lunes, 12 de abril de 2010

Bellas Melodias IV

Ellus seguía mirando la alfombra con expresión culpable.
Su mente vagaba en las diferentes maneras de pedir perdón, preparándose para ser humilde, una vez mas, en su larga historia juntos. Alistando sus cuerdas vocales para sonar tristes por algo que no le causaba el más mínimo sufrimiento. Para mentir por la paz, como mil veces antes. Pero, a pesar de todo, sus ojos azules se veían terriblemente fríos.
En su, últimamente, calmada manera de ver las cosas, había perdido la paciencia. Era ridículo sentir pesar por una alfombra, UNA ALFOMBRA, POR DIOS, una cosa inerte, un objeto inanimado, un trozo de tela que bien podía quemarse en cualquier momento y que tarde o temprano acabaría por arruinarse, desgastarse y desaparecer.
Y se rehusaba a pensar en la ropa o en la pared.
Su mente ardía de rabia, pero por más que lo intentaba, las palabras ya no salían con la misma pasión, ¿había perdido el toque, quizás?, ¿es que ya nada le importaba tanto como antes?, ¿su espíritu rebelde había muerto?, ah, ya nada tenia mucho sentido de todas maneras, Theon jamás entendió en el pasado y jamás lo haría. Pero era parte de el, por esos pequeños detalles era por los que Ellus lo amaba tanto, por esas cosas que le hacían hervir la sangre, por los errores de programación con los que venia, por su naturaleza hedonista y cómoda…
Sabia que para Theon, la vida misma se resumía en cuantas cosas tienes (o la filosofía del “tanto tienes, tanto vales“ que llenaba a Ellus de indignación), pero también sabia que no valía la pena pensar más en lo que acababa de hacer como si se tratara de un crimen, las cosas materiales no deben afectar los sentimientos de las personas. O no deberían, eso lo tenia claro.
Hacia algunos años, cuando aún eran humanos y en cuanto Theon se dio cuenta la magnifica relación que tenían, trato de hacer una mejor persona de él, a su manera: cambiándolo por fuera.
Lleno sus armarios con ropa cara y fina. Ellus jamás había lucido tan bien y nunca se había sentido tan calmado, como si el tacto de las telas sobre su piel desnuda fueran una droga que le embotara los sentidos. Se pasaba horas mirando como la seda atrapaba la luz en miles de destellos tornasolados, dudando en dejarse arrastrar por las comodidades, sintiendo como Theon masajeaba sus músculos cansados, como peinaba su cabello rubio y lo cortaba con cuidado. Theon jugaba con el como con una muñeca. Pero no podía quejarse, en verdad no quería quejarse y eso lo confundía un poco.
En sabanas de seda descansaba, mientras su cabello olía a frutilla y su piel a canela (los aromas preferidos de Theon, personalmente a el le gustaba mas la vainilla, durante su vida mortal podía reconocerla donde fuera, postres o perfumes) sintiendo la seda, el lino y el satén envolverlo y rodearlo como dentro de una nube, las hábiles manos de Theon vestirlo y desvestirlo, buscando que ropa le iba mejor a su claro tono de piel, que chaqueta combinaba más con sus ojos, decidiendo si debía llevar guantes o las manos desnudas y un anillo.
Pero con el paso del tiempo, Ellus sintió la necesidad de regresar a su antigua vida.
Poco a poco fue despojándose de la imagen que Theon había armado en el, volviendo a las sudaderas grandes (aunque ahora nuevas, limpias y con emblemas de sus grupos favoritos) a sus jeans gastados, a sus zapatillas de cordones largos y de distintos colores, a los suspensores y a las pulseras hechas por el mismo y a las aventuras nocturnas, a destrozar el enrejado de alguna fabrica o rayar alguna pared por puro gusto y afán idealista.
El experimento había fracasado. Pero no supuso algo grave para ninguno de los dos. Obviamente Theon estaba decepcionado, le encantaba la elegancia del cuerpo de Ellus, de sus músculos elásticos y delgados, de sus dedos blancos de uñas delicadas (normalmente pintadas de negro), de su cabello rubio, fino y suave, como hilos de oro y no entendía por qué parecía no gustarle verse bien, estar tranquilo. Solía reírse de esas diferencias y adoraba su personalidad extraña, pero en el fondo no le veía la gracia a tener los dedos siempre ásperos, a las cicatrices que guerras ficticias contra el estado y el régimen establecido. Ellus era el único soldado en una guerra de ideales que jamás podría ganar y que volvían a su cuerpo y a su mente un constante campo de guerra.
Mientras estaban tendidos en la cama, desnudos y adormecidos, antes o después de sus tórridos episodios pasionales, Theon besaba la cicatriz del brazo de Ellus, aquella que se hizo a los 17 años, cuando se rompió un brazo escalando una pared, luego tomaba sus manos siempre tibias y acariciaba sus dedos ásperos y manchados de aerosol, limpiándolos, tratando de volverlos suaves.
Ellus ronroneaba de gusto, medio dormido, mientras Theon se untaba algo de crema en las manos y recorría su cuerpo hiperactivo destensándole cada músculo, volviéndolo un animalito entregado a sus hábiles masajes.
Pero la naturaleza de Ellus había hablado y expresado claramente sus deseos de regresar a los orígenes de la extraña moda que seguía el rubio. Si es que seguía una.
Al final, solo le quedo resignarse. Y busco argumentos sólidos para convencerse que no había nada más que pudiera hacer. “¿para que cambiar algo único?” Fue el pensamiento ganador y desde entonces, se limito a contemplar las andanzas y desventuras de la vida de Ellus esperando con mucha paciencia.
Pero ahora ya no eran niños humanos, eran vampiros, no podía deprimirse por las mismas estupideces ¿o si?.
Theon desvío la mirada del cielo al que había acudido para pedir paciencia y miro a Ellus. De inmediato se dio cuenta de lo que pasaba por esa cabeza rubia. Cuantas veces había visto esa expresión antes.
A Ellus le importaba una mierda destruir la propiedad privada si con eso creía que enviaba un mensaje y aunque pusiera su expresión más culpable, se sentía satisfecho, en verdad creía que hacía lo correcto.
"Maldito niño egoísta" pensó. Pero lo cierto es que Ellus jamás había sido egoísta, tenia que aceptarlo. Ya por demasiado tiempo había sido fiel a los mismos principios en los que creía cuando se conocieron: “La vida es maravillosa, el mundo es un lugar bueno, pero siempre puede ser mucho mejor. Dirijámonos hacia la perfección haciendo volar unos cuantos edificios de gobierno y escribiendo en las paredes frases que despierten a las personas de sus pensamientos conformistas“.
Theon sintió un repentino dolor de cabeza al recordar todo eso.
Pero Theon sí había sido egoísta y lo sabia… ah, que bien embonaban sus personalidades y sus gustos, casi tan bien como sus cuerpos… una lastima que estuviera tan deprimido, hacían una buena pareja.
Si ahora el animo de Ellus estaba así era, simplemente, por que se había dado cuenta de lo equivocado que estaba en su visión de la vida y en que él podía hacer algo para cambiar al mundo, se había dado cuenta que, como inmortal, le esperaba una eternidad de ver caer al mundo en aquel abismo de estupidez y mediocridad del que ya era muy conciente siendo humano y eso le dolía, lo hería más que las balas, más que el sol y más que los gruesos nudos alrededor de su hermoso cuello.
No, Theon no podía culparlo, no cuando él mismo se había encargado de que abriera los ojos, de convertir al dulce y agresivo terrorista en un asustadizo corderito… al final el dicho no era cierto: sí puedes hacer de un tigre, un gatito, solo acariciándolo.
Le había mostrado que la gente que llega más lejos es la que más cosas consigue, las que escalan en la vida sin importarles nada, las que aplastan al prójimo con sus pedantes personalidades o los que están emparentados en alguna medida con algún personaje con esas características.
Que el rico y poderoso siempre pisotea al que esta debajo, que algunas personas nacieron para hacer lo que nadie más quiere hacer, que los humanos son desechables, reemplazables y que el mundo esta hecho para recordárnoslo: lo que tu no hagas, alguien más lo puede hacer. Nadie es indispensable y, quizás, no somos tan únicos y especiales como nos hicieron creer desde niños.
Pero ni si quiera por el hecho de haber querido llevárselo con él a las profundas aguas de la muerte podía asegurar que Ellus fuera un egoísta. Estaba decidiendo por él por que pensaba que era lo mejor y lo más razonable, lo que cualquier persona en su sano juicio querría, pensó que era lo que Theon quería…
- Me voy a comer. dijo Theon furioso por no poder, si quiera, culparlo de las locuras que hacia.
Ellus avanzo lentamente hacia el, hasta ponerse peligrosamente cerca, Theon se alejó un poco, podía tener un cuchillo o algo escondido por ahí, ya no confiaba tanto en sus instintos.
- Te acompaño. Le dijo el rubio sonriendo ¿Por qué siempre sonreía cuando menos se lo esperaba? Y ¿Por qué demonios lo había dejado ponerse tan cerca?.
Giro hacia él sus impresionantes ojos verdes, que eran tan brillantes como cuando era un mortal, hipnóticos, como un trozo de jade que brilla desde el interior.
Cualquiera se habría muerto de miedo ahí mismo, o por lo menos lo habría pensado dos veces antes de insistir, pero no Ellus. Siguió sonriendo y le puso el antebrazo en el hombro, ladeo la cabeza un poco, su cabello rubio estaba salpicado de gotas rojas, brillantes y secas. Theon se imagino que eran rubíes, que por un momento podía sumergir a Ellus en los abismos de la banalidad que a el tanto le gustaba, quería tomarlo y vestirlo de nuevo con ropas caras, limpiar su rostro y su cabello y adornarlo con algunas joyas. Eso quería, que Ellus volviera a ser el adorno que había sido hasta hacia un par de años, inerte y bello, calmado y siempre estéticamente correcto. Ya no quería que vistiera esas ropas que había rescatado de sus días de juventud.
Quería que se viera bien para que se sintiera bien.
Pero en el fondo sabia que el cambio debía ir mucho mas allá de eso.
- No. Dijo un poco triste. tu tienes que limpiar esto y luego date un baño, apestas y estas cubierto de sangre.
- Creí que te gustaba cuando estaba cubierto de sangre. dijo Ellus pasándose la lengua por los labios. Por un momento Theon no logro hablar, perdido en esos ojos color cielo, en la curva de su labio superior al ser acariciada con la lengua, los dientes delanteros asomándose un poco, blancos, perfectos, pudo ver algo de sangre en la comisura de su boca y en su cuello, la delicada presión de los dedos sobre su hombro, el calor que emanaba de su cuerpo, la palidez de sus mejillas, la inclinación de su cabeza.
Ellus se movió hacia adelante como si quisiera escuchar alguna respuesta de parte de Theon, sin separar sus miradas. Podía sentir el aroma de su amante y el suyo propio bailando a su alrededor, desprendiéndose con cada movimiento. Todo se estaba llenando de una carga sutilmente erótica que emanaba de Ellus.
Al final, sus intentos de suicidio siempre terminaban en lo mismo y ambos lo sabían.
Lo cierto era que, después de cada encuentro cercano con la muerte, Ellus se veía aún más bello de lo que ya era. Theon pensaba que se había acostumbrado de cierta manera a la belleza extraña y suprema de su amante, pero no era así. La muerte imbuía a Ellus con una especie de energía viva, algo brillante, eléctrico, le daba luminosidad a su piel, volvía tersa su voz, tenia a flor de piel la escasa sensualidad con la que había nacido, incrementada millones de veces, sus ojos parecían capaces de detener al mundo, su mundo.
Con ese cabello salvajemente desordenado y los ojos brillantes, ese cuerpo que parecía hecho para el y aquella personalidad que lo volvía loco.
En algún momento de la historia Theon lo había considerado un buen trofeo. Pero desafiando todos sus instintos de depredador desvío la mirada y dio un paso hacia atrás.
- ya no. Dijo simplemente.
En un segundo se encontró de nuevo en la calle.
Su hombro aún estaba tibio. Agacho la cabeza y se paso la mano por el cabello café y ondulado, respiro hondo, movió el cuello de derecha a izquierda haciendo sonar las cervicales maltratadas.
Por un momento se había sentido incapaz de rechazarlo, todo su cuerpo parecía decir “quiéreme, ámame, ven conmigo” Pero su fuerza de voluntad era algo de lo que siempre había estado orgulloso.
Trato de convencerse que aún llevaba las riendas de esa relación y que sí podía controlar sus sentimientos.
Sintió el frío en la cara y en el pecho como si lo acariciara un trozo de seda. Cerro los ojos disfrutando del suave aroma a invierno que se desprendía de todas las cosas: árboles, edificios, incluso de las personas. Había esperado esa estación bajo los calurosos brazos de un verano increíblemente caldeado y ahora estaba empecinado en disfrutar de su frío inofensivo.
Se paso la lengua por los labios, un tenia el sabor de Ellus en la boca.
La sangre en su pecho se había secado, habían marcas rojas, como patitas de gato, en su camisa rota y sentía un leve ardor en la nariz.
Su mente divagó un momento por todas las posibles respuestas a eso mientras tocaba el lino quemado por la bala.
No, nada, jamás le pasaría nada, jamás moriría.
Se cerró la chaqueta hasta el cuello y decidió dedicarse a buscar una muchacha bonita con quien pasar las horas.
Caminó por un par de cuadras en dirección al centro, hacia una plaza concurrida que se llenaba de gente a todas horas. Le gustaban aquellos jóvenes inconcientes que no pensaban más allá del aterrador presente, muchachos perdidos como el lo estuvo alguna vez, solo que había tenido mas suerte. O menos, depende de quien mirara.
Cuando Theon conoció al vampiro que lo transformo, pensó que era un jovencito en busca de emociones igual que el. Era tan lindo como Ellus y bastante dominante en la cama, tenia unos feroces ojos castaños y unas manos inquietas que lo desesperaban. Lograba dominarlo como si Theon fuera un ser sin una pizca de voluntad y a pesar de verse frágil, solía apretarle las muñecas hasta hacerle daño.
Theon no lo considero de su misma clase, obviamente, y al verse mas joven que él simplemente lo desprecio en secreto usándolo como hasta entonces había usado a todas sus demás parejas de una noche.
Theon sonreía en silencio, paciente, mientras el extraño muchachito le limaba las uñas hasta dejarlas como garras afiladas con las que después arañaba su espalda blanca y felina, cuando dibujaba extraños símbolos en su piel con un rotulador.
Cuando bebió su sangre por primera vez solo se limito a gruñir bajito, más bien a ronronear, sintiendo la delicadeza de seda de la lengua pequeña y fría en la piel de su cuello.
Cada uno tiene sus manías. Pensó inofensivamente.
Theon no estaba tan errado al pensar que aquel niño buscaba entretenciones peligrosas, solo que había pasado algún tiempo desde que ese "jovencito" en particular había comenzado su búsqueda.
Un día viernes, Theon dejó a Ellus en su departamento jurándole y re-jurándole que iba a regresar al día siguiente, en la mañana. Diciéndole que tenia que ir, que este jovencito de piel clara era algo que no se podía perder, (“una noche, si, te amo, adiós“).
Tenia que averiguar por qué su piel era tan blanca que parecía traslucida, por qué todos parecían verlo solo a él, por qué sus ojos eran algo que no podía evitar mirar, por qué le daba la impresión de estar cegado, dominado, totalmente inconsciente y fuera de este mundo, mientras tenían sexo. Tenía que averiguar cómo aquel extraño lograba ponerlo en trance y hacer y deshacer con el.
Era peligroso, pero Theon era curioso y terco. Mala combinación.
Como siempre, Ellus se trago con torpeza sus palabras y lo dejo ir. No había manera de recriminarle nada, no tenía asidero alguno para ningún tipo de reclamación, no podía, simplemente su relación no se basaba en eso, si es que en verdad se basaba en algo.
Pasó una semana esperando en el departamento.
Cuando se dio cuenta que Theon no iba a llegar pronto, sacó la ropa más bonita que tenían (y la mas cara), la metió dentro de un tarro de metal y la quemo en el centro de la sala, apreciando, en su momentánea locura, como los botones se derretían y la tela se volvía cenizas. Solo sobrevivieron un par de cierres.
También le regalo un poco de ropa a una ancianita que paso pidiendo ayuda. Ropa y una tetera.
Decoró con marcador, algunos cuadros de Theon, pintando pequeñas personitas hechas con simples líneas, dentro del gran barco que surcaba el océano, bigotes en los dulces rostros de las niñas sentadas en el jardín tomando el té.
Pero llego un momento en el que la destructividad ya no le produjo el mismo efecto tranquilizador, descubrió (para su completo horror) que estaba preocupado por Theon, ¿y si se había ido con otro?, ¿y si descubrió que lo pasaba mejor con ese niño bonito? ¿Y SI EL NIÑO BONITO LE HABIA HECHO ALGO?.
Comenzó a pasearse como un león enjaulado por el departamento, pensando cada vez más seriamente en salir de ahí y buscar a Theon hasta dar con el y arrancarlo de las garras de ese fulanito-quien-quiera-que-fuera.
Pero los celos no eran naturales en Ellus y en un momento de claridad, en medio de su proceso inconciente de razonamiento, se dio cuenta que estaba exagerando las cosas, que Theon estaba bien, sólo se estaba divirtiendo un poco, como siempre. “Ya veras“. Se dijo. Llegaría con el de nuevo y entonces le explicaría por qué (demonios) se había quedado tanto (maldito) tiempo lejos. Quizás aquel jovencito era un excelente amante, o especialmente estúpido, cualquiera de las dos cosas habrían resultado muy atractivas para Theon.
Para el viernes, Ellus ya se había conformado en su espera. Caminaba por la casa, apagando las luces y descubriendo que ese silencio y esa oscuridad le hacían bien, le daban calma, le apagaban el espíritu.
Extrañando los brazos y los besos de Theon, se hundió en el mundo de su música, absorbiendo las notas más deprimentes y bellas que pudo encontrar, dedicándose simplemente a esperar, manteniendo la mente en blanco.
Cuando Theon apareció (a eso de las 4 de la mañana del viernes siguiente) estaba delgadísimo, hambriento como nunca, sediento, cansado y asustado.
El vampiro lo había mantenido todo ese tiempo de a cuerdo a su propia dieta estricta: sangre, alcohol y sexo. No muy diferente a la que llevaba con Ellus, en realidad, pero el inmortal agregaba a la ecuación una gran dosis de miedo, a demás, sus ansias lujuriosas se extendían a todos sus vicios y no descansaba jamás.
Theon le contó todo, lentamente, con palabras a medias, con momentos de enmudecimiento en los que los recuerdos eran dolorosamente vividos y herían tanto como si estuvieran pasando de nuevo. Ellus no lo presionó, no insistió, no habló, sólo tomo su mano y lo escuchó.
Ese crío era joven, quizás demasiado para ser visto con alguien como Theon, pero se comportaba como si el mundo le perteneciera. Le contó a cerca de como lo golpeaba suavemente en el hombro mientras hablaba con los demás, o como rizaba su cabello entre sus dedos como fríos tentáculos (no suaves y tibios como los de Ellus), sosteniendo su mirada de manera descarada y penetrante, cosa que le ponía los nervios de punta, era como estar gritando a los cuatro vientos que aquella era su mascotita, un perrito bien atado.
Pero cuando pensaba en abandonarlo no podía mover un músculo, la belleza que se mostraba ante el le parecía digna de sumisión, cosa que jamás habría creído de él, (luego Theon aprendería que no hay mucho que hacer contra un vampiro desplegando sus encantos, que el también era capaz de despertar el mismo sentimiento en las demás personas y que era solo una herramienta para cazar) en ese momento se sentía como si estuviera constantemente mirando al rostro de un dios, lo mas hermoso del mundo, la creación perfecta, el ser humano mas tierno, suave y encantador. Y el era el único realmente despierto en la vida como para apreciarlo.
Pero también habían partes malas, perversas, de la personalidad de su dulce muchachito.
Theon se había dado cuenta demasiado tarde que ese niño no era normal. No era cualquier hijo de vecino con enfermas fijaciones con la sangre, las drogas y el sexo, no era como él: un simple buscador de los placeres terrenales, tampoco era un ser superior, era simplemente diferente. Sus ojos lo adormecían, sus manos pequeñas lo dominaban, sus dientes rasgaban la piel de sus muñecas y era evidente que bebía su sangre en grandes cantidades.
Pero no podía hacer nada, ahora era de su propiedad.
Theon dormía de día y como los delfines, con un ojo abierto y la mitad del cerebro despierto, con los sentidos alerta, los músculos agarrotados. No descansaba realmente. Y de noche la cosa sólo se ponía peor, por que tenia que jugar, bailar, lucir feliz y hacer todo lo que su insaciable amante quería que hiciera. Mientras lo arrastraba por lugares que no conocía, rodeado de gente hermosa y terrorífica que, en vez de gustarle, le hacían sentir como uno de esos caniches que las muchachas famosas llevan en sus bolsos de diseñador.
En las fiestas a las que iban, Theon podía ver a otros como el. Ensimismados en una belleza sobrenatural, casi sin sentido ni voluntad, totalmente entregados, siguiendo a todas partes a sus respetivas parejas como si, en verdad, estuvieran atados físicamente.
¿El se veía así de patético?, ¿en verdad se había convertido en el alimento de alguien superior?, ¿Dónde demonios estaba Ellus y su cuerpo tibio?.
Pero esos pensamientos no le duraban mucho en la cabeza, una vez que el muchachito comenzaba a besarlo, un grupo de manos a tocarlo, toda la atención puesta en el, un humano hermoso, el mas hermoso de todos los presentes, todos allí querían tocarlo, observarlo, simplemente estar con el.
- Eres bello. le decían. Quizás tanto como para merecer ser uno de nosotros…
- ¿Qué?. Contestaba Theon sin poder hablar mucho de corrido, mientras varios pares de colmillos se hundían en su cuerpo y su pálido amante lo besaba delicadamente pinchando su labio inferior, abriendo una pequeña vertiente de sangre, bebiéndose su vida. Haciéndolo gemir dolorosamente, despertando un instinto que ni si quiera Theon sabia que tenia: le gustaba el sabor de la sangre.
Entonces se entregaba a un frenesí muy poco digno de el. Varios pares de manos espectrales le recorrían el cuerpo, alguno que otro mordisco aquí y allá, besos y caricias lo hundían hasta ese mundo al cual no se suponía que llegara ni mucho menos que saliera vivo. Pero no le importaba, mientras le dieran un poco de sangre.
Cuando despertaba, estaba muerto de sueño y hambriento, pero demasiado agotado como para comer.
Se limpiaba la sangre que quedaba en su cuerpo (nunca encontró heridas de ningún tipo a menos que quisieran dejarlas), se metía en la bañera y se quedaba dormido. Cuando el vampiro regresaba, insistía en hacerlo comer golosinas, como si creyera que era un niñito al cual mimar por su buen comportamiento, pero a Theon le repugnaba el sabor dulce y los tragaba entre arcadas, haciéndolo sólo por que sabia que la glucosa le despejaría un poco su torturado cerebro.
Luego, se lo llevaba a la cama a gastar las pocas calorías que su flacucha estructura pudiera almacenar, dominándolo en todo momento, aunque fuera el quien enredaba las piernas en la estrecha cintura de Theon, aunque fuera el quien gimiera abriendo una herida en su antebrazo y bañando sus cuerpos unidos, con la sangre tibia, que hacia que Theon perdiera los estribos y se lanzara como un gato a lamerla.
En esos momentos de irreflexiva lujuria, Theon podía jurar que veía las puertas del paraíso, que sentía como si la energía de todo el universo fluyera a trabes de ellos, podía ver la estructura de la vida en toda su magnitud, su lugar en el mundo, su pasado su presente y su futuro.
En la nueva realidad distorsionada de Theon, no habían personas imperfectas ni carentes de intelecto, todos eran bellos, todos eran importantes, todos estaban repletos de sangre… tanta sangre como el pudiera desear.
Al día siguiente todo era exactamente lo mismo: despertaba cubierto con una capa de sangre seca y fluidos varios de la noche anterior, entonces se metía al baño y dormía dentro de la tina mientras se llenaba lentamente de agua tibia.
Cada nuevo día, un deja-vu.
En un momento dado, llego a creer que estaba haciendo todo eso por gusto y no paraba por que no sabia como.
Cuando escapó (aunque siempre creyó que, más bien, lo habían dejado escapar), Ellus estaba donde lo había dejado, esperando en el departamento, escuchando su música (que de rebelde había pasado a extremadamente triste) metido en la cama.
Theon vio mil emociones debatirse en el rostro de Ellus: amor, decepción, alivio, enojo, tristeza, alegría, euforia, pasión y también vio como desaparecían una a una hasta anularse.
El rubio no dijo nada, solo lo recibió de nuevo, lo metió en la bañera, lavo su cuello inflamado, curo cada pequeña herida aquí y allá (aunque el vampiro en verdad no le había hecho mucho daño) y masajeo sus músculos cansados, le dio de comer él mismo, lavo y corto su cabello café, armándole los rizos con sus dedos blancos y elegantes y lo cubrió de besos inocentes y tiernos para calmarlo.
Cuando se tranquilizó un poco, Theon se hundió en el mullido colchón.
- ¿podrías dormir conmigo?. Le pregunto a Ellus, que no había dicho ni media palabra, lo cierto era que se moría por sentir esas manos ásperas y tibias, el calor de un cuerpo vivo, besos reales, caricias nacidas del amor y no de la simple lujuria.
Ellus. Por su puesto, durmió a su lado, abrazándolo, compartiendo la tibieza de su cuerpo vivo con un Theon que ya casi había olvidado lo que se sentía.
En ese momento, Theon lo amó más que nunca antes y, muy probablemente, más que después.
Cuando pasaron un par de días y Theon dejo de pensar que en cualquier momento podía aparecer el vampiro, se dio cuenta que había algo diferente en Ellus.
Ya no vestía la misma ropa andrajosa, era su estilo, pero estaba nueva y llevaba el cabello rubio bien limpio y más corto que de costumbre, su boca sabia a menta, sus uñas estaban limpias y sus manos sin esas durezas exquisitas que raspaban cuando lo tocaba. Ya no era el cuerpo de un muchacho disconforme con el mundo y ansioso de hacerlo estallar, era el cuerpo de un hombre enamorado, listo y más que dispuesto para amar y ser amado.
Theon desvío la vista cuando Ellus lo miro y sonrío, se había producido un gran cambio en el y no había estado ahí para verlo, ni si quiera estaba seguro de merecer ser parte de ese nuevo mundo.
Aun así, (y aunque no se lo mereciera, en realidad) amó a la nueva versión de su adorado guerrillero.
Pero el vampiro solo tuvo que hacerle una seña para que Theon volviera con el y no sólo se lo llevo desde su propia casa, si no que lo transformo en algo que Ellus no alcanzaba a comprender.
Entonces, una noche común, como cualquier otra, lo dejó libre, lo abandonó.
Theon despertó y el vampiro ya no estaba. Al pasar un par de horas Theon incluso llego a pensar que todos esas semanas de turbulentas orgías sangrientas solo habían sido un sueño mas de su atrofiada mente, cosa que no le habría extrañado en lo más mínimo, cuando apareció el sol y su piel comenzó a arder, tuvo que correr a esconderse en el sótano, donde un sueño que jamás había sentido, lo arrojo de cabeza al suelo.
¿Qué ocurrió después?, Theon no lo sabia con seguridad, sólo se entero que había pasado algo raro cuando Ellus (que había acudido con increíble rapidez a una llamada suya y había escuchado la historia con los ojos azules brillantes y muy abiertos) le consiguió un ataúd (habilidades practicas de saber forzar cerraduras), lo dejo bien oculto en el departamento y desapareció por un par de noches.
Cuando regresó, tenía la piel brillante, los ojos encendidos, la sangre de otra persona en las venas y un hermoso par de colmillos que sintió, afilados, rasgarle el labio cuando lo besó.
El vampiro no había vuelto a aparecerse y ellos habían estado juntos desde entonces.
Hacían 50 años de eso y contando.
Y en un principio (como en todos los principios) todo fue maravilloso.
Al fin eran lo que por tanto tiempo habían anhelado ser.
No solo se creían diferentes o tenían la ilusión o la secreta esperanza de serlo. No, ellos ERAN diferentes, únicos, especiales, inmortales y los demás eran lo que siempre habían creído que eran: basura, sólo que ahora los apreciaban más que antes por que eran su fuente de alimento.
Pasaban noches enteras riéndose de todo, de las prisas, del dinero, de la gente. Pronto, la aventura con el vampiro solo fue una anécdota sin importancia perdñida en los abismos de la mente de Theon. Tomaban sangre, mataban alguna persona de vez en cuando, robaban en los cementerios, asustaban gente, paseaban durante toda la noche hablando de una manera extrañamente significativa para los dos, tomados de la mano, con un amor aún más intenso que antes.
El mundo tenia otro color, otro sabor y otro aroma, observaban a los humanos desaparecer en una mancha informe y sucia, los miraban con desprecio y un poco de incredulidad, asistían a funerales anónimos y arrojaban miles de rosas en las fosas de gente desconocida, pagaban los vicios de extraños, sólo para ver si se metían en el cuerpo todo lo que les daban sólo por el hecho de ser gratis.
Se convirtieron en hermanos más allá de lo que esa palabra puede significar para el más estrecho lazo de sangre y por un momento olvidaron lo diferentes que eran sus personalidades, imbuidos en la sangre, todo parecía conectarlos.
Ambos eran feroces depredadores, amaban el sabor de la sangre, no mataban si podían evitarlo más que nada por el lío que significaba deshacerse luego de los cuerpos, pero les gustaba jugar con sus victimas. Les gustaba morder las muñecas o los antebrazos pero no los cuellos y creían apropiado dejar dinero sobre las camas o los cuerpos antes de retirarse, como si estuvieran comprando la sangre que les daban.
Cayeron en la cuenta que su belleza les ayudaba a obtener las cosas que querían mucho mas fácilmente que cuando eran mortales.
Si antes los ojos verdes de Theon, o la sonrisa resplandeciente de Ellus les abrían miles de puertas, ahora ni si quiera necesitaban ir tras lo que querían, todo parecía estar ahí para ellos aunque realmente no quisieran nada.
Con sus nuevos sentidos agudizados no estaban muy en sintonía con las drogas, ni con el alcohol, ni con la comida, ni si quiera con sus amados porros liados con maestría, sin embargo besarse eran una experiencia sutilmente devastadora, se tocaban y terminaban en la cama con una frecuencia alarmante que solo le podían atribuir a las necesidades táctiles y sensoriales de su nueva condición.
Pasaron años en ese amor nacido solamente de las particularidades de su inmortal existencia, años durante los cuales fueron felices y descubrían juntos y solos las maravillas de ser lo que eran aunque no lo entendieran realmente, de desenvolverse llenos de exquisitos detalles, de deseos que antes no se habían expresado, de sus verdaderas personalidades.
“Vampiros“, dijo Ellus. “Dioses” dijo Theon.
Con los años, sus ánimos se aplacaron un poco y cada uno encontró su centro en esa nueva vida.
Theon comenzó a devorar libro tras libro que caía en sus manos, mientras Ellus hacia girar sus discos instrumentales a todas horas, mirando las luces, la ciudad, el brillo de la única vela sobre la mesa.
Theon escribía compulsivamente historias, pensamientos, frases, ocurrencias. Ellus se paseaba por la casa encendiendo y apagando las luces, con los audífonos bien metidos en los oídos.
Theon lo arrastraba a las librerías donde se llevaba todo lo que podían cargar, Ellus abría la ventana y se quedaba mirando al exterior, tarareando.
Finalmente, Theon comenzó a pensar en lo que había afuera, en el mundo, mientras que Ellus se fue hundiendo más y más en los abismos de su personalidad solitaria.
Ahí comenzaron los problemas.
Ellus solía dormir abrazado a el, enroscado más bien dicho, con el cabello miel desparramado sobre la almohada y el pecho de Theon, oyendo su respiración, sintiendo como si el vinculo que los unía fuera físico. No eran solo amantes, eran siameses unidos por el corazón.
Se sentía unido a el mas que a cualquier otra persona en el mundo, ellos se habían elegido mutuamente con el relativo conocimiento de ser diferentes pero sin la certeza de serlo, sin embargo luego habían sido elegidos, ambos, para afrontar las tareas de la inmortalidad y eso hacia el hecho de estar juntos más que una necesidad o una jugada astuta del destino.
Sus cuerpos encajaban bien, jamás lo negaron, Theon sentía el ligero pero de Ellus sobre el y eso lo hacia sentir protegido, a demás, le gustaba el aroma de la piel de Ellus, algo que jamás pudo distinguir, como si su cuerpo emanara un aroma que lo tranquilizara, algo casi sedante.
A su lado, Theon dormía profundamente.
Pero luego, Theon comenzó a dormir en su ataúd.
La lectura influenciaba profundamente su manera de actuar. Leía a cerca de otros como ellos, buscando una guía, algo que les explicara lo que debían hacer, lo que se esperaba de ellos. Y había estado leyendo a Anne Rice.
Eso le provoco un fuerte rechazo a Ellus, que tuvo que conformarse con usar la cama, que era demasiado grande para su cuerpo flacucho y lo hacia sentirse terriblemente solo. Así que siempre terminaba encerrado en el baño, acostado en la tina, escuchando música por sus audífonos diminutos. Las mismas canciones y melodías una y otra vez.
Entonces comenzó a pensar en la muerte, y no en la que regalaba cada vez que se alimentaba, si no en la suya.


PS: al fin el capitulo 4 (si, F-chan, estoy haciendo un PS solo por que tu me diste la idea, gracias, 1 punto para ti) este capitulo se me resistio bastante pues cuando comence a escribirlo estaba bajo los efectos de la vacuna contra la gripe H1N1, da igual, todos vamos a morir (menos Theon y Ellus obviamente).
luego de ver como eran de mortales, ahora vemos como paso lo que paso y por que paso, que es lo mas importante, hay cosas que aun no se saben y que quisas jamas se sepan y detalles que se explicaran mas adelante. personalmente, me encanta Ellus, me lo imagino destrozando la propiedad publica como en el dia del joven combatiente XD, y Theon me en canta por que mientras lo escribia estaba mirando una foto de Ville Valo (no me odien, no-fanaticos-de-HIM, es dificil resistirse al poder de Ville, mi amor por Theon es puramente fisico XD.
mucha sangre en este capitulo y cero censura (por ahora)lo que queria dejar claro es que despues de convertirse en vampiros fue como si se volvieran a conocer. bonito, ojala eso pasara en verdad.
bueno, gracias a las 3 o 4 personas que estan leyendo esto, espero que en un futuro sean mas (haganme publicidad, no sean timidos, si no escribo taaan mal)pero mientras sean pokitas les puedo agradecer individualmente (gracias a la niña del nombre gracioso, Maggi, la lolita-toreadora, a F-chan (si Fran, tu), su hermano de toda la vida (hay que risa XD),a mi amigui Nataly, la enfemera, que quisas lo este leyendo, quisas no, a la F mayuscula y la F minuscula (toy bromeando) a Bruno y a Fer por aprobar mi capitulo piloto y creo que eso es todo, si se me queda alguien en el tintero pues se aguantan hasta el 5.
Liz

1 comentario:

Zelda Satine dijo...

Buen capìtulo! aunque me costo un mundo leerlo, tu sabes, las visitas inesperadas!

Me gusta como va la historia, creo que tiene harto potencial! Se ha desarrolado un vínculo con los personajes y eso es bueno, me gusta el lado terrorista de Ellus (como la marca de jeans! XD)tu sabes mi amor por la revolución hedonista....

Ojo con la conexión de un capítulo a otro que no se te desarme!

Sigue amiga, ya quiero leer el 5!!

PD: qué me das si te digo las faltas ortográficas??? XD

Te quiero!