miércoles, 31 de marzo de 2010

Bellas Melodias III (flashback)

(capitulo 3. se supone que ahora la cosa va tomando mas sentido, pero esto es mas que nada para describirlos y que se los imaginen bien.
espero que les guste y que no se decepcionen o algo por las personalidades, la de Ellus fue una sorpresa incluso para mi XD.
y si alguien tiene una foto o un dibujito que quede bien, le agradeceria que lo compartiera, hay que alegrar un poco esto...)


Bellas Melodias III flashback

Se conocieron una noche fría de finales de abril.
Estaban en una plaza rodeada de faroles, iluminada como un ring de lucha libre, donde una bastante común e incluso alegre pelea de bar llegó a límites insospechados de violencia, gritos y sangre.
Les había fascinado de igual manera la estupidez y la ferocidad con la que se atacaban mutuamente aquellos alcoholizados personajes, no podían creer que ellos pertenecían a la misma raza. ¿Será que algunas personas vienen con fallas técnicas inherentes como los electrodomésticos?, ¿o les sucede como a los teléfonos móviles que, de vez en cuando, pierden la señal?
Como fuera, era divertidísimo olvidar los problemas propios mientras los demás se partían la cara en encuentros primitivos y sin sentido.
Ah, la vieja diversión de la muerte. Los romanos habían tenido razón, a medias al menos. Lo que veían en aquella plaza no era muy diferente a las antiguas venationes o a las peleas de gladiadores. El humano es un animal simple con una programación base clásica: divertirse con el dolor ajeno.
Y ambos estaban más que concientes de eso.
Observaron como los patrones de sangre saltaban, cuales rojas hormigas ingrávidas, hasta caer al suelo. La sucia intimidad de las peleas llegaba a su punto mas atractivo cuando el escarlata hacia su aparición. El aire se cargaba de tensión, los gritos obscenos les cegaban los oídos como rugidos de leones, el ruido de los nudillos chocando con las mandíbulas era casi visible, como un relámpago. Casi podían ver como el aroma metálico de la sangre impulsaba a los luchadores hacia la tragedia.
Finalmente uno caía al suelo con la nariz abierta como un grifo, chorreando espesa agua pantanosa.
Ellus imaginó que aquella sangre roja era caramelo, dulce y caliente, se imaginó que el estaba derramándola, que él había dado ese poderoso golpe y había tumbado a ese hombre del doble de su altura (algo que era virtualmente imposible de lograr, era bastante ágil corriendo, pero no muy fuerte). Theon solo observo lo maleable de la piel ante los golpes y se preguntó si él seria capaz de soportar un dolor así de manera tan gratuita.
Decidió que no quería averiguarlo.
Ambos habían llegado ahí llamados por la curiosidad. Necesitaban ver y sentir la electricidad que corría entre las personas cuando se jugaban la vida o el honor o cualquiera de esas ridiculeces. Se alimentaban de aquellas emociones llenas de ira pero vacías de sentido. Las perseguían como si fueran un par de investigadores imbuidos en una antigua cultura salvaje, protohistórica, perdida en el tiempo.
Entonces, en medio del espectáculo de sus animalizados congéneres, se miraron desde los distantes extremos donde se habían puesto a resguardo de cualquier golpe desencaminado. Sonriendo con igualmente enfermas muecas de admiración ante lo que consideraban magnifico, simplemente estúpido.
De inmediato se hicieron amigos como si se conocieran de toda la vida. De esos amigos que significan un cambio en tu manera de ver el mundo, con quien sientes una conexión tan completa y tan fuerte, que todo, absolutamente todo, tienes que compartirlo con la otra persona.
Podría ser correcto incluso decir que se habían enamorado en el mismo momento en el que sus miradas claras se cruzaron, cargadas de un inexpresable y, ya intolerable, anhelo por encontrar alguien con gustos a fines.
Pero todo era producto de sus egocéntricas personalidades, se adoraban por que se reconocían en el otro como si estuvieran viendo dentro de un espejo distorsionado y sus instintos los atraían tanto hacia las similitudes como a las diferencias que había entre ellos.
Ellus era todo lo que Theon jamás podría ni le interesaría llegar a ser: crítico, conciente, anarquista, destructivo y, aun así, tímidamente tierno. Hijo de unos comerciantes que ignoraban que se había ido por el mal camino. Un poco extraño para vestir, se llenaba el cuello de cadenas y collares, y las muñecas de pulseras hechas por el mismo y vestía como si hubiese sido atacado por el mal gusto: con camisetas rotas, varias tallas más grandes y jeans gastados y rotos.
Pero en su interior se escondía un cerebro brillante, puramente impulsivo e inteligente, sus neuronas vibraban al ser atacadas con estímulos visuales y auditivos tan poderosos como lo podían ser las peleas. Adoraba la música y solía cantar agrito pelado mientras corría por las calles escapando de los dueños de las paredes que había rayado con sus consignas revolucionarias o mientras se encaramaba a los techos o a los árboles sintiendo la adrenalina de la vida fluir, pura y eléctrica, por su sangre.
Theon, en cambio, era sofisticado, irónico y altanero. No se ensuciaba las manos por nada ni por nadie, vestía casi siempre de negro y sus ojos, fantasmagóricamente verdes, compensaban la falta de color en el resto de su persona. Era inconciente tanto con el ambiente como con su propio cuerpo y creía que los verdaderos cambios de la sociedad nacían de ideas revolucionarias y no de andar rayando las paredes ni derribando edificios (como opinaba Ellus en sus arranques terroristas).
Usaba un simple anillo de plata sin ningún adorno y se le notaba a kilómetros que venia de una buena familia que se lo había quitado de encima, a base de darle en el gusto en todo.
Era ferozmente critico con la sociedad pero de una manera mas reposada que Ellus. No le gustaba ni la televisión ni el cine y era un fiel seguidor de sus propios códigos de conducta, bastante simples de hecho. Destilados de las enseñanzas de Bertrand Russell y la sabiduría popular: habían cosas que se podían cambiar y cosas que no, y lo único que puede hacer una persona para vivir bien, es saber distinguirlas y aceptar las que no se pueden cambiar y tener el coraje suficiente para cambiar las que si.
Ambos actuaban como si, hasta ese momento, no se hubiesen atrevido a decir o hacer lo que realmente querían delante de los demás, por que sabían que nadie compartía su extraña opinión.
¿Para qué gastar energía explicándole al vulgo lo divertido que era verlos hundidos en la estupidez y el sin sentido? ellos no apreciarían la sutileza de sus burlas, es mas, ellos se burlaban cruelmente sin entender nunca lo que decían. Como si el ser educado, conciente o intelectualmente superior fuera algo malo.
Jamás llegarían al extremo de sentirse mal por ser diferentes, por preferir la música instrumental y los libros que una java de cerveza y la obscenidad de las canciones de moda.
En cambio, habiendo superado la primera impresión de querer exterminar a toda esa raza de desgraciados amantes de los más asquerosos vicios y gustos musicales (y la profunda decepción que les provocaban) se decidieron por preocuparse de sus vidas sin ofuscar ni tratar de cambiar al prójimo. Si no, simplemente, observándolos. Como si se tratara de una colonia de bichitos: interesantes y educativos, pero que, si un día desaparecen, no pasa nada.
Así fue como se conocieron y así se hicieron dependientes el uno del otro.
Pasaron de sentirse extremadamente frustrados a convivir en un microcosmos hecho a medida, un espacio silencioso, secreto, solo suyo.
Era como si se hubiesen estado esperando mutuamente para liberar esos sentimientos y esas emociones restringidas en lo más profundo de su ser.
Entre ellos se formó, de inmediato, una conexión más que obvia.
Que más daba que los demás los miraran reprobatorios. Era maravilloso si Theon se doblaba de la risa al escuchar los discursos subversivos de Ellus, viendo como perdía la poca cordura que le quedaba en una nube espesa de marihuana filtrada por los pulmones de los ahí presentes y filosofaba a cerca de la decadencia de la humanidad. No importaba para nada que los cerdos burgueses los odiaran (y que en algunos casos esos cerdos fueran sus propias familias) siempre era divertido ver como los dientes de sus contemporáneos caían como hojas de otoño en medio de una pelea, como el drogadicto chocaba con las paredes antes de caer, vomitando al suelo, como la masa inconsciente se cocinaba en sus propios vapores y jugos viciosos.
Y aunque no fueran concientes de la atracción que sentían el uno por el otro, sus cuerpos emanaban la química necesaria para mantenerlos unidos hasta que se dieran cuenta.
En un principio fue solo una sana amistad basada en lo gracioso que era Ellus y en la seriedad de Theon, en lo mucho que a Ellus le gustaba la música y a Theon los libros, en la inherente ternura de Ellus y que a Theon le encantaban las creaturas lindas y tímidas, en que Theon había vivido en sus 23 años, cosas que Ellus ni si quiera sospechaba, en lo apuestos que ambos eran y en que estaban en esa edad indefinida entre los 19 y los veintitantos en los que no esta mal acostarte con alguien a quien recién conoces, ni caerte de borracho, ni quedar inconciente bajo una mesa, ni deslizar tu nariz sobre polvos de dudosa procedencia y en la que, de hecho, nada esta mal del todo.
Descubrieron que si se iban de juerga juntos, el beber hasta vomitar y quedar inconciente, el hacer cosas por el puro gusto de hacerlas sin pensar mucho en ello, podía llegar a ser entretenido.
Se gastaban todo el dinero de Theon (que no era poco) peregrinando por fiestas y bares, ferias de antigüedades al aire libre y exposiciones de arte. Theon conocía todo tipo de gente, exiliados, artistas sin un peso, buenas y decentes personas, rockeros sin éxito, hijos o parientes de “alguien” famoso, políticos, escritores, actores y funcionarios de todos niveles que los invitaban a fiestas donde se fumaban todo tipo de hierba que les ofrecían y despertaban enredados en cuerpos que no conocían, bañados en sudor de diferentes noches.
Con el tiempo, comenzaron a buscar algo más que llenara sus vidas, pero no sabían bien que. Inconcientemente querían llegar al fondo de sus más profundos deseos e impulsos y descartaban cada vicio, uno a uno, con desesperación.
Pero nada los llenaba lo suficiente y no entendían por que para ellos no funcionaba como para el resto.
Quizás su única diversión fuera contemplar y menospreciar a la raza humana y en lo que se estaban convirtiendo, en ser mudos testigos de la caída libre en el abismo sin poder ser parte de la sensación de ingravidez, si no, ser los únicos concientes que abajo espera un golpe mas que fatal contra un suelo extremadamente duro.
Que idea mas deprimente.
Y en el camino, se portaban exactamente de la manera que mas reprobaban. Sin embargo para ellos era una búsqueda importantísima y sagrada: La búsqueda de su propósito en la vida. Y no importaba que tan malo fuera su comportamiento, ellos jamás iban a ser iguales a aquellos seres, aquellos bosquejos incompletos de humanos, insectos atrapados en las telarañas de sus marginalidades, de sus vicios.
Ellus podía vestirse como un pordiosero y Theon perder la conciencia con la cabeza apoyada en la mesa, pero se sabían superiores, individuos diferentes que, en cuanto llegaran a su destino, no necesitarían nunca mas recurrir a esa vida.
Hasta que, un día, se aburrieron del resto del mundo y decidieron enclaustrarse a planear su próximo paso.
Se fueron al departamento de Theon, cargados de toda la hierba que pudieron encontrar y se pasaron un fin de semana abasteciendo sus cuerpos solo con las escasas calorías que necesitaban para no caer desmayados (en su gran parte laminas gruesas de queso amarillo, mantecoso y con un delicioso gusto a leche) y el humo de los porros que liaban con dedos expertos por la practica, pero entorpecidos por los efectos.
Fueron como unas vacaciones llenas de claridad mental, entregándose solo a la regeneradora presencia de la hierba, buena hierba, en sus sistemas. Dejando que la naturaleza limpiara su organismo de las toxinas consumidas durante su selvática semana.
Durante esa vegetal cuesta abajo, descubrieron lo relajante que podía ser tener sexo entre ellos, lo bien que le podía hacer a sus cuerpos y a sus mentes. Lo terapéutico de sus besos, lo liberadora que era esa sensación de la tibieza de otro cuerpo junto al suyo, de lo tranquilizadora que podía ser la sola sensación de tocar piel suave y viva. De besarse, manosearse, correrse y abrazarse. Dormir horas, despertar y pasar el día juntos sin tener que dar ni pedir explicaciones, ni llamar un taxi cuando aun no te has vestido y aun estas pegajoso, con el corazón latiendo a mil por hora.
A ambos los había cautivado completamente la sensación de despertar con la misma persona entre los brazos cada mañana. Encontrar un par de ojos familiares si te despiertas a media noche necesitando un norte. Saber que al otro lado de la puerta hay alguien que vendrá si lo llamas, que contestara tus preguntas con sinceridad, que, si estas hecho un asco, será capaz de mirarte a los ojos y decirte: “estas hecho un asco” como le había dijo Theon para luego largarse a reír, alguien que te ha dicho y te ha hecho las mismas cosas que tu a el, que podría llegar a amarte, si lo sabes tratar con cuidado.
Solo ellos existieron en el mundo ese fin de semana y Ellus jamás llegaría a recuperarse del todo. Se había entregado de manera tan completa a todas las peticiones de Theon que, cuando se separaron, sintió que algo de el se había ido con su amante y que jamás volvería a ser el mismo.
No es que fuera virgen, ni mojigato ni mucho menos. Para Ellus, el sexo era natural pero especial, cada vez tenia que ser única y diferente, si no era así, no tenia gracia. Pero frente a Theon se revelaba su faceta mas sumisa y eso afectaba profundamente su alma de guerrillero, de kamikaze, de rebelde. De pronto, se encontraba en la cama, pensando solamente en como satisfacerlo a el, en como agradarle, en como sorprenderlo.
Y la sensación de lograr todo eso era tan adictiva como las drogas que consumían para alterar sus, ya de por si afectados, estados de conciencia.
No dijo nada de lo que pensaba y sentía. No había para que. Sentía que Theon le leía la mente, como si sus ojos, tan verdes que parecían de otro mundo, fueran en verdad un artilugio mágico mediante el cual podía saber lo que pensaba, seguir las sinapsis eléctricas de sus neuronas, licuar su cerebro y beberlo conociendo todos sus secretos y sus sensaciones.
Siguió actuando como si no pasara nada. Las mismas fiestas, el mismo derroche de dinero y energía y, una vez a la semana, se dedicaban a hundirse mutuamente en el cuerpo del otro sin pudor y sin conciencia de nada que no fueran solo ellos dos.
Como una terapia regenerativa de cuerpo y alma.
A Ellus le encantaba la intima cofradía que habían armado. Ambos únicos compositores de sus disfrutes y sus desdichas, únicos responsables de lo que estaban haciendo, los únicos que lo sabían en el mundo.
Esperaba con ansias el fin de semana, sublimando hasta tal punto su deseo que, a duras penas cruzaban palabra, mientras se desvestían en el recibidor del departamento y se lanzaban en brazos del otro.
Ellus, normalmente, se cortaba ante el mas mínimo roce y no le gustaba que lo tocaran mucho. Terminaba en la cama con alguien solo cuando estaba seguro que ese alguien ofrecía algo que nadie mas podía darle. A Theon, en cambio, le gustaba acostarse con las personas como si fuera un deporte, era solo una adicción mas entre sus muchas dependencias y Ellus lo aceptaba tan bien como si se estuviera bebiendo, egoístamente, una botella de whisky.
No había celos que mermaran su relación por que ambos sabían que solo se pertenecían el uno al otro, que entre todos los humanos con los que se cruzaban, solo ellos tenían derecho a verse como iguales. Ellos iban en serio. El resto era solo por diversión.
Muchos oían los gemidos de Theon en sus oídos, muchos lo recibían en sus brazos y en sus cuerpos, pero sólo Ellus sabia que le gustaba que le besaran el cuello y que le mordieran delicadamente los dedos mientras hacían el amor. Solo él conocía la manera exacta de hacer que se corriera tres, cuatro y hasta seis veces por noche, solo con sus manos y su boca, sin necesidad de recurrir a todas las drogas legales e ilegales y los diversos venenos que tomaban para soportar la compañía de otros.
Y aun así, se consideraban un par de muchachos completamente normales según sus propios y distorsionados estándares.
Seguían buscando lo que los impulsaba, lo que les pertenecia. Sabían que habia algo mas allá, esperándolos, solo que ahora, si al final del día no lo encontraban , podían refugiarse el uno en el otro. Era como volver a casa.
Hasta la noche en la que la búsqueda de Theon, lo llevo a irse con un vampiro.

1 comentario:

Franko dijo...

Eso esta mucho mejor pequeña lizzie... Por momentos flaqueo mi fe pero al final (literalmente, en la ultima linea) lo conseguiste. Acallaste la incertidumbre.

Felicitaciones. Es un gran trabajo. Estoy ansioso por continuar leyendo.

Saludos... Al final no soñe con ville vallo ni con el chico de la fotografia que me mostraste(aunque hubiera deseado que fuera asi).

X.O.X.O