Quizás fue una suerte, pero ni Theon ni Ellus tuvieron la guía de otro de su clase.
Debieron descubrir lo que les gustaba y lo que no por si mismos.
Sus gustos y las cosas que amaban ahora se tornaban distantes debido a su nueva realidad. En cambio, sentían una gran atracción por otras cosas que habían pasado por alto.
La luz del sol, que antes dejaban caer despreocupadamente sobre sus cuerpos ahora les causaba un daño horrible, a Ellus le encantaban los fuegos artificiales pero ahora lo deprimían y por alguna razón, el aroma de las flores recién cortadas hundía a Theon en un estado contemplativo del cual le costaba salir.
Y ahí estaban ambos, tratando de descubrir qué era lo que los impulsaba a continuar, qué era lo que los mantenía unidos, qué tan lejos estaba dispuestos a llegar por lo que querían.
Theon sucumbió al lastimero Ellus y lo hizo por que la estética y la fuerza de las imágenes lo eran todo para él, se dejaba llevar por los sentidos, esa era su debilidad.
Lo cargó y aprovechó la luz para mirar de cerca su rostro suave que a penas tenia la apariencia de la piel humana.
Apagó las luces de la casa entrando en la habitación donde tantas veces se habían encontrado, recostados uno al lado del otro, hablando de manera obsesiva sin preocuparse por la luz pues las ventanas tenían gruesas cortinas y protecciones de madera, besándose de manera furiosa o cansada, haciendo bromas, leyendo o escribiendo, tomados de las manos, acariciando las suaves palmas de Ellus, lamiendo su cuello salado y frío mientras su amante le mordía suavemente los dedos hasta que la sangre se extendía entre ellos como alguna formula secreta que los mantenía unidos, pero que ninguno de los dos lograba comprender del todo.
Sintió un escalofrío ante la sola idea de los dientes de Ellus presionando sus dedos, su lengua de terciopelo humedeciendo sus manos.
Lo dejó sobre la cama como si fuera un indefenso pajarito que se devuelve al nido. Ellus daba la impresión de tener las alas rotas.
La música relajaba a Ellus hasta extremos que Theon no alcanzaba a imaginar, así que conecto la radio y buscó algo instrumental para ayudar al rubio a descansar.
Lo rodeaban cajas y cajas de CDs quemados por Ellus, muchos de ellos tenían garabateados títulos como “comiendo aire”, “árbol desnudo”, “la cabalgata de la luna”, “rezándole al panteón“ “suspiros de mi columna” “amantes abismales”.
Theon no había estado tan equivocado, ese era el soundtrack de su vida, tan extraño como él.
Al final, se decidió por uno con flores rojas hechas con marcador, que Ellus ponía cuando hacia el amor, era un simple cuarteto de cuerdas y alguna nota de piano ocasional.
Pulsó play y el disco comenzó a girar. A Ellus se le llenaban los ojos de lagrimas cada vez que oía esa melodía. “Farewell” se llamaba, recordó que le había dicho una vez, pero no le hizo mucho caso. Tampoco recordaba como se llamaba el grupo que lo interpretaba.
En medio de su sueño agónico, Ellus reconoció la música y actúo en consecuencia. Movió las manos y levantó el mentón dejando su cuello expuesto.
Cada vez que terminaban en la cama, la sangre que corría era la suya, no le gustaba tomar la sangre de Theon, algo en su inconciente le rogaba que se detuviera. Pero entregado como estaba, su cuerpo respondía de la misma manera en la que lo hacia cada vez que oía esa música.
Theon busco su boca y presiono sus labios contra ella. Sin mucha fuerza, lo suficiente para que supiera que no estaba solo.
La luna estaba aun alta en el cielo a pesar de ser pasadas las 2 de la madrugada y bajo su halo, la piel de Ellus se veía azulada, sub-acuática, como aquellas estatuas aztecas que había visto en el museo alguna vez durante su vida mortal.
El dios de la muerte, con su mascara verde jade y su lengua de obsidiana, que debía alimentarse con sangre o el mundo se acabaría.
Ese era Ellus.
Por un segundo lo recordó como había sido antes, con unas ligeras manchas en la piel blanca debido a los rajuñones y golpes, con los ojos encendidos de vida, una vida que venia desde dentro de su cuerpo y su alma, no del el arrebato de la existencia de otras personas y sintió nostalgia por la persona que podría haber sido y que jamás existiría.
Lo desvistió prestándole una dolorosa atención al color de su piel y a la forma de su cuerpo.
Ellus se movió en la cama mullida y suave, como un nido de espuma, hundiéndose más, lo tomó de la mano.
- no te vayas. le dijo, y Theon no supo si lo decía por el momento que estaba pasando o si en verdad intuía sus intenciones.
- no, claro que no. Respondió besando el dorso de su mano. Ellus sonrió.
Se quitó la ropa manchada de sangre y se recostó a su lado cubriendo sus cuerpos con el cubrecamas de plumas. Era como cubrirse con una capa de espuma de mar.
Miró el techo y le pareció que todo era un sueño.
Era un vampiro, si, no era ficción y tenía a su mejor amigo y amante con él para siempre, por toda la eternidad. Entonces ¿Por qué mierda no era feliz? ¿Por qué siempre estaba deseando más? ¿Por qué nunca se sentía conforme y pensaba en lo que no tenia, en lo que no hacia, en lo que no era?
Se giró y vio que Ellus lo miraba con sus ojos serenos, más serios de lo que jamás los había visto. Se acomodó a su lado.
La música los envolvía, aislándolos del mundo.
- ¿Qué quieres?. preguntó y Theon iba a decir que se quería ir, que quería olvidarse de él por un tiempo, sacarse la inercia del cuerpo, sacudirse la quietud y la muerte, quería brillar, quería que la gente lo viera pero no que lo alcanzaran, quería ser alguien importante no sólo para el, si no para todo el mundo. Theon quería correr y perderse en la ciudad como cuando sus padres lo agobiaban y se sentía sofocado y desaparecía por meses. Quería dejarlo.
Pero no pudo pronunciar palabra, ya nada de eso era verdad.
De todas maneras, sabía que Ellus no esperaba una respuesta realmente.
- Tengo hambre. Susurró con un tono y una mirada que se le antojaba levemente lujuriosa, pero tan adormecida que resultaba patética.
Theon se quitó el pelo que caía sobre su cuello.
- Muérdeme, anda. le ordenó.
Ellus movió la cabeza un poco, una parte de el aullaba negándose a beber ese veneno, pero tenia tanta sed… y todo era culpa suya.
A pesar de querer hacerlo sufrir no quería beber su sangre. Finalmente, sus instintos actuaron por él.
La música cambió. “Resurrección” pensó Ellus abriendo la boca y de inmediato sus colmillos rasgaron la piel blanca de su amante.
La sangre de Theon tenia el sabor y la textura de la lluvia: fresca, aromatizada y tibia. Le llenó la boca, corrió por su garganta, sintió sus ojos verdes colándose en su mente, vio sus pensamientos... que hombre tan bello y tan complicado.
Sintió la voz de Theon llenarle la cabeza, retumbar en su cerebro. Como si fuera un dolor inquietante, una luz cegadora.
"Hijo de puta, mira lo que me has hecho".
En verdad Theon no había abierto la boca, así como Ellus se negaba a abrir los ojos.
Theon lo culpaba por lo que estaba pasando, pero no hablaba de su ropa o de su casa, esas cosas tenían solución. Hablaba de su alma, de su inagotable energía, de sus ganas de hacer y deshacer a su antojo que se veían anuladas por la pasividad de Ellus “si pudiera te devolvería a ese día en el que nos conocimos, a la mugre en la que estabas metido”. Ese era el mensaje en su mirada.
Vio los ojos de Theon como si en verdad los estuviera mirando, delineados de negro, ensombrecidos y profundamente atractivos. Observándolo acusadoramente, desde arriba, como si el fuera un niñito que se ha caído y no puede volver a levantarse.
Abrió más la boca. Cuántas veces se había regocijado recogiendo entre sus labios los líquidos que se esparcían entre ellos: la saliva, las lagrimas, el semen, el sudor. Pero de todos ellos, el único que le llevaba esos pensamientos absurdamente concretos era la sangre.
Por eso no le gustaba tomar la sangre de Theon. En ella palpaba el inexpresable e inconciente desprecio que sentía por él, desde mucho antes que el mismo Theon se dignara a aceptarlo.
Aunque no importaba realmente.
Sintió la sangre calentarle el cuerpo más allá que su poder curativo, se movió para quedar completamente bajo él, sintiendo el peso de su amante y lo besó compartiendo el sabor de su sangre. Quizás, si supiera lo que él sabía lo tratara mejor, o quizás así aceptara de una vez por todas lo prescindibles que eran el uno para el otro.
Por un momento Ellus creyó que lo apartaría, pero la presión en sus labios se hizo más intensa.
Rodeó con sus piernas el cuerpo delgado de Theon para que no se escapara por si se arrepentía y acaricio con las manos las salientes de sus omoplatos, sus costillas, su cuello, tomó su rostro y acaricio su nariz con la suya respirando el mismo aliento, besando su mentón, la punta de la nariz, los parpados de seda, el lunar en la mejilla. Tomó un mechón de cabello y lo enredó entre sus dedos, lo estiró con suavidad y lo soltó observando como retomaba su forma original.
Acarició con los talones la parte baja de su espalda, la suave curva de sus muslos, se enredó en sus piernas, mientras sus manos cansadas eran aprisionadas.
Theon sintió el aroma de aquella sangre. Bajó besando su cuello, dibujando un camino transparente con su saliva, arrancando risas roncas de la garganta de Ellus que por alguna razón no lo hicieron feliz.
Tenia los ojos encendidos de un brillo carmesí que rugía en su interior.
Bajó mas, le abrió las piernas y enterró los colmillos en la arteria en su muslo interior, aquel camino azul que se extendía en su piel y que lo volvía loco.
La excitación creció en su interior al sentirse completamente dominado por el ser sobre él. Tenía que ser así, su relación se basaba en eso. Uno siendo dominado por el otro.
Theon tomó su rostro entre sus manos tibias.
- si pudiera darte lo que quieres. Susurro juntando sus frentes. ¿Por qué siempre tienes que querer terminar con todo? ¿Cómo puedo hacer que no necesites nada?, ¿Cómo puedo hacerte sentir bien?
- lo haces. El aliento de Ellus olía a metal y sus labios estaban rojos, al hablar, un hilillo de sangre cayó desde la comisura de su boca. Theon se le acerco y lo recogió con su lengua.
- que tierno. Susurro Ellus acariciando el costado de la estrecha cintura con sus rodillas, cerró los ojos disfrutando de la sensación suave del cuerpo tibio y recién alimentado de Theon contra el suyo. No era muy normal que fuera así de gentil con el.
- ¿Qué esperas, una invitación?. Susurró. Theon sonrío.
- ¿Por qué siempre tienes que ser tan insurgente?
Ellus sintió como las manos de Theon le separaban las piernas, como sus uñas de cristal marcaban un camino hacia sus caderas y de regreso, como pegaba las caderas a sus muslos uniéndose a el lentamente, como el dolor ya no era dolor si no la deliciosa experiencia de abrazar y contener a esa alma que era su gemela y que había tenido la suerte de encontrar en el mundo.
Pero quizás a través de la sangre que había bebido directamente desde las venas de su amante, su mente se llenó de una idea terrorífica, incierta y apremiante.
“Tengo que dejarlo ir”
Reprimió un gemido, no por el repentino movimiento de las caderas de Theon convirtiéndose en un suave vaivén, en una estocada dolorosa, ni por sus colmillos enterrados en su hombro, si no por el súbito conocimiento de lo que debía hacer.
Afirmó a Theon por los hombros y lo separó un poco para mirarlo. No había perdón en esos ojos, podían parecer genuinamente enamorados, pero Ellus sabía que en el fondo de aquella alma materialista, dominante, agresiva, hermosa, había un océano de resentimiento, como si Ellus lo tuviera atado con cadenas a su desdicha y sus deseos de morir.
Y Ellus decidió dejarlo, por que para él no había nada más preciado que la libertad, por que esa era su debilidad.
La música paró y por un breve instante Theon no se atrevió a moverse, Ellus tenia los ojos fuertemente cerrados y la boca ligeramente abierta.
Abrió los ojos lentamente sintiéndose lleno de sangre, como un globo a punto de explotar. Se imaginaba a Theon no sólo sobre y dentro de él si no desparramado sobre su cuerpo, unidos por algo mas que la lujuria que nublaba su mente.
Con sus uñas afiladas que se enterraban en la piel delicada de la espalda de Theon, abrió un surco delgado en su brazo comenzando en la muñeca y terminando en su antebrazo a la altura del codo.
Se cerró con asombrosa rapidez, pero derramó pequeñas gotitas de sangre que Ellus tomó con sus dedos y pasó por la mejilla de Theon que giró su rostro hacia donde había estado la herida y enterró los colmillos en el antebrazo.
Ellus arqueó la espalda emitiendo un gemido herido. No era justo, le estaba quitando la sangre que acababa de darle.
- dame más sangre. Dijo Ellus, no la quería, pero ni si quiera se podía mover. Usó todas las energías que le quedaban para atrapar más el cuerpo de Theon contra el suyo.
Una vez lejos, no esperaba volver a sentir algo así jamás.
La canción termino y en su lugar una tonada extremadamente triste le lleno los oídos, la conocía muy bien “Conclusión” se llamaba.
Se dejo hacer. Si, todo había llegado a su final.
- no seas cruel, dame más, necesito mucho más.
Theon acaricio el rostro fino frente a el, suavemente, inconciente de ser guiado por la música. Las cuerdas gemían a su alrededor.
Besó su nariz pálida que tenia la punta levemente redondeada, sus labios finos que recordaba ásperos cuando estaban vivos y que ahora eran como pétalos de rosa.
Ellus tomó su mano y besó el dorso y las palmas, metió el pulgar en su boca y lo mordió levemente, Theon sonrío, tampoco esperaba volver a sentir eso jamás.
Luego, Ellus lo mordió en la muñeca, pegándose a ella como si la vida dependiera de eso, succionando la herida mientras se cerraba y volviendo a abrirla con los colmillos y los incisivos, pasando la lengua entre la piel herida, apretando el brazo con sus delgados dedos para aumentar la presión. Bebiendo como si quisiera arrebatarle la vida, mientras Theon comenzaba a describir el patrón de movimientos que lo llevaban dentro y fuera del cuerpo de su amante.
El color desapareció gradualmente de sus mejillas. Acarició la frente de Ellus, quitándole el cabello del rostro,
No habría sentido lo mismo con nadie, jamás, ni en un millón de años.
Casi sin sentir dolor, Ellus cerro los ojos y rememoro la multitud de veces que habían hecho el amor sobre esa cama. Lo había pasado increíblemente bien o muy mal. Había sido amarrado y vendado, cubierto de aceites de aromas dulces e incluso de caramelo, había sido humillado y se había sentido más amado que en toda su vida. Ahí había aprendido que el deseo que despertaba su cuerpo le podía ser muy útil con cierto tipo de personas, si lo usaba con cuidado y que absolutamente nada nublaba los sentidos como la lujuria de la sangre.
Pero sobre todo, se había sentido acompañado.
De todas las veces esta era especial, no hubo sangre a montones ni ninguno de los caprichos de Theon, lo cual era extraño, a pesar de lucir como un demonio se había portado de manera bastante decente. Ni si quiera tuvo que recurrir a su mp3 mientras sentía las embestidas para que la música completara lo que faltaba de ambiente, el mismo Theon lo había hecho, proporcionándole sus bellas melodías.
Pero algo fallaba.
Theon lo tomó de la cintura y lo atrajo hacia él. Ellus se dejó llevar sin cooperar en nada. Quizás el sexo al fin lo estaba aburriendo, se había preguntado cuando pasaría y creyó que jamás. Cada vez con Theon era como la primera vez en aquel departamento, abandonados y lujuriosos como solo un par de adolescentes pueden estarlo.
Le mordió el hombro cerrando los ojos por un segundo, su cuerpo estaba tan acostumbrado al de Theon que ya sentía como si le perteneciera de siempre. No había nada extraño, nada nuevo. Era el mismo Theon de siempre, follándolo de la misma manera de siempre. Aunque que sin sus manías sádicas, cosa que agradecía.
Pero ya no tenían el mismo significado, antes le hacían arder la piel, le anulaba los pensamientos, le nublaba la vista, le hacia gemir incoherencias, retorcerse bajo él. Ahora no importa lo que pasara, lo tenía sin cuidado.
Se había vuelto una maquina que solo satisfacía a Theon en cada capricho, deseo o genuina necesidad. Siempre lo había sido, y el conocimiento de eso lo espantó.
Theon sintió su cuerpo desaparecer, estaba en otra parte del universo. En un lugar hermoso, eléctrico. Apretó los ojos, quería quedarse ahí para siempre, así era con Ellus, siempre algo nuevo, que más daba si es una noche en la cama o un disparo en el pecho, nadie, jamás podría hacerle daño QUE LE DIERA SU MEJOR GOLPE.
se dió cuanta que lo amaba muy a su pesar, que el mundo era un lugar mejor por que él estaba ahi.
Gimió apretando los dientes, dejó de pensar, todas las neuronas de su cerebro parecieron desconectarse mientras se corría y el placer lo inundaba anulando su inmortal sistema nervioso. Ellus arqueó la espalda, abrió la boca en busca de todo el aire que pudiera llenar sus pulmones casi perdiendo la conciencia, pero conteniendola a duras penas.
Todo había acabando.
Ellus se movió a los pocos minutos, Theon estaba durmiendo como a pleno día. Lo acomodó en la cama y lo besó suavemente en la boca. Supo que le había quitado mas sangre de la recomendable, pero no le importó, Theon era un sobreviviente y él tenía cosas dificiles que hacer y necesitaría toda la sangre que pudiera juntar.
Se entretuvo acariciándole la piel un rato, enredando sus dedos en su cabello café, creando ondas en ese mar de chocolate. lo miró de cerca sin dejar de sonreír, tratando de gravarse cada detalle de su rostro.
Finalmente se levantó y cerró las ventanas para que el sol no entrara. Habían elegido esa habitación por su ubicación y la habían arreglado con gruesas cortinas y ventanas de madera.
Se vistió y no tomo nada, no había nada que quisiera llevarse, ni si quiera su adorada música, podía conseguir más. Adonde quiera que fuera siempre le resultaba fácil conseguir cosas
- jamás te pediría que te fueras. Le dijo al cuerpo satisfecho e inconciente en la cama, estaba mucho mejor ahí que desangrándose en el piso de la sala, Theon tenia que vivir para siempre, así al menos le quedaba la esperanza de volver a verlo algún día, si Theon quería y si el mismo sobrevivía a sus constantes experiencias cercanas a la muerte.
Si lograba encontrar algo que le hiciera quedarse en este mundo, algo que en verdad le gustara tanto como para dejar de creer que morir era la única solución. Quería que Theon estuviera en algún lugar para verlo levantarse, que se sintiera orgulloso de su fuerza como el lo estaba de la suya.
Ellus estaba tomando una decisión difícil por si mismo, por primera vez en muchos años, pero eso no quitaba que dejara de ser dependiente, sumiso, extremadamente pasivo… “a menos que Theon quiera lo contrario” pensó sonriendo amargamente
Echó una ultima mirada a la casa y luego salió a la calle donde la madrugada se acercaba peligrosa. Corrió hasta el parque y cavó un escondite como lo hacia cuando su sangre le obligaba a una melodramática salida.
A la noche siguiente, Theon despertaría solo, lo buscaría, lo llamaría y finalmente el conocimiento de lo que Ellus había hecho caería sobre él como un nuevo disparo en el pecho.
Había hecho exactamente lo que él no había tenido el coraje de hacer.
Lo había abandonado.
Y la sensación fue sumamente desagradable.
“Bellas Melodías I”
Liz, domingo 28.03.2010 - 17:07, Birdland. 06:34
---
El fin, al fin.
Ahora me dedicaré a los cuentos de terror y quizás en algun futuro no muy lejano me decida a publicar la segunda parte de esta historia.
En verdad, este era un cuento bastante corto, unas 3 o 4 paginas, pero se fué haciendo largo por que necesitaba desarrollar carácteres para una historia más grande, al final me encariñe con ellos y decidí que se merecian su propio relato y aqui está.
Obviamente en la segunda parte hay mas personajes, de hecho, uno de mis amados vampiros es un personaje publico y mantiene una especie de "grupo" a su alrededor cumpliendo las fantasias de querer se conocido y admirado por medio mundo =D.
Asi que hasta aqui con ellos, por ahora y, como dije, me dedicaré a publicar cuentos de terror o, en definitiva, cualquier cosa.
Näkemiin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario