoraban por que se reconocían en el otro como si estuvieran viendo dentro de un espejo distorsionado y sus instintos los atraían tanto hacia las similitudes como a las diferencias que había entre ellos.
Ellus era todo lo que Theon jamás podría ni le interesaría llegar a ser: crítico, conciente, anarquista, destructivo y, aun así, tímidamente tierno. Hijo de unos comerciantes que ignoraban que se había ido por el mal camino. Un poco extraño para vestir, se llenaba el cuello de cadenas y collares, y las muñecas de pulseras hechas por el mismo y vestía como si hubiese sido atacado por el mal gusto: con camisetas rotas, varias tallas más grandes y jeans gastados y rotos.
Pero en su interior se escondía un cerebro brillante, puramente impulsivo e inteligente, sus neuronas vibraban al ser atacadas con estímulos visuales y auditivos tan poderosos como lo podían ser las peleas. Adoraba la música y solía cantar agrito pelado mientras corría por las calles escapando de los dueños de las paredes que había rayado con sus consignas revolucionarias o mientras se encaramaba a los techos o a los árboles sintiendo la adrenalina de la vida fluir, pura y eléctrica, por su sangre.
Theon, en cambio, era sofisticado, irónico y altanero. No se ensuciaba las manos por nada ni por nadie, vestía casi siempre de negro y sus ojos, fantasmagóricamente verdes, compensaban la falta de color en el resto de su persona. Era inconciente tanto con el ambiente como con su propio cuerpo y creía que los verdaderos cambios de la sociedad nacían de ideas revolucionarias y no de andar rayando las paredes ni derribando edificios (como opinaba Ellus en sus arranques terroristas).
Usaba un simple anillo de plata sin ningún adorno y se le notaba a kilómetros que venia de una buena familia que se lo había quitado de encima, a base de darle en el gusto en todo.
Era ferozmente critico con la sociedad pero de una manera mas reposada que Ellus. No le gustaba ni la televisión ni el cine y era un fiel seguidor de sus propios códigos de conducta, bastante simples de hecho. Destilados de las enseñanzas de Bertrand Russell y la sabiduría popular: habían cosas que se podían cambiar y cosas que no, y lo único que puede hacer una persona para vivir bien, es saber distinguirlas y aceptar las que no se pueden cambiar y tener el coraje suficiente para cambiar las que si.
Ambos actuaban como si, hasta ese momento, no se hubiesen atrevido a decir o hacer lo que realmente querían delante de los demás, por que sabían que nadie compartía su extraña opinión.
¿Para qué gastar energía explicándole al vulgo lo divertido que era verlos hundidos en la estupidez y el sin sentido? ellos no apreciarían la sutileza de sus burlas, es mas, ellos se burlaban cruelmente sin entender nunca lo que decían. Como si el ser educado, conciente o intelectualmente superior fuera algo malo.
Jamás llegarían al extremo de sentirse mal por ser diferentes, por preferir la música instrumental y los libros que una java de cerveza y la obscenidad de las canciones de moda.
En cambio, habiendo superado la primera impresión de querer exterminar a toda esa raza de desgraciados amantes de los más asquerosos vicios y gustos musicales (y la profunda decepción que les provocaban) se decidieron por preocuparse de sus vidas sin ofuscar ni tratar de cambiar al prójimo. Si no, simplemente, observándolos. Como si se tratara de una colonia de bichitos: interesantes y educativos, pero que, si un día desaparecen, no pasa nada.
Así fue como se conocieron y así se hicieron dependientes el uno del otro.
Pasaron de sentirse extremadamente frustrados a convivir en un microcosmos hecho a medida, un espacio silencioso, secreto, solo suyo.
Era como si se hubiesen estado esperando mutuamente para liberar esos sentimientos y esas emociones restringidas en lo más profundo de su ser.
Entre ellos se formó, de inmediato, una conexión más que obvia.
Que más daba que los demás los miraran reprobatorios. Era maravilloso si Theon se doblaba de la risa al escuchar los discursos subversivos de Ellus, viendo como perdía la poca cordura que le quedaba en una nube espesa de marihuana filtrada por los pulmones de los ahí presentes y filosofaba a cerca de la decadencia de la humanidad. No importaba para nada que los cerdos burgueses los odiaran (y que en algunos casos esos cerdos fueran sus propias familias) siempre era divertido ver como los dientes de sus contemporáneos caían como hojas de otoño en medio de una pelea, como el drogadicto chocaba con las paredes antes de caer, vomitando al suelo, como la masa inconsciente se cocinaba en sus propios vapores y jugos viciosos.
Y aunque no fueran concientes de la atracción que sentían el uno por el otro, sus cuerpos emanaban la química necesaria para mantenerlos unidos hasta que se dieran cuenta.
En un principio fue solo una sana amistad basada en lo gracioso que era Ellus y en la seriedad de Theon, en lo mucho que a Ellus le gustaba la música y a Theon los libros, en la inherente ternura de Ellus y que a Theon le encantaban las creaturas lindas y tímidas, en que Theon había vivido en sus 23 años, cosas que Ellus ni si quiera sospechaba, en lo apuestos que ambos eran y en que estaban en esa edad indefinida entre los 19 y los veintitantos en los que no esta mal acostarte con alguien a quien recién conoces, ni caerte de borracho, ni quedar inconciente bajo una mesa, ni deslizar tu nariz sobre polvos de dudosa procedencia y en la que, de hecho, nada esta mal del todo.
Descubrieron que si se iban de juerga juntos, el beber hasta vomitar y quedar inconciente, el hacer cosas por el puro gusto de hacerlas sin pensar mucho en ello, podía llegar a ser entretenido.
Se gastaban todo el dinero de Theon (que no era poco) peregrinando por fiestas y bares, ferias de antigüedades al aire libre y exposiciones de arte. Theon conocía todo tipo de gente, exiliados, artistas sin un peso, buenas y decentes personas, rockeros sin éxito, hijos o parientes de “alguien” famoso, políticos, escritores, actores y funcionarios de todos niveles que los invitaban a fiestas donde se fumaban todo tipo de hierba que les ofrecían y despertaban enredados en cuerpos que no conocían, bañados en sudor de diferentes noches.
Con el tiempo, comenzaron a buscar algo más que llenara sus vidas, pero no sabían bien que. Inconcientemente querían llegar al fondo de sus más profundos deseos e impulsos y descartaban cada vicio, uno a uno, con desesperación.
Pero nada los llenaba lo suficiente y no entendían por que para ellos no funcionaba como para el resto.
Quizás su única diversión fuera contemplar y menospreciar a la raza humana y en lo que se estaban convirtiendo, en ser mudos testigos de la caída libre en el abismo sin poder ser parte de la sensación de ingravidez, si no, ser los únicos concientes que abajo espera un golpe mas que fatal contra un suelo extremadamente duro.
Que idea mas deprimente.
Y en el camino, se portaban exactamente de la manera que mas reprobaban. Sin embargo para ellos era una búsqueda importantísima y sagrada: La búsqueda de su propósito en la vida. Y no importaba que tan malo fuera su comportamiento, ellos jamás iban a ser iguales a aquellos seres, aquellos bosquejos incompletos de humanos, insectos atrapados en las telarañas de sus marginalidades, de sus vicios.
Ellus podía vestirse como un pordiosero y Theon perder la conciencia con la cabeza apoyada en la mesa, pero se sabían superiores, individuos diferentes que, en cuanto llegaran a su destino, no necesitarían nunca mas recurrir a esa vida.
Hasta que, un día, se aburrieron del resto del mundo y decidieron enclaustrarse a planear su próximo paso.
Se fueron al departamento de Theon, cargados de toda la hierba que pudieron encontrar y se pasaron un fin de semana abasteciendo sus cuerpos solo con las escasas calorías que necesitaban para no caer desmayados (en su gran parte laminas gruesas de queso amarillo, mantecoso y con un delicioso gusto a leche) y el humo de los porros que liaban con dedos expertos por la practica, pero entorpecidos por los efectos.
Fueron como unas vacaciones llenas de claridad mental, entregándose solo a la regeneradora presencia de la hierba, buena hierba, en sus sistemas. Dejando que la naturaleza limpiara su organismo de las toxinas consumidas durante su selvática semana.
Durante esa vegetal cuesta abajo, descubrieron lo relajante que podía ser tener sexo entre ellos, lo bien que le podía hacer a sus cuerpos y a sus mentes. Lo terapéutico de sus besos, lo liberadora que era esa sensación de la tibieza de otro cuerpo junto al suyo, de lo tranquilizadora que podía ser la sola sensación de tocar piel suave y viva. De besarse, manosearse, correrse y abrazarse. Dormir horas, despertar y pasar el día juntos sin tener que dar ni pedir explicaciones, ni llamar un taxi cuando aun no te has vestido y aun estas pegajoso, con el corazón latiendo a mil por hora.
A ambos los había cautivado completamente la sensación de despertar con la misma persona entre los brazos cada mañana. Encontrar un par de ojos familiares si te despiertas a media noche necesitando un norte. Saber que al otro lado de la puerta hay alguien que vendrá si lo llamas, que contestara tus preguntas con sinceridad, que, si estas hecho un asco, será capaz de mirarte a los ojos y decirte: “estas hecho un asco” como le había dijo Theon para luego largarse a reír, alguien que te ha dicho y te ha hecho las mismas cosas que tu a el, que podría llegar a amarte, si lo sabes tratar con cuidado.
Solo ellos existieron en el mundo ese fin de semana y Ellus jamás llegaría a recuperarse del todo. Se había entregado de manera tan completa a todas las peticiones de Theon que, cuando se separaron, sintió que algo de el se había ido con su amante y que jamás volvería a ser el mismo.
No es que fuera virgen, ni mojigato ni mucho menos. Para Ellus, el sexo era natural pero especial, cada vez tenia que ser única y diferente, si no era así, no tenia gracia. Pero frente a Theon se revelaba su faceta mas sumisa y eso afectaba profundamente su alma de guerrillero, de kamikaze, de rebelde. De pronto, se encontraba en la cama, pensando solamente en como satisfacerlo a el, en como agradarle, en como sorprenderlo.
Y la sensación de lograr todo eso era tan adictiva como las drogas que consumían para alterar sus, ya de por si afectados, estados de conciencia.
No dijo nada de lo que pensaba y sentía. No había para que. Sentía que Theon le leía la mente, como si sus ojos, tan verdes que parecían de otro mundo, fueran en verdad un artilugio mágico mediante el cual podía saber lo que pensaba, seguir las sinapsis eléctricas de sus neuronas, licuar su cerebro y beberlo conociendo todos sus secretos y sus sensaciones.
Siguió actuando como si no pasara nada. Las mismas fiestas, el mismo derroche de dinero y energía y, una vez a la semana, se dedicaban a hundirse mutuamente en el cuerpo del otro sin pudor y sin conciencia de nada que no fueran solo ellos dos.
Como una terapia regenerativa de cuerpo y alma.
A Ellus le encantaba la intima cofradía que habían armado. Ambos únicos compositores de sus disfrutes y sus desdichas, únicos responsables de lo que estaban haciendo, los únicos que lo sabían en el mundo.
Esperaba con ansias el fin de semana, sublimando hasta tal punto su deseo que, a duras penas cruzaban palabra, mientras se desvestían en el recibidor del departamento y se lanzaban en brazos del otro.
Ellus, normalmente, se cortaba ante el mas mínimo roce y no le gustaba que lo tocaran mucho. Terminaba en la cama con alguien solo cuando estaba seguro que ese alguien ofrecía algo que nadie mas podía darle. A Theon, en cambio, le gustaba acostarse con las personas como si fuera un deporte, era solo una adicción mas entre sus muchas dependencias y Ellus lo aceptaba tan bien como si se estuviera bebiendo, egoístamente, una botella de whisky.
No había celos que mermaran su relación por que ambos sabían que solo se pertenecían el uno al otro, que entre todos los humanos con los que se cruzaban, solo ellos tenían derecho a verse como iguales. Ellos iban en serio. El resto era solo por diversión.
Muchos oían los gemidos de Theon en sus oídos, muchos lo recibían en sus brazos y en sus cuerpos, pero sólo Ellus sabia que le gustaba que le besaran el cuello y que le mordieran delicadamente los dedos mientras hacían el amor. Solo él conocía la manera exacta de hacer que se corriera tres, cuatro y hasta seis veces por noche, solo con sus manos y su boca, sin necesidad de recurrir a todas las drogas legales e ilegales y los diversos venenos que tomaban para soportar la compañía de otros.
Y aun así, se consideraban un par de muchachos completamente normales según sus propios y distorsionados estándares.
Seguían buscando lo que los impulsaba, lo que les pertenecia. Sabían que habia algo mas allá, esperándolos, solo que ahora, si al final del día no lo encontraban , podían refugiarse el uno en el otro. Era como volver a casa.
Hasta la noche en la que la búsqueda de Theon, lo llevo a irse con un vampiro.
miércoles, 31 de marzo de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
Bellas Melodias II
Pasaron unas 5 horas lentas, cargadas de ruidos de la ciudad, de la premura de la noche en un barrio concurrido.
Nadie imaginaba que tras esa puerta se había desatado una tragedia. Dos hombres jóvenes y llenos de vida, esperaban, despanzurrados en el piso, a que llegara la mañana , pudriéndose con las horas, llenándose de los estertores de la muerte.
“Eran un poco raritos, pero jamás pensé que llegaran a matarse” diría algún vecino que los encontrara, tres días después. Al derribar la puerta, llamado por el desagradable aroma que solo podía corresponder a un cuerpo en descomposición.
Pero no, eso no pasaría nunca.
Afuera, la gente seguía viviendo en ese día viernes a las 8 de la noche. Afuera había un mundo completo por descubrir. Afuera había belleza, conocimiento, gente, ropa, bosques, canciones, arte, libros, cavernas, tesoros escondidos, espectáculos, amor, el dolor incluso era gratificante y la alegría bien recibida, cuando llegaba y si es que llegaba... todo eso era vida, afuera había vida y eso era lo que Ellus jamás había comprendido.
A eso de la 1 de la mañana, los faroles se apagaron y un gato paso y miro por la ventana.
Ellus lo había alimentado un par de veces y esa noche había pasado a probar suerte. Cuando vio a los dos cuerpos de los amantes, muertos, fríos, como jamás lo habían estado el uno tan cerca del otro, supo que no le iba a ir muy bien.
Se acerco, curioso, a la espesa mancha de sangre que vaciaba el pecho de Theon.
Por la comisura de su boca, bajaba hasta el suelo un surco de sangre seca.
Olio, miro, camino a su alrededor, trepo en su cuerpo inerte, le lamió la nariz y se fue.
Entonces Theon se movió.
Abrió los ojos asustado.
- ¿qué mierda?. Theon y su lenguaje de camionero, recobraron el conocimiento. Dio una gran bocanada de aire.
Su cuerpo estaba frío, tenso, los dedos de las manos arriscados.
Trato de levantarse, sin éxito.
Comenzó a recordarlo todo y su vista busco inmediatamente a Ellus.
Ahí seguía, tendido en el suelo, con la cabeza abierta, cubierta de sangre y los ojos vidriosos empañados por una espesa capa de muerte.
- Ellus, maldición. Dijo con la voz ronca por todos los cigarros que fumo cuando estaba vivo.
Se arrastro. La sangre seca que había pegado su camisa a la alfombra hizo un ruido seco al despegarse. Llegó a el y juntó sus rostros hasta que sus narices se tocaron, apoyo la cabeza en el suelo y lo miro.
- Ellus, ¿por que lo hiciste?
No esperaba una respuesta, pero no pudo evitar decepcionarse cuando no le dijo nada.
Ya no había vuelta atrás.
Las lagrimas comenzaron a batallar en sus ojos, hasta que decidió dejarlas salir, quizás solo por esta vez.
- Ellus...
Silencio, observo la sangre en el suelo, en la pared. Era asqueroso, ya no quería mirarlo, pero se obligo a hacerlo, por que ese artístico manchón en la pared era todo lo que le quedaba de su maldita relación.
Ellus ya no se levantaría jamás, ya nunca volvería a besar esa boca pequeña y rosada, ni a cubrir sus ojos azules con una mano mientras sonreía, ni a oír su voz ronca gemir bajo sus tortuosas caricias, jamás volvería a oír sus quejas y rezongos. Había encontrado la manera de ponerle fin a su vida, a su sufrimiento y no solo al propio, si no también al de Theon.
Con tristeza, pero finalmente con aceptación, pensó que, al menos ya no tenia que cargar con el peso amargado y autista de su adorado amante…
Por que nadie puede sobrevivir a un disparo en la cabeza. Ni si quiera un vampiro... ¿verdad?
- ¿Ellus?. Dijo mas calmado, solo por probar, mirando aquellos ojos desvanecidos.
- no me hables, estoy muerto.
Suspiró ante aquella voz apagada, pero no supo si de exasperación, de decepción o de alivio. Por un momento se había sentido tan libre ante la idea de estar contemplando a su amante muerto.
Se pregunto si Romeo se sintió así cuando vio muerta a Julieta. No habría estado mal ese final, al el le habría gustado. No soportaba el drama y Ellus tenia una considerable cantidad en el cuerpo.
Theon sintió que la rabia le daba energía para poder moverse. Se arrodillo.
- NO ESTAS MUERTO MALDITO HIJO DE PUTA, MIRA LO QUE LE HICISTE A MI ALFOMBRA, A MI ROPA, A MI PARED.
- estoy muerto. Insistió, sin muchas fuerzas, el joven muerto frente a el.
- no puedes morir, imbécil, eres un maldito vampiro, que parte de "inmortalidad" no entiendes.
- ¿por que no me muero?, Theon, ¿por que?.
Ellus se levanto con apabullante facilidad y se largo a llorar como un niño pequeño. En realidad no esperaba una respuesta, solo quería que lo abrazaran, así era siempre. Pero esta vez su amante de cabello ensortijado no caería tan fácil.
Theon lo miro con repulsión, lo habría golpeado hasta romperle el cuello, pero la herida de su cabeza ya estaba curada y supuso que lo que le hiciera no le causaría un daño peor, por muy fuerte que fuera su ira.
Ellus le devolvió la mirada llena de una mezcla entre desesperación. locura y tristeza. Solo el podía hacer eso y seguir viéndose fabulosamente atractivo.
Era esa expresión que Theon conocía como "reconciliación por lastima"
"ahora me va a arrastrar a la cama y mañana lo encontrare colgando de una viga o algo así, que maldito estúpido".
Ellus lo tomo de la mano y lo ayudo a levantarse, le paso la mano por el agujero de la camisa de lino, sintiendo la piel fría, satinada, bajo sus dedos. Ya habia cicatrizado, que bien.
Lo beso hundiendo los dedos en su cabellera fina y café, que formaba algunas ondas antes de llegar a sus hombros, y lo acorralo contra la pared.
Podía ser un maldito estúpido, pero besaba muy bien y cuando lo hacia, a Theon se le olvidaba el resto del mundo.
La sangre en sus bocas corrió entre ellos metálica y suave aunque algo rancia, como el sabor de una fruta demasiado madura, y atrapo la lengua de Theon despertándole la bestia que rugía constantemente en su interior, siempre hambrienta.
Aquella bestia que solia meterlo en problemas.
Tenía ganas de arrojarlo al piso, desgarrarle la ropa y hundirle los colmillos en su arteria favorita: aquel jugoso río de energía escarlata que tenia entre los muslos, que corría por toda su pierna como un cauce de color verde-azul, saborear la tersa intimidad de su piel blanca. Como tantas otras veces.
Pero aquello era pura atracción física y esta vez Ellus había llegado demasiado lejos.
- no. Dijo Theon separándose de el con un evidente esfuerzo.
- por que no. Preguntó el rubio en un susurro, vio que Theon miraba su alfombra y sintió una punzada de culpabilidad que logro controlar a duras penas.
Parecía que siempre estaba sintiendo culpa por algo, o pidiendo perdón.
- es solo una alfombra. Tírala y compra otra.
- podría hacerlo, pero me niego a cambiar el mobiliario cada vez que a ti te da por volarte los sesos o desangrarte en alguna parte de la casa.
- ¿y quien es el culpable?
Theon lo miro con los ojos muy abiertos, que brillaron como faroles verde jade, absorbiendo las luces de la noche para transformarlas en furia.
- yo no te pedí que me siguieras, tu saliste a buscar al que me hizo esto, tu... tu, jamás me has dicho como. Agrego entornando los ojos.
- la sangre sale si le hechas coca cola. dijo Ellus mirando la pared, donde parte de su ser físico ahora estaba seco, formando una costra nada agradable de ver.
Si, alguien debería limpiar eso, definitivamente, quizás hasta el se animara a hacerlo mas tarde, ahora solo quería acurrucarse en los brazos de su amante muerto, mmm…
Reprimió un escalofrío al ver su cerebro y parte de su cráneo, también pelo... ¿la coca cola quitaba la sangre o era el oxido del metal?, ¿o la corrosión de las monedas?
- que suerte que soy vampiro, o se me habrían podrido los dientes. dijo en un susurro que era completamente para el. Era común de Ellus llevar el dialogo interior en voz alta.
Y era común en Theon no hacerle caso.
Theon lo miro con expresión de cansancio. Hacia muchos años que se había convencido que jamás lo dejaría solo, que Ellus se moriría sin el por que era débil y demasiado sumiso, y que, mal que mal, eran el uno para el otro: amigos, amantes, hermanos unidos por esa sangre infame.
Pero las cosas estaban tomando un tono muy desagradable y ya no estaba tan seguro de quererlo tanto.
Nadie imaginaba que tras esa puerta se había desatado una tragedia. Dos hombres jóvenes y llenos de vida, esperaban, despanzurrados en el piso, a que llegara la mañana , pudriéndose con las horas, llenándose de los estertores de la muerte.
“Eran un poco raritos, pero jamás pensé que llegaran a matarse” diría algún vecino que los encontrara, tres días después. Al derribar la puerta, llamado por el desagradable aroma que solo podía corresponder a un cuerpo en descomposición.
Pero no, eso no pasaría nunca.
Afuera, la gente seguía viviendo en ese día viernes a las 8 de la noche. Afuera había un mundo completo por descubrir. Afuera había belleza, conocimiento, gente, ropa, bosques, canciones, arte, libros, cavernas, tesoros escondidos, espectáculos, amor, el dolor incluso era gratificante y la alegría bien recibida, cuando llegaba y si es que llegaba... todo eso era vida, afuera había vida y eso era lo que Ellus jamás había comprendido.
A eso de la 1 de la mañana, los faroles se apagaron y un gato paso y miro por la ventana.
Ellus lo había alimentado un par de veces y esa noche había pasado a probar suerte. Cuando vio a los dos cuerpos de los amantes, muertos, fríos, como jamás lo habían estado el uno tan cerca del otro, supo que no le iba a ir muy bien.
Se acerco, curioso, a la espesa mancha de sangre que vaciaba el pecho de Theon.
Por la comisura de su boca, bajaba hasta el suelo un surco de sangre seca.
Olio, miro, camino a su alrededor, trepo en su cuerpo inerte, le lamió la nariz y se fue.
Entonces Theon se movió.
Abrió los ojos asustado.
- ¿qué mierda?. Theon y su lenguaje de camionero, recobraron el conocimiento. Dio una gran bocanada de aire.
Su cuerpo estaba frío, tenso, los dedos de las manos arriscados.
Trato de levantarse, sin éxito.
Comenzó a recordarlo todo y su vista busco inmediatamente a Ellus.
Ahí seguía, tendido en el suelo, con la cabeza abierta, cubierta de sangre y los ojos vidriosos empañados por una espesa capa de muerte.
- Ellus, maldición. Dijo con la voz ronca por todos los cigarros que fumo cuando estaba vivo.
Se arrastro. La sangre seca que había pegado su camisa a la alfombra hizo un ruido seco al despegarse. Llegó a el y juntó sus rostros hasta que sus narices se tocaron, apoyo la cabeza en el suelo y lo miro.
- Ellus, ¿por que lo hiciste?
No esperaba una respuesta, pero no pudo evitar decepcionarse cuando no le dijo nada.
Ya no había vuelta atrás.
Las lagrimas comenzaron a batallar en sus ojos, hasta que decidió dejarlas salir, quizás solo por esta vez.
- Ellus...
Silencio, observo la sangre en el suelo, en la pared. Era asqueroso, ya no quería mirarlo, pero se obligo a hacerlo, por que ese artístico manchón en la pared era todo lo que le quedaba de su maldita relación.
Ellus ya no se levantaría jamás, ya nunca volvería a besar esa boca pequeña y rosada, ni a cubrir sus ojos azules con una mano mientras sonreía, ni a oír su voz ronca gemir bajo sus tortuosas caricias, jamás volvería a oír sus quejas y rezongos. Había encontrado la manera de ponerle fin a su vida, a su sufrimiento y no solo al propio, si no también al de Theon.
Con tristeza, pero finalmente con aceptación, pensó que, al menos ya no tenia que cargar con el peso amargado y autista de su adorado amante…
Por que nadie puede sobrevivir a un disparo en la cabeza. Ni si quiera un vampiro... ¿verdad?
- ¿Ellus?. Dijo mas calmado, solo por probar, mirando aquellos ojos desvanecidos.
- no me hables, estoy muerto.
Suspiró ante aquella voz apagada, pero no supo si de exasperación, de decepción o de alivio. Por un momento se había sentido tan libre ante la idea de estar contemplando a su amante muerto.
Se pregunto si Romeo se sintió así cuando vio muerta a Julieta. No habría estado mal ese final, al el le habría gustado. No soportaba el drama y Ellus tenia una considerable cantidad en el cuerpo.
Theon sintió que la rabia le daba energía para poder moverse. Se arrodillo.
- NO ESTAS MUERTO MALDITO HIJO DE PUTA, MIRA LO QUE LE HICISTE A MI ALFOMBRA, A MI ROPA, A MI PARED.
- estoy muerto. Insistió, sin muchas fuerzas, el joven muerto frente a el.
- no puedes morir, imbécil, eres un maldito vampiro, que parte de "inmortalidad" no entiendes.
- ¿por que no me muero?, Theon, ¿por que?.
Ellus se levanto con apabullante facilidad y se largo a llorar como un niño pequeño. En realidad no esperaba una respuesta, solo quería que lo abrazaran, así era siempre. Pero esta vez su amante de cabello ensortijado no caería tan fácil.
Theon lo miro con repulsión, lo habría golpeado hasta romperle el cuello, pero la herida de su cabeza ya estaba curada y supuso que lo que le hiciera no le causaría un daño peor, por muy fuerte que fuera su ira.
Ellus le devolvió la mirada llena de una mezcla entre desesperación. locura y tristeza. Solo el podía hacer eso y seguir viéndose fabulosamente atractivo.
Era esa expresión que Theon conocía como "reconciliación por lastima"
"ahora me va a arrastrar a la cama y mañana lo encontrare colgando de una viga o algo así, que maldito estúpido".
Ellus lo tomo de la mano y lo ayudo a levantarse, le paso la mano por el agujero de la camisa de lino, sintiendo la piel fría, satinada, bajo sus dedos. Ya habia cicatrizado, que bien.
Lo beso hundiendo los dedos en su cabellera fina y café, que formaba algunas ondas antes de llegar a sus hombros, y lo acorralo contra la pared.
Podía ser un maldito estúpido, pero besaba muy bien y cuando lo hacia, a Theon se le olvidaba el resto del mundo.
La sangre en sus bocas corrió entre ellos metálica y suave aunque algo rancia, como el sabor de una fruta demasiado madura, y atrapo la lengua de Theon despertándole la bestia que rugía constantemente en su interior, siempre hambrienta.
Aquella bestia que solia meterlo en problemas.
Tenía ganas de arrojarlo al piso, desgarrarle la ropa y hundirle los colmillos en su arteria favorita: aquel jugoso río de energía escarlata que tenia entre los muslos, que corría por toda su pierna como un cauce de color verde-azul, saborear la tersa intimidad de su piel blanca. Como tantas otras veces.
Pero aquello era pura atracción física y esta vez Ellus había llegado demasiado lejos.
- no. Dijo Theon separándose de el con un evidente esfuerzo.
- por que no. Preguntó el rubio en un susurro, vio que Theon miraba su alfombra y sintió una punzada de culpabilidad que logro controlar a duras penas.
Parecía que siempre estaba sintiendo culpa por algo, o pidiendo perdón.
- es solo una alfombra. Tírala y compra otra.
- podría hacerlo, pero me niego a cambiar el mobiliario cada vez que a ti te da por volarte los sesos o desangrarte en alguna parte de la casa.
- ¿y quien es el culpable?
Theon lo miro con los ojos muy abiertos, que brillaron como faroles verde jade, absorbiendo las luces de la noche para transformarlas en furia.
- yo no te pedí que me siguieras, tu saliste a buscar al que me hizo esto, tu... tu, jamás me has dicho como. Agrego entornando los ojos.
- la sangre sale si le hechas coca cola. dijo Ellus mirando la pared, donde parte de su ser físico ahora estaba seco, formando una costra nada agradable de ver.
Si, alguien debería limpiar eso, definitivamente, quizás hasta el se animara a hacerlo mas tarde, ahora solo quería acurrucarse en los brazos de su amante muerto, mmm…
Reprimió un escalofrío al ver su cerebro y parte de su cráneo, también pelo... ¿la coca cola quitaba la sangre o era el oxido del metal?, ¿o la corrosión de las monedas?
- que suerte que soy vampiro, o se me habrían podrido los dientes. dijo en un susurro que era completamente para el. Era común de Ellus llevar el dialogo interior en voz alta.
Y era común en Theon no hacerle caso.
Theon lo miro con expresión de cansancio. Hacia muchos años que se había convencido que jamás lo dejaría solo, que Ellus se moriría sin el por que era débil y demasiado sumiso, y que, mal que mal, eran el uno para el otro: amigos, amantes, hermanos unidos por esa sangre infame.
Pero las cosas estaban tomando un tono muy desagradable y ya no estaba tan seguro de quererlo tanto.
domingo, 28 de marzo de 2010
Bellas Melodias
Theon entro en su casa esperando oír música, pero solo se encontró con un sonido tenso, vacío, casi eléctrico. Estática en sus oídos ansiosos de bellas interpretaciones.
Era el sonido de una angustia pura y solitaria, un mudo lamento que hace eco y reverbera en todo lo que lo rodea, algo que solo algunos animales saben distinguir con precisión.
Sonido de muerte, de infelicidad, de un eterno sufrimiento. Si es que eso puede traducirse a la dimensión del ruido.
Abrió la puerta hasta que toco la pared, encendió la luz sintiendo miedo a pesar de confiar ciegamente en su instinto (que en esos momentos le decía que todo estaba bien).
"si, de puta madre" pensó un poco ofuscado.
Su amante, Ellus, había tenido un par de intentos suicidas durante el mes que pasaba y ahora, a pesar de notarse un poco mas calmado, seguía con la misma expresión de: en-cuanto-me-dejes-solo-me-desangro-en-la-bañera.
Y el no había reparado en eso hasta muy avanzada aquella depresión. A pesar de estar la mayor parte del tiempo con Ellus, no leyó su lenguaje corporal mas allá de la sonrisa de todas las noches, ni si quiera le intereso saber que se escondía detrás de su extraño comportamiento, por qué, de un día para otro, había dejado de escuchar esa deliciosa música instrumental que llenaba la casa hasta la madrugada y en cambio se había recluido junto a los pequeños audífonos de su MP3 mirándolo todo con expresión ausente.
Su instinto le había fallado con quien mas lo necesitaba.
Sabia que si ponía un poco de cuidado, Ellus no llegaría a hacerse daño, sabia que si seguía sus corazonadas salvaría a Ellus de si mismo y de lo que fuera que lo molestaba y hacia su vida una miseria, lo sabia... lo sabia... o eso creía.
Graso error.
Sus sentidos se habían ido atrofiando un poco desde hacia unas semanas, debido a una mala dieta de líquidos y a que el pésimo humor del que era dueño, batallaba contra su amor cada vez que su paciencia era puesta a prueba.
Y en ese estado, herirlo, incluso a el, era increíblemente fácil para la persona que estaba dentro.
Claro que Theon no pensaba en eso, la sensación de estar a resguardo bajo su propio techo (que había adornado y decorado con lujos excesivos para cualquier bolsillo) le proporcionaba una seguridad con la que creció, creyendo que mientras mas cosas caras lo rodearan mejor persona era y menos cosas malas podían pasarle.
Aquel sentimiento era tan fuerte que anulaba todos los mensajes de alerta que venían del exterior.
Si no hubiese estado tan abrumado por su papel tapiz nuevo y deliciosamente dibujado con flores de Liz doradas sobre un fondo granate, si no hubiese querido tan ardorosamente sentarse en su elegante sofá, suave como una nube, a leer y dejar que el tiempo se le escapara con lentitud, mientras el incienso se abría paso por las habitaciones de la casa, si no hubiese querido ver el rostro de Ellus como si fuese solo un adorno mas...
Pero eso era exactamente lo que quería y esperaba hacer, así las cosas, no sintió la presión en el ambiente, el adolorido corazón lleno de angustia que latía al otro lado de la puerta.
Hasta que fue demasiado tarde.
Cerro la puerta tras el, viendo claramente a través de la semipenumbra que adornaba la habitación, jamás entendió por que a Ellus le gustaba tanto el brillo mortecino del exterior que se colaba por las ventanas abiertas, cuando toda la casa contaba con potentes lámparas perfectamente instaladas para su comodidad, para que se mirara en todos los espejos que había hecho colocar y apreciara su belleza tanto como el lo hacia.
Por que Ellus era solo una cara bonita, eso lo tenia claro, fue lo primero que le llamo la atención de el: la forma elegante y fina de su rostro, sus grandes ojos entre azules y verdes, su cabello miel y su cuerpo andrógeno deliciosamente moldeado.
No era muy estimulante en materia de conversación, pero tenia el cuerpo de un ángel a pesar de su poderosa voz y sus manos eran tan suaves y tibias al tacto que parecían constantemente humectadas.
Y a pesar de ser depresivo era un gran amante. Sin tapujos ni fetichismos de ninguna índole, lo cual chocaba con su propia personalidad obsesiva de las artes amorosas. Su manera de amar era un tanto clásica, incluso, para los gustos de Theon, pero se dejaba llevar fácilmente por el, empujando los márgenes de lo que creía posible hacer en la cama o en cualquier otro territorio.
Theon era un poco mas alto que Ellus, pero igualmente bajito, no pasaba del metro 75, su cuerpo delgado estaba un poquito tostado, el cabello le llegaba a los hombros, sus ojos verdes eran grandes, brillantes y almendrados, su nariz estaba cubierta de algunas pecas casi imperceptibles y, a veces, podía ser un cabronazo de aquellos que no crees que existen, de esos de los que se dice que pueden llegar a vender a su madre por algo o por alguien.
Eran como el ying y el yang.
- ¿Ellus?. lo llamo en un susurro, sabia que estaba en la casa y que lo escucharía bien donde quiera que estuviera escondido.
Pero no hubo respuesta, ni un ruido.
No creyó que estuviera en la biblioteca, Ellus no leía nunca, ni si quiera sentía curiosidad por tomar los libros, tampoco veía TV. Solo escuchaba la radio o las miles de canciones que tenia desparramadas en su habitación, grabadas en cientos de CDs.
Se enchufaba a sus audífonos y se quedaba sentado, como un gato mirando por la ventana hacia la noche, viéndolo todo con sus ojos claros.
A veces, a Theon le daba la impresión que veía mas cosas que el, que miraba por aquella ventana un mundo diferente al que en realidad existía ahí, absorbiendo la música que oía por su pequeño mp3, complementándolo con las imágenes que veía como si se tratara de un extraño soundtrack compuesto por el.
Jamás se quitaba los audífonos.
Había luz en la biblioteca, extrañado, Theon fue hacia allá para encontrar a Ellus mirando por la ventana, como siempre, solo que tenia algo oculto entre sus manos.
- Ellus, ¿que haces?, ¿ por que no me respondiste?
El cuerpo del joven frente a el se agito bajo un llanto mudo, lleno de gemidos y sollozos. ya, dime que te pasa. dijo Theon acercándose, pero entonces Ellus se giro y Theon vio lo que tenia en las manos. Un arma grande como un brazo, cargada, lista para disparar, con el delgado y tembloroso dedo de Ellus en el gatillo.
Un miedo puramente mortal lleno el corazón de Theon y un frío escalofrío le recorrió la espalda.
"mierda, no de nuevo, no me quiero morir"
Se le erizo la piel del cuello, la respiración se le cortó y un dolor punzante comenzó a latir en su corazón.
Pensó en detenerlo, casi se vio avanzando hacia el y quitándole el arma con suavidad, besando sus manos, diciéndole que todo iba a estar bien, como siempre.
Pero las frases sonaban trilladas en su mente aun antes de decirlas... lo había dicho tantas veces antes que ya no tenían sentido, Ellus no lo creía, sonaba falso. Y no podía moverse un centímetro.
- perdóname, Theon, por fallar tantas veces, esta si, ESTA SI. dijo Ellus extrañamente tranquilo, pese a temblar de pies a cabeza. su voz era suave y deliciosamente ronca a pesar de su juventud.
- no, Ellus, tu no entiendes.… la voz de Theon era un susurro
Pero ya era tarde.
Theon extendió su mano para tratar de detenerlo y entonces el mundo se detuvo un segundo. El ruido del disparo le hizo cerrar los ojos, sabia lo que venia y no quería...
Se desplomo en el suelo, como un venado acometido por el disparo a traición de un cazador que jamás noto.
El cerebro de Theon registro el dolor a los pocos segundos del impacto. mucho dolor. y una punzada de pánico. se iba a morir a manos de ese idiota al que amaba tanto, que jamás había tenido la fuerza de dejar morir pese a que todo su instinto de supervivencia le decía que lo hiciera.
Con todo el aplomo y la poca energía que le quedaba en las neuronas que no estaban enloquecidas por el intenso dolor, se miro el pecho.
Era una herida pequeña para un arma tan grande, pensó antes de rodar por el suelo, agonizando.
La sangre le salía a chorros y caía sobre su ropa "mi ropa" y sobre su alfombra nueva "mi maldita alfombra nueva, NUEVA", emitiendo un sonido entre liquido y ventoso.
De pronto, a sus oídos llego el mismo llanto estúpido de Ellus y lo embargo una genuina ira destructiva. Si hubiese estado en condiciones lo habría agarrado de su delicioso pelo color miel y lo habría azotado contra la chimenea hasta sacarle el cerebro por la frente.
Levanto la cabeza del suelo y lo vio, delicado y extraño, como una ninfa rockera, vestido con su polera negra de siempre, sus jeans gastados de toda la vida, sus zapatillas rojas con los cordones desatados que Theon tantas veces había anudado en el pasado y que ahora odiaba. Mirándolo con una expresión de angustia que no le había visto jamás: pena mezclada con triunfo, sabia que esta vez si lo había hecho "el maldito encontró la manera de matarnos a ambos".
- Theon, te amo. dijo poniéndose la pistola en la cabeza.
- no, Ell..
Cerro los ojos por puro reflejo para evitarse la escena, pero no pudo evitar sentir el sonido del disparo ni el de la sangre salpicándolo todo, algo cayendo al suelo con estrépito. Asco. Un ruido que solo podía ser un cerebro desparramándose.
Abrió los ojos rápidamente y el escarlata le lleno la vista como dentro de un caleidoscopio, le fallaba el enfoque y en la cabeza aun tenia el sonido de su propia sangre abandonando su cuerpo. Aunque el dolor había remitido y ya lo estaba embargando la deliciosa sensación de abandono que precede a la muerte por desangramiento.
Recordaba muy bien esa sensación y hasta le gustaba, lo que no le gustaba era lo que venia después.
A escasos dos metros de el, estaba el cuerpo de Ellus. el arma había caído a su lado.
Se arrastro hacia el cuerpo de su amante, el cabello estaba ensangrentado, los ojos muy abiertos, la boca ligeramente abierta en una mueca asustada, le faltaba un trozo de cabeza.
En la pared, había una mancha enorme y roja, como si hubiesen arrojado la pulpa de un pomelo maduro, embadurnándolo todo, creando arcos que eran artísticos, incluso, pese a su azarosa trayectoria.
Evito mirarla, aunque su lado morboso se moría por hacerlo.
Hacia meses que sabia que eso pasaría tarde o temprano, pero jamás le hizo caso a su corazonada, "que mierda de sexto sentido", pensó.
Y ahí estaba el cerebro que había querido desparramar por la chimenea, abierto como una fruta madura, exhalando los vapores de la vida y la poca inteligencia de su dueño.
Pero no le causaba la misma sensación de alegría que creyó le proporcionaría el verlo decorando el piso y parte de la pared.
Le paso los dedos por la cabeza abierta y se los llevo a la boca. Quizás su cerebro se estaba volviendo loco por el dolor, pero sentía unas ganas inmensas de tener ese liquido quemándole la lengua, colándose por su garganta. Quería absorberlo todo, lamer las paredes y el suelo, tomar su cabeza abierta y verter el contenido dentro de su boca como si fuera una maldita sandia licuada.
Al menos si morían, probaría lo que había dentro de el, por ultima vez. Su sangre dulce y ardiente de la que jamás había bebido todo cuanto quería, no por falta de insistencia y oportunidades.
De vez en cuando la sangre de Ellus se derramaba sobre ellos, sobre todo cuando llegaban a la cama, a la parte de los besos lujuriosos y violentos, desgarrando todo su cuerpo. Donde Theon era el sádico y Ellus el masoquista y ambos cumplían su papel a cabalidad, con la esperanza de saciar de una vez por todas la pasión que se despertaban mutuamente.
Jamás lo consiguieron, al menos no Theon. Especialmente no Theon.
Cuantas veces tuvo ese cuerpo bajo el, sobre el, acariciándole hasta los pensamientos con su lengua rosadita, blanda y húmeda, jurándole amor eterno y recitándole pequeños poemas extraños que el mismo escribía y que a Theon le parecían secretamente estúpidos.
"Mi dios de ojos grises esta muerto.
lo han desmembrado en la tempestad.
no escucho sus gemidos, ni su voz poderosa.
me parece vacío el mundo.
las notas de su música han cesado.
como si su alma hubiera llegado al limite.
príncipe mío, que no me perteneces.
has naufragado en este rincón del universo tenebroso.
donde suceden cosas hermosas y terribles
y no entiendes
por que debes morir
así que te vuelves eterno
en el resplandor infinito de tu luz.
tu alma infatigable.
no hay ángeles que luzcan como tu
ni que me ofrezcan mejor versión del paraíso.
todo es carmesí, todo es brillante, como dentro de un rubí.
no hay demonios que tengan tu maldad.
tu llanto es dulce.
tus garras delicadas.
tus ataques, ofrendas de amor.
la muerte que regalas seria el clímax de cualquier existencia.
el mas sublime acto de amor."
Y Theon lo besaba para callarlo y le hacia el amor solo por que era el único que lo había seguido cuando decidió dejarlo todo y lo recibió cuando, mas tarde, se dio cuenta que lo que había hecho estaba mal.
Por que lo quería y a pesar de que era un emo depresivo, lo amaba mas que a nada.
O así era.
Perdió el conocimiento.
Era el sonido de una angustia pura y solitaria, un mudo lamento que hace eco y reverbera en todo lo que lo rodea, algo que solo algunos animales saben distinguir con precisión.
Sonido de muerte, de infelicidad, de un eterno sufrimiento. Si es que eso puede traducirse a la dimensión del ruido.
Abrió la puerta hasta que toco la pared, encendió la luz sintiendo miedo a pesar de confiar ciegamente en su instinto (que en esos momentos le decía que todo estaba bien).
"si, de puta madre" pensó un poco ofuscado.
Su amante, Ellus, había tenido un par de intentos suicidas durante el mes que pasaba y ahora, a pesar de notarse un poco mas calmado, seguía con la misma expresión de: en-cuanto-me-dejes-solo-me-desangro-en-la-bañera.
Y el no había reparado en eso hasta muy avanzada aquella depresión. A pesar de estar la mayor parte del tiempo con Ellus, no leyó su lenguaje corporal mas allá de la sonrisa de todas las noches, ni si quiera le intereso saber que se escondía detrás de su extraño comportamiento, por qué, de un día para otro, había dejado de escuchar esa deliciosa música instrumental que llenaba la casa hasta la madrugada y en cambio se había recluido junto a los pequeños audífonos de su MP3 mirándolo todo con expresión ausente.
Su instinto le había fallado con quien mas lo necesitaba.
Sabia que si ponía un poco de cuidado, Ellus no llegaría a hacerse daño, sabia que si seguía sus corazonadas salvaría a Ellus de si mismo y de lo que fuera que lo molestaba y hacia su vida una miseria, lo sabia... lo sabia... o eso creía.
Graso error.
Sus sentidos se habían ido atrofiando un poco desde hacia unas semanas, debido a una mala dieta de líquidos y a que el pésimo humor del que era dueño, batallaba contra su amor cada vez que su paciencia era puesta a prueba.
Y en ese estado, herirlo, incluso a el, era increíblemente fácil para la persona que estaba dentro.
Claro que Theon no pensaba en eso, la sensación de estar a resguardo bajo su propio techo (que había adornado y decorado con lujos excesivos para cualquier bolsillo) le proporcionaba una seguridad con la que creció, creyendo que mientras mas cosas caras lo rodearan mejor persona era y menos cosas malas podían pasarle.
Aquel sentimiento era tan fuerte que anulaba todos los mensajes de alerta que venían del exterior.
Si no hubiese estado tan abrumado por su papel tapiz nuevo y deliciosamente dibujado con flores de Liz doradas sobre un fondo granate, si no hubiese querido tan ardorosamente sentarse en su elegante sofá, suave como una nube, a leer y dejar que el tiempo se le escapara con lentitud, mientras el incienso se abría paso por las habitaciones de la casa, si no hubiese querido ver el rostro de Ellus como si fuese solo un adorno mas...
Pero eso era exactamente lo que quería y esperaba hacer, así las cosas, no sintió la presión en el ambiente, el adolorido corazón lleno de angustia que latía al otro lado de la puerta.
Hasta que fue demasiado tarde.
Cerro la puerta tras el, viendo claramente a través de la semipenumbra que adornaba la habitación, jamás entendió por que a Ellus le gustaba tanto el brillo mortecino del exterior que se colaba por las ventanas abiertas, cuando toda la casa contaba con potentes lámparas perfectamente instaladas para su comodidad, para que se mirara en todos los espejos que había hecho colocar y apreciara su belleza tanto como el lo hacia.
Por que Ellus era solo una cara bonita, eso lo tenia claro, fue lo primero que le llamo la atención de el: la forma elegante y fina de su rostro, sus grandes ojos entre azules y verdes, su cabello miel y su cuerpo andrógeno deliciosamente moldeado.
No era muy estimulante en materia de conversación, pero tenia el cuerpo de un ángel a pesar de su poderosa voz y sus manos eran tan suaves y tibias al tacto que parecían constantemente humectadas.
Y a pesar de ser depresivo era un gran amante. Sin tapujos ni fetichismos de ninguna índole, lo cual chocaba con su propia personalidad obsesiva de las artes amorosas. Su manera de amar era un tanto clásica, incluso, para los gustos de Theon, pero se dejaba llevar fácilmente por el, empujando los márgenes de lo que creía posible hacer en la cama o en cualquier otro territorio.
Theon era un poco mas alto que Ellus, pero igualmente bajito, no pasaba del metro 75, su cuerpo delgado estaba un poquito tostado, el cabello le llegaba a los hombros, sus ojos verdes eran grandes, brillantes y almendrados, su nariz estaba cubierta de algunas pecas casi imperceptibles y, a veces, podía ser un cabronazo de aquellos que no crees que existen, de esos de los que se dice que pueden llegar a vender a su madre por algo o por alguien.
Eran como el ying y el yang.
- ¿Ellus?. lo llamo en un susurro, sabia que estaba en la casa y que lo escucharía bien donde quiera que estuviera escondido.
Pero no hubo respuesta, ni un ruido.
No creyó que estuviera en la biblioteca, Ellus no leía nunca, ni si quiera sentía curiosidad por tomar los libros, tampoco veía TV. Solo escuchaba la radio o las miles de canciones que tenia desparramadas en su habitación, grabadas en cientos de CDs.
Se enchufaba a sus audífonos y se quedaba sentado, como un gato mirando por la ventana hacia la noche, viéndolo todo con sus ojos claros.
A veces, a Theon le daba la impresión que veía mas cosas que el, que miraba por aquella ventana un mundo diferente al que en realidad existía ahí, absorbiendo la música que oía por su pequeño mp3, complementándolo con las imágenes que veía como si se tratara de un extraño soundtrack compuesto por el.
Jamás se quitaba los audífonos.
Había luz en la biblioteca, extrañado, Theon fue hacia allá para encontrar a Ellus mirando por la ventana, como siempre, solo que tenia algo oculto entre sus manos.
- Ellus, ¿que haces?, ¿ por que no me respondiste?
El cuerpo del joven frente a el se agito bajo un llanto mudo, lleno de gemidos y sollozos. ya, dime que te pasa. dijo Theon acercándose, pero entonces Ellus se giro y Theon vio lo que tenia en las manos. Un arma grande como un brazo, cargada, lista para disparar, con el delgado y tembloroso dedo de Ellus en el gatillo.
Un miedo puramente mortal lleno el corazón de Theon y un frío escalofrío le recorrió la espalda.
"mierda, no de nuevo, no me quiero morir"
Se le erizo la piel del cuello, la respiración se le cortó y un dolor punzante comenzó a latir en su corazón.
Pensó en detenerlo, casi se vio avanzando hacia el y quitándole el arma con suavidad, besando sus manos, diciéndole que todo iba a estar bien, como siempre.
Pero las frases sonaban trilladas en su mente aun antes de decirlas... lo había dicho tantas veces antes que ya no tenían sentido, Ellus no lo creía, sonaba falso. Y no podía moverse un centímetro.
- perdóname, Theon, por fallar tantas veces, esta si, ESTA SI. dijo Ellus extrañamente tranquilo, pese a temblar de pies a cabeza. su voz era suave y deliciosamente ronca a pesar de su juventud.
- no, Ellus, tu no entiendes.… la voz de Theon era un susurro
Pero ya era tarde.
Theon extendió su mano para tratar de detenerlo y entonces el mundo se detuvo un segundo. El ruido del disparo le hizo cerrar los ojos, sabia lo que venia y no quería...
Se desplomo en el suelo, como un venado acometido por el disparo a traición de un cazador que jamás noto.
El cerebro de Theon registro el dolor a los pocos segundos del impacto. mucho dolor. y una punzada de pánico. se iba a morir a manos de ese idiota al que amaba tanto, que jamás había tenido la fuerza de dejar morir pese a que todo su instinto de supervivencia le decía que lo hiciera.
Con todo el aplomo y la poca energía que le quedaba en las neuronas que no estaban enloquecidas por el intenso dolor, se miro el pecho.
Era una herida pequeña para un arma tan grande, pensó antes de rodar por el suelo, agonizando.
La sangre le salía a chorros y caía sobre su ropa "mi ropa" y sobre su alfombra nueva "mi maldita alfombra nueva, NUEVA", emitiendo un sonido entre liquido y ventoso.
De pronto, a sus oídos llego el mismo llanto estúpido de Ellus y lo embargo una genuina ira destructiva. Si hubiese estado en condiciones lo habría agarrado de su delicioso pelo color miel y lo habría azotado contra la chimenea hasta sacarle el cerebro por la frente.
Levanto la cabeza del suelo y lo vio, delicado y extraño, como una ninfa rockera, vestido con su polera negra de siempre, sus jeans gastados de toda la vida, sus zapatillas rojas con los cordones desatados que Theon tantas veces había anudado en el pasado y que ahora odiaba. Mirándolo con una expresión de angustia que no le había visto jamás: pena mezclada con triunfo, sabia que esta vez si lo había hecho "el maldito encontró la manera de matarnos a ambos".
- Theon, te amo. dijo poniéndose la pistola en la cabeza.
- no, Ell..
Cerro los ojos por puro reflejo para evitarse la escena, pero no pudo evitar sentir el sonido del disparo ni el de la sangre salpicándolo todo, algo cayendo al suelo con estrépito. Asco. Un ruido que solo podía ser un cerebro desparramándose.
Abrió los ojos rápidamente y el escarlata le lleno la vista como dentro de un caleidoscopio, le fallaba el enfoque y en la cabeza aun tenia el sonido de su propia sangre abandonando su cuerpo. Aunque el dolor había remitido y ya lo estaba embargando la deliciosa sensación de abandono que precede a la muerte por desangramiento.
Recordaba muy bien esa sensación y hasta le gustaba, lo que no le gustaba era lo que venia después.
A escasos dos metros de el, estaba el cuerpo de Ellus. el arma había caído a su lado.
Se arrastro hacia el cuerpo de su amante, el cabello estaba ensangrentado, los ojos muy abiertos, la boca ligeramente abierta en una mueca asustada, le faltaba un trozo de cabeza.
En la pared, había una mancha enorme y roja, como si hubiesen arrojado la pulpa de un pomelo maduro, embadurnándolo todo, creando arcos que eran artísticos, incluso, pese a su azarosa trayectoria.
Evito mirarla, aunque su lado morboso se moría por hacerlo.
Hacia meses que sabia que eso pasaría tarde o temprano, pero jamás le hizo caso a su corazonada, "que mierda de sexto sentido", pensó.
Y ahí estaba el cerebro que había querido desparramar por la chimenea, abierto como una fruta madura, exhalando los vapores de la vida y la poca inteligencia de su dueño.
Pero no le causaba la misma sensación de alegría que creyó le proporcionaría el verlo decorando el piso y parte de la pared.
Le paso los dedos por la cabeza abierta y se los llevo a la boca. Quizás su cerebro se estaba volviendo loco por el dolor, pero sentía unas ganas inmensas de tener ese liquido quemándole la lengua, colándose por su garganta. Quería absorberlo todo, lamer las paredes y el suelo, tomar su cabeza abierta y verter el contenido dentro de su boca como si fuera una maldita sandia licuada.
Al menos si morían, probaría lo que había dentro de el, por ultima vez. Su sangre dulce y ardiente de la que jamás había bebido todo cuanto quería, no por falta de insistencia y oportunidades.
De vez en cuando la sangre de Ellus se derramaba sobre ellos, sobre todo cuando llegaban a la cama, a la parte de los besos lujuriosos y violentos, desgarrando todo su cuerpo. Donde Theon era el sádico y Ellus el masoquista y ambos cumplían su papel a cabalidad, con la esperanza de saciar de una vez por todas la pasión que se despertaban mutuamente.
Jamás lo consiguieron, al menos no Theon. Especialmente no Theon.
Cuantas veces tuvo ese cuerpo bajo el, sobre el, acariciándole hasta los pensamientos con su lengua rosadita, blanda y húmeda, jurándole amor eterno y recitándole pequeños poemas extraños que el mismo escribía y que a Theon le parecían secretamente estúpidos.
"Mi dios de ojos grises esta muerto.
lo han desmembrado en la tempestad.
no escucho sus gemidos, ni su voz poderosa.
me parece vacío el mundo.
las notas de su música han cesado.
como si su alma hubiera llegado al limite.
príncipe mío, que no me perteneces.
has naufragado en este rincón del universo tenebroso.
donde suceden cosas hermosas y terribles
y no entiendes
por que debes morir
así que te vuelves eterno
en el resplandor infinito de tu luz.
tu alma infatigable.
no hay ángeles que luzcan como tu
ni que me ofrezcan mejor versión del paraíso.
todo es carmesí, todo es brillante, como dentro de un rubí.
no hay demonios que tengan tu maldad.
tu llanto es dulce.
tus garras delicadas.
tus ataques, ofrendas de amor.
la muerte que regalas seria el clímax de cualquier existencia.
el mas sublime acto de amor."
Y Theon lo besaba para callarlo y le hacia el amor solo por que era el único que lo había seguido cuando decidió dejarlo todo y lo recibió cuando, mas tarde, se dio cuenta que lo que había hecho estaba mal.
Por que lo quería y a pesar de que era un emo depresivo, lo amaba mas que a nada.
O así era.
Perdió el conocimiento.
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