martes, 4 de mayo de 2010

Bellas Melodias V

Theon se detuvo frente a una licorería.
El brillo del escaparate le animó el alma.
Pensó que ese debería ser su estado permanente, ni ansioso ni lúgubre, sino simplemente animado. “Del griego anima, viento”. Quizás sólo debería dedicarse a la vagancia, como la suave brisa costera de esa parte de la ciudad.
El brillo de las botellas lo distrajo, los vidrios de colores relucían como faroles, llamando a los sedientos ocupantes de una nave que ha estado a la deriva de la sobriedad por demasiado tiempo.
Todo le pareció diferente esa noche, interesante más bien, como si de la misma manera que la cercanía de la muerte embellecía a Ellus, a el lo llenara de una curiosidad renovada por la raza humana, contraria a su usual indignación y odio por sus antiguos congeneres.
El crujir de los envases de papas fritas, el aroma de la comida chatarra aun en las bocas de esas criaturas. Olían a drogas, a noche, a tintes baratos para el pelo, a música estridente, a encuentros furtivos entre los matorrales, a besos torpes pero apasionados, a abortos adolescentes y a mundos destruidos mucho antes de ser construidos si quiera.
Aquellos decadentes le hacían agua la boca.
Algunos se amontonaban contra la reja de una botillería (a esas horas era menos que inteligente atender como de costumbre) y alargaban sus brazos flacos y sus dedos de uñas sucias o pintadas de negro, sosteniendo pequeñas cantidades de dinero que habían logrado, a duras penas, reunir entre todos.
Theon vio a una muchachita de curvas generosas, cabello lacio, como plantas sin vida, ojos pequeños y labios desteñidos por el frío. Iba bien envuelta en una chaqueta demasiado apretada, que dividía en antiestéticos “rollitos“, la grasa acumulada en su cuerpo.
Apretaba un cigarro entre sus dedos amarillos, apestados de nicotina.
Daba pequeños saltitos impacientes por el frío y por las ansias enfermas de envenenarse con alcohol lo mas pronto posible.
El vampiro casi pudo sentir la sed en su boca pintada, como si fuera la propia, llenándolo de aquella sensación que conocía lo suficiente como para saber que no soportaría más.
Sintió un leve zumbido en los oídos, clara señal de deshidratación ¿Qué mas podía ser?, el conocía su cuerpo lo suficiente como para saberlo, era el sonido que se producía en su interior antes que se llenara todo de sangre. Tan lúdica como la clásica música de violines en una película de Hitchcock.
La miro de arriba abajo mientras caminaba hacia ella con lentitud, moviendo la cabeza de lado a lado, suavemente, tratando de traspasar la barrera de la simpleza que veían sus ojos.
Intentó leer los pensamientos de esa desafortunada, pero solo veía imágenes difusas y un vacío que se extendía más allá , como siempre que trataba de hacerlo.
Theon sabia que los vampiros poderosos podían penetrar en las mentes de los humanos sin esfuerzo y que para muchos era un acto casi involuntario.
Algunos de ellos se habían colado en su cabeza mientras era la mascota de su “pequeña pesadilla“ (que era como había apodado a quien lo convirtió) y jamás olvidaría esa sensación de completo abandono, de entrega, de creerse el ser mas feliz del planeta solo por que, en su cerebro, aquellos colmilludos tiraban de los desvencijados hilos de su cordura.
Si. Habían hecho y desecho con el. No poseía ningún recuerdo, idea o sentimiento que no les perteneciera, parecía que se alimentaban tanto de ellos como de su sangre.
Sabia que dominar la mente de los humanos era la demostración máxima de su poder y ansiaba hacerlo, pero por más que lo intentaba no podía.
Inocente, había creído que seria fácil irrumpir en esos cerebros atestados de alcohol y pornografía, pero se revelaron inesperadamente difíciles de vencer.
Y eso lo molestaba mucho.
Quizás era por que hace muy poco que había dejado de ser uno de ellos, estaba demasiado en contacto con su raza, sus miedos y emociones aún eran las suyas, no era propio que un humano leyera a otro humano.
Era inmortal, pero no se suponía que lo fuera y eso también lo enojaba, quería librarse cuanto antes de su humanidad, la consideraba como la piel de una serpiente que algún glorioso día debería mudar. Cuando se desprendiera completamente de su naturaleza tal vez ese mundo subliminal se abriría para el, hasta entonces, le tocaba matar de la única manera que sabia: encantándolos con su presencia.
Dejó ese problema para después, ya habían demasiadas cosas por las que sentirse molesto, algún día seria tan poderoso como aquel que lo convirtió, tanto, que podría jugar con sus mentes y sus vidas, quizás incluso llegara a dominar el mundo si usaba sus poderes con cuidado…
¿Estaba siendo demasiado vanidoso al pensar que podría hacerlo?, quizás, pero si un ser inmortal y eternamente joven no tiene derecho a pecar de vanidad entonces ¿Quién?
Pero también (y más seguramente) quizás, solo quería vengarse de lo que le habían hecho.
Por más que lo pensaba no podía ponerse en esa situación, pero en su mente siempre estaba la duda: ¿Sería capaz de engañar a alguien como lo habían hecho con el?, ya lo había hecho en varias oportunidades, pero jamás había llegado al punto de quitarles el libre albedrío, para el, habría sido la máxima aberración, respetaba la libertad de los demás en la medida que no interfiriera con la suya, y era de la firme creencia que tener a alguien dependiendo de ti, te hacia dependiente también en cierta medida.
A demás, amaba la confianza que depositaban en sus manos solo por ser como era y su apariencia le compensaba las dotes mentales aun no ganadas.
La chica seguía esperando a sus amigos.
Se le acerco, cuando sus ojos hicieron contacto le sonrío, le dijo un par de frases hechas con la voz en el tono más bajo que podía. Se la llevó.
Así era siempre.
No, a veces ni si quiera necesitaba hablar.
Siempre le sorprendió lo rápido que la gente bajaba la guardia frente a él solo por su apariencia, sabia que era encantador y guapo hasta decir basta (en realidad, ese detalle lo había aburrido hacia mucho tiempo), vivía en un mundo materialista y se aceptaba como un amante del lujo y la necesidad de cosas bellas era parte de su naturaleza. Aun así, el no era de esas personas a las que la belleza le encandilaba su manera de pensar, tenia las cosas claras, la mente fría, el corazón adormecido para las impresiones estéticas. Había logrado dominar en gran parte aquel sentimiento oscuro y a la vez gratificante que le llenaba el corazón cada vez que algo le gustaba. Ellus le había ayudado destruyendo su estilo de vida a base de limpiarse las manos en las cortinas y subirse con los zapatos puestos a la cama y al sofá.
Ellus.
Su rostro eterno le llego como una visión de otro mundo mientras, en medio de los matorrales de la plaza, desangraba a su frágil doncella.
Fue conciente de cada poro levantado por sus caricias, de cada beso salado con sabor a cigarros viejos, aliento de humo, cabello grasiento, maquillaje barato, sal y un regusto a carne. Mal gusto en todo.
No era una mala persona, pero era mortalmente estúpida.
Mientras los gemidos se iban apagando y sacaba casi con asco su mano de debajo de la chaqueta de la chica. Su mente divago hacia Ellus y deseo estar tan unido a el como a aquella mujer a la que acababa de matar. Pero no podía, no le desagradaba físicamente, la atracción seguía siendo tan fuerte como el primer día, pero había algo en su manera de ser que lo alejaba.
Llego a la conclusión que esperaba y temía: ya no lo amaba como antes y eso quería decir que tenia que dejarlo.
Ellus era un lastre que algún día terminaría descubriendo como matarse y el no pensaba morir tan pronto.
Debía dejarlo y cuanto antes mejor.
Se devolvió a la casa pensando en la mejor manera de hacerlo. Tenia cero tacto para tratar con las personas y ambos lo sabían, sabia que si eso se iba a acabar Theon lo dejaría a el y no al revés y que no seria bonito.
Repasó su historia juntos, deseando poder darle un mejor final a aquella relación tan especial, tan única. Era tan parecido a el y al mismo tiempo tan diferente que lo aterraba, le gustaba tenerlo cerca y apretarse contra su cuerpito esquelético, encajaban como dos piezas de puzzle, eran la concavidad y la convexión hechos persona y pensamiento, lo malo era que también habían diferencias irreconciliables y una de ellas eran esos intentos fallidos de asesinato que le ponían los nervios de punta.
Lo mejor de todo es que eran solo ellos dos y no habían terceras personas involucradas.
Jamás molestaban a nadie, si Theon quería leer toda la noche, Ellus encendía todas las luces de la casa y le hacia compañía, si Theon se sentía mal por haber tomado sangre contaminada (le había pasado un par de veces) Ellus ponía su música más relajante a todo volumen y lo hacia sentir inesperadamente bien, agradecido de tenerlo cerca. Si Ellus quería irrumpir en una escuela y robarse los libros de clases para liberar a los niños del yugo de la educación mediocre del país, ahí estaba Theon, sosteniéndole el saco, si Ellus quería dispararse en la cabeza, ahí estaba Theon poniendo el pecho.
Comenzó el viaje de regreso un poco más animado, al menos ya sabia lo que debía hacer. A demás, no era una despedida, eran inmortales, seguramente mas adelante volverían a encontrarse… si Ellus no conseguía antes borrar su problemática presencia del mundo.


PS: un capitulo corto, nada mas que decir, estoy mas concentrada en la segunda parte... XD si, hay segunda parte, pero el que no quiere leerla que no la lea XD

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