Theon entro en su casa esperando oír música, pero solo se encontró con un sonido tenso, vacío, casi eléctrico. Estática en sus oídos ansiosos de bellas interpretaciones.
Era el sonido de una angustia pura y solitaria, un mudo lamento que hace eco y reverbera en todo lo que lo rodea, algo que solo algunos animales saben distinguir con precisión.
Sonido de muerte, de infelicidad, de un eterno sufrimiento. Si es que eso puede traducirse a la dimensión del ruido.
Abrió la puerta hasta que toco la pared, encendió la luz sintiendo miedo a pesar de confiar ciegamente en su instinto (que en esos momentos le decía que todo estaba bien).
"si, de puta madre" pensó un poco ofuscado.
Su amante, Ellus, había tenido un par de intentos suicidas durante el mes que pasaba y ahora, a pesar de notarse un poco mas calmado, seguía con la misma expresión de: en-cuanto-me-dejes-solo-me-desangro-en-la-bañera.
Y el no había reparado en eso hasta muy avanzada aquella depresión. A pesar de estar la mayor parte del tiempo con Ellus, no leyó su lenguaje corporal mas allá de la sonrisa de todas las noches, ni si quiera le intereso saber que se escondía detrás de su extraño comportamiento, por qué, de un día para otro, había dejado de escuchar esa deliciosa música instrumental que llenaba la casa hasta la madrugada y en cambio se había recluido junto a los pequeños audífonos de su MP3 mirándolo todo con expresión ausente.
Su instinto le había fallado con quien mas lo necesitaba.
Sabia que si ponía un poco de cuidado, Ellus no llegaría a hacerse daño, sabia que si seguía sus corazonadas salvaría a Ellus de si mismo y de lo que fuera que lo molestaba y hacia su vida una miseria, lo sabia... lo sabia... o eso creía.
Graso error.
Sus sentidos se habían ido atrofiando un poco desde hacia unas semanas, debido a una mala dieta de líquidos y a que el pésimo humor del que era dueño, batallaba contra su amor cada vez que su paciencia era puesta a prueba.
Y en ese estado, herirlo, incluso a el, era increíblemente fácil para la persona que estaba dentro.
Claro que Theon no pensaba en eso, la sensación de estar a resguardo bajo su propio techo (que había adornado y decorado con lujos excesivos para cualquier bolsillo) le proporcionaba una seguridad con la que creció, creyendo que mientras mas cosas caras lo rodearan mejor persona era y menos cosas malas podían pasarle.
Aquel sentimiento era tan fuerte que anulaba todos los mensajes de alerta que venían del exterior.
Si no hubiese estado tan abrumado por su papel tapiz nuevo y deliciosamente dibujado con flores de Liz doradas sobre un fondo granate, si no hubiese querido tan ardorosamente sentarse en su elegante sofá, suave como una nube, a leer y dejar que el tiempo se le escapara con lentitud, mientras el incienso se abría paso por las habitaciones de la casa, si no hubiese querido ver el rostro de Ellus como si fuese solo un adorno mas...
Pero eso era exactamente lo que quería y esperaba hacer, así las cosas, no sintió la presión en el ambiente, el adolorido corazón lleno de angustia que latía al otro lado de la puerta.
Hasta que fue demasiado tarde.
Cerro la puerta tras el, viendo claramente a través de la semipenumbra que adornaba la habitación, jamás entendió por que a Ellus le gustaba tanto el brillo mortecino del exterior que se colaba por las ventanas abiertas, cuando toda la casa contaba con potentes lámparas perfectamente instaladas para su comodidad, para que se mirara en todos los espejos que había hecho colocar y apreciara su belleza tanto como el lo hacia.
Por que Ellus era solo una cara bonita, eso lo tenia claro, fue lo primero que le llamo la atención de el: la forma elegante y fina de su rostro, sus grandes ojos entre azules y verdes, su cabello miel y su cuerpo andrógeno deliciosamente moldeado.
No era muy estimulante en materia de conversación, pero tenia el cuerpo de un ángel a pesar de su poderosa voz y sus manos eran tan suaves y tibias al tacto que parecían constantemente humectadas.
Y a pesar de ser depresivo era un gran amante. Sin tapujos ni fetichismos de ninguna índole, lo cual chocaba con su propia personalidad obsesiva de las artes amorosas. Su manera de amar era un tanto clásica, incluso, para los gustos de Theon, pero se dejaba llevar fácilmente por el, empujando los márgenes de lo que creía posible hacer en la cama o en cualquier otro territorio.
Theon era un poco mas alto que Ellus, pero igualmente bajito, no pasaba del metro 75, su cuerpo delgado estaba un poquito tostado, el cabello le llegaba a los hombros, sus ojos verdes eran grandes, brillantes y almendrados, su nariz estaba cubierta de algunas pecas casi imperceptibles y, a veces, podía ser un cabronazo de aquellos que no crees que existen, de esos de los que se dice que pueden llegar a vender a su madre por algo o por alguien.
Eran como el ying y el yang.
- ¿Ellus?. lo llamo en un susurro, sabia que estaba en la casa y que lo escucharía bien donde quiera que estuviera escondido.
Pero no hubo respuesta, ni un ruido.
No creyó que estuviera en la biblioteca, Ellus no leía nunca, ni si quiera sentía curiosidad por tomar los libros, tampoco veía TV. Solo escuchaba la radio o las miles de canciones que tenia desparramadas en su habitación, grabadas en cientos de CDs.
Se enchufaba a sus audífonos y se quedaba sentado, como un gato mirando por la ventana hacia la noche, viéndolo todo con sus ojos claros.
A veces, a Theon le daba la impresión que veía mas cosas que el, que miraba por aquella ventana un mundo diferente al que en realidad existía ahí, absorbiendo la música que oía por su pequeño mp3, complementándolo con las imágenes que veía como si se tratara de un extraño soundtrack compuesto por el.
Jamás se quitaba los audífonos.
Había luz en la biblioteca, extrañado, Theon fue hacia allá para encontrar a Ellus mirando por la ventana, como siempre, solo que tenia algo oculto entre sus manos.
- Ellus, ¿que haces?, ¿ por que no me respondiste?
El cuerpo del joven frente a el se agito bajo un llanto mudo, lleno de gemidos y sollozos. ya, dime que te pasa. dijo Theon acercándose, pero entonces Ellus se giro y Theon vio lo que tenia en las manos. Un arma grande como un brazo, cargada, lista para disparar, con el delgado y tembloroso dedo de Ellus en el gatillo.
Un miedo puramente mortal lleno el corazón de Theon y un frío escalofrío le recorrió la espalda.
"mierda, no de nuevo, no me quiero morir"
Se le erizo la piel del cuello, la respiración se le cortó y un dolor punzante comenzó a latir en su corazón.
Pensó en detenerlo, casi se vio avanzando hacia el y quitándole el arma con suavidad, besando sus manos, diciéndole que todo iba a estar bien, como siempre.
Pero las frases sonaban trilladas en su mente aun antes de decirlas... lo había dicho tantas veces antes que ya no tenían sentido, Ellus no lo creía, sonaba falso. Y no podía moverse un centímetro.
- perdóname, Theon, por fallar tantas veces, esta si, ESTA SI. dijo Ellus extrañamente tranquilo, pese a temblar de pies a cabeza. su voz era suave y deliciosamente ronca a pesar de su juventud.
- no, Ellus, tu no entiendes.… la voz de Theon era un susurro
Pero ya era tarde.
Theon extendió su mano para tratar de detenerlo y entonces el mundo se detuvo un segundo. El ruido del disparo le hizo cerrar los ojos, sabia lo que venia y no quería...
Se desplomo en el suelo, como un venado acometido por el disparo a traición de un cazador que jamás noto.
El cerebro de Theon registro el dolor a los pocos segundos del impacto. mucho dolor. y una punzada de pánico. se iba a morir a manos de ese idiota al que amaba tanto, que jamás había tenido la fuerza de dejar morir pese a que todo su instinto de supervivencia le decía que lo hiciera.
Con todo el aplomo y la poca energía que le quedaba en las neuronas que no estaban enloquecidas por el intenso dolor, se miro el pecho.
Era una herida pequeña para un arma tan grande, pensó antes de rodar por el suelo, agonizando.
La sangre le salía a chorros y caía sobre su ropa "mi ropa" y sobre su alfombra nueva "mi maldita alfombra nueva, NUEVA", emitiendo un sonido entre liquido y ventoso.
De pronto, a sus oídos llego el mismo llanto estúpido de Ellus y lo embargo una genuina ira destructiva. Si hubiese estado en condiciones lo habría agarrado de su delicioso pelo color miel y lo habría azotado contra la chimenea hasta sacarle el cerebro por la frente.
Levanto la cabeza del suelo y lo vio, delicado y extraño, como una ninfa rockera, vestido con su polera negra de siempre, sus jeans gastados de toda la vida, sus zapatillas rojas con los cordones desatados que Theon tantas veces había anudado en el pasado y que ahora odiaba. Mirándolo con una expresión de angustia que no le había visto jamás: pena mezclada con triunfo, sabia que esta vez si lo había hecho "el maldito encontró la manera de matarnos a ambos".
- Theon, te amo. dijo poniéndose la pistola en la cabeza.
- no, Ell..
Cerro los ojos por puro reflejo para evitarse la escena, pero no pudo evitar sentir el sonido del disparo ni el de la sangre salpicándolo todo, algo cayendo al suelo con estrépito. Asco. Un ruido que solo podía ser un cerebro desparramándose.
Abrió los ojos rápidamente y el escarlata le lleno la vista como dentro de un caleidoscopio, le fallaba el enfoque y en la cabeza aun tenia el sonido de su propia sangre abandonando su cuerpo. Aunque el dolor había remitido y ya lo estaba embargando la deliciosa sensación de abandono que precede a la muerte por desangramiento.
Recordaba muy bien esa sensación y hasta le gustaba, lo que no le gustaba era lo que venia después.
A escasos dos metros de el, estaba el cuerpo de Ellus. el arma había caído a su lado.
Se arrastro hacia el cuerpo de su amante, el cabello estaba ensangrentado, los ojos muy abiertos, la boca ligeramente abierta en una mueca asustada, le faltaba un trozo de cabeza.
En la pared, había una mancha enorme y roja, como si hubiesen arrojado la pulpa de un pomelo maduro, embadurnándolo todo, creando arcos que eran artísticos, incluso, pese a su azarosa trayectoria.
Evito mirarla, aunque su lado morboso se moría por hacerlo.
Hacia meses que sabia que eso pasaría tarde o temprano, pero jamás le hizo caso a su corazonada, "que mierda de sexto sentido", pensó.
Y ahí estaba el cerebro que había querido desparramar por la chimenea, abierto como una fruta madura, exhalando los vapores de la vida y la poca inteligencia de su dueño.
Pero no le causaba la misma sensación de alegría que creyó le proporcionaría el verlo decorando el piso y parte de la pared.
Le paso los dedos por la cabeza abierta y se los llevo a la boca. Quizás su cerebro se estaba volviendo loco por el dolor, pero sentía unas ganas inmensas de tener ese liquido quemándole la lengua, colándose por su garganta. Quería absorberlo todo, lamer las paredes y el suelo, tomar su cabeza abierta y verter el contenido dentro de su boca como si fuera una maldita sandia licuada.
Al menos si morían, probaría lo que había dentro de el, por ultima vez. Su sangre dulce y ardiente de la que jamás había bebido todo cuanto quería, no por falta de insistencia y oportunidades.
De vez en cuando la sangre de Ellus se derramaba sobre ellos, sobre todo cuando llegaban a la cama, a la parte de los besos lujuriosos y violentos, desgarrando todo su cuerpo. Donde Theon era el sádico y Ellus el masoquista y ambos cumplían su papel a cabalidad, con la esperanza de saciar de una vez por todas la pasión que se despertaban mutuamente.
Jamás lo consiguieron, al menos no Theon. Especialmente no Theon.
Cuantas veces tuvo ese cuerpo bajo el, sobre el, acariciándole hasta los pensamientos con su lengua rosadita, blanda y húmeda, jurándole amor eterno y recitándole pequeños poemas extraños que el mismo escribía y que a Theon le parecían secretamente estúpidos.
"Mi dios de ojos grises esta muerto.
lo han desmembrado en la tempestad.
no escucho sus gemidos, ni su voz poderosa.
me parece vacío el mundo.
las notas de su música han cesado.
como si su alma hubiera llegado al limite.
príncipe mío, que no me perteneces.
has naufragado en este rincón del universo tenebroso.
donde suceden cosas hermosas y terribles
y no entiendes
por que debes morir
así que te vuelves eterno
en el resplandor infinito de tu luz.
tu alma infatigable.
no hay ángeles que luzcan como tu
ni que me ofrezcan mejor versión del paraíso.
todo es carmesí, todo es brillante, como dentro de un rubí.
no hay demonios que tengan tu maldad.
tu llanto es dulce.
tus garras delicadas.
tus ataques, ofrendas de amor.
la muerte que regalas seria el clímax de cualquier existencia.
el mas sublime acto de amor."
Y Theon lo besaba para callarlo y le hacia el amor solo por que era el único que lo había seguido cuando decidió dejarlo todo y lo recibió cuando, mas tarde, se dio cuenta que lo que había hecho estaba mal.
Por que lo quería y a pesar de que era un emo depresivo, lo amaba mas que a nada.
O así era.
Perdió el conocimiento.