viernes, 28 de mayo de 2010

Bellas Melodias VI

Theon regresó una hora después, cuando la cabeza ya se le había despejado lo suficiente como para sentirse en armonía con el universo y la rica mina de sangre que emana de cada uno de sus habitantes.
La sangre ingerida ya se había diseminado por su cuerpo, calentándole la piel.
Sintió en la capa superior y más sensible de su dermis, como el ambiente se había vuelto fresco y eléctrico, cosa que antes habría pasado desapercibida para él, debido al frío natural de su cuerpo.
Bendita magia la que obraba en el en esos momentos.
Llovería pronto, pero la humedad no lo molestaba, ni el frío del invierno. Era un frío limpio y vivificante, que le despertaba la conciencia de donde estaba y que estaba haciendo, lo mantenía al acecho, sutilmente despierto incluso en las inmóviles horas diurnas.
Theon había nacido durante un invierno particularmente frío y desde siempre le había gustado ese clima, le daba la sensación de que el mundo era un lugar pequeño, cubierto de niebla, íntimo y suyo.
No podían arrebatarle las horas de nevada o de lluvia y no podían evitar que llegara el invierno, así que se convirtió en la única constante en su vida que lo hacia realmente feliz y que nadie podía alterar, por más que quisieran.
Cuando vivía, la llegada del invierno significaba meterse en la cama con un buen libro, la calefacción a tope, una pequeña botella de ron y galletas de brandy, con las Variaciones Goldberg sonando a todo volumen a través de su reproductor de mp3 mientras la humanidad entera se mojaba hasta el alma tratando de cruzar la ciudad para llegar a sus trabajos.
Ahora, su nueva naturaleza le obligaba a buscar los placeres de la temporada (y en general, de su vida) en otras cosas. Pero nada se asemejaba a la simple sensación de acurrucarse junto a la ventana, a ver y escuchar la tenue lluvia caer sobre el mundo.
¿Qué significa el paso de las estaciones para un vampiro, de todas maneras? Quizás debería comenzar a re-definir cada uno de los aspectos de su vida, en cuyo caso, esa manera de medir el tiempo sería lo último que le preocuparía.
Ya estaba enfrente de la casa, debía volver a la realidad y prepararse para que la oscuridad entrara de nuevo en su vida. Miró hacia el parque frente a la casa.
“Que fácil sería seguir de largo.”
Suspiró y abrió la puerta.
En cuanto entró, la luz artificial lo cegó por un momento.
Cada lámpara estaba encendida como si fuera pleno día, la calefacción había logrado templar el ambiente e incluso una suave melodía sonaba desde algún lugar.
Sintió como se le calentaba el cuerpo con la energía de las bombillas, cerró los ojos sonriendo. Por un momento, recordó por qué amaba cada rincón de ese lugar: por que lo había decorado a su gusto. Se sentía feliz de estar ahí, todo era como debía ser y estaba donde debía estar…
Bueno, todo menos su manchada alfombra nueva y su pared arruinada y el cerebro de Ellus… se pregunto que tanto lo afectaría esa perdida de masa encefálica, si en verdad algo así podía afectar a los de su especie.
Abrió la puerta de la biblioteca esperando encontrárselo en el mismo lugar donde lo había dejado o tratando de matarse nuevamente. Quizás quemado a lo bonzo en medio de la habitación, o colgando de una viga, como lo había encontrado días atrás, o con las venas abiertas como canales carmesí recorriendo el suelo de parquet desnudo.
Le dio hambre de nuevo, pero el hambre que le despertaba Ellus era diferente a la usual.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, vio a Ellus de rodillas sobre una alfombra color granate con bordados dorados y plata. Era nueva, olía a telas antiguas, a incienso y tenia un leve aroma a vino.
El rubio levanto la cabeza y lo miro con sorpresa “¿Qué clase de vampiro es?, ni si quiera escuchó mis pasos” pensó Theon “Si, claro, miren quien habla, el del instinto infalible”, le regaño otra voz en su cabeza. Frunció el ceño.
Ellus lo miraba hacia arriba, sus ojos se veían más grandes, más ansiosos que nunca, no llevaba su polera negra y estaba agitado. Podía oír su poderoso corazón latir, emitiendo leves vibraciones que parecían hacer eco en su propio cuerpo.
La curva de su espalda relucía cubierta de sudor, podía notar cada una de sus vértebras, contó 15 hasta que notó como el cuerpo elástico se levantaba lentamente. Las viejas pulseras desteñidas pendían de sus muñecas pálidas.
Los pantalones a penas se aferraban a los salientes de sus caderas, su cabello caía en una cascada brillante por su espalda y sus hombros.
- La compre para ti. Dijo en un tono de voz mucho más ronco que el usual. Esperaba tenerla lista para cuando llegaras. Se afirmó de la pared para no perder el equilibrio. Ahora sí parecía una ninfa, estaba cubierto de un sudor rojizo, brillante, emanaba un delicioso aroma que lo calmó, su respiración irregular era hipnotizante.
Había corrido todos los muebles a un lado para acomodar bien el trozo de gruesa alfombra justo donde estaba la anterior.
- ¿Has corrido el piano tu sólo? preguntó Theon evadiendo la obvia pregunta de donde había sacado una alfombra tan bonita a esas horas, Ellus asintió con la cabeza y sonrío, las mejillas encendidas le daban un aspecto encantador. Era encantador, jamás podría haberlo negado.
La pared también estaba limpia.
- ¿Cómo lo hiciste tan rápido? Dijo Theon sin decidirse a acercarse a el, se dirigió hacia el piano y le paso el dedo por la tapa, su uña recorrió suavemente la superficie sin producir ninguna marca.
- coca cola. Dijo Ellus haciendo de su sonrisa lo más radiante que podía, entonces Theon lo supo: Habían cosas a cerca de él que jamás sabría.
Al pensar en eso, todo su cuerpo se relajo.
“De todas maneras, hay cosas que es mejor no saber.”
Se acercó despacio, como si temiera que su rubio compañero escapara. Cuando estuvo a escasos centímetros de el, pudo ver como cerraba los ojos con pesadez.
Ellus estaba cansado y más hambriento de lo que jamás había estado en la vida. Se miró las manos, le temblaban y no las podía controlar.
Se sentía tan mal, como cuando, a los 13 años, tuvo que dormir en la calle. Era un humano sometido al frío y, agónico, creyó que moriría, pero la mañana había llegado para despertarle el cuerpo con su calor. Solo que ahora el sol no vendría en su rescate, moriría rodeado de frío y lleno de él.
Lo único que emanaba calor en ese momento era la chimenea, pero no quería las llamas abrasadoras, quería una calidez más sensata pero mucho más dañina, quería una tibieza que fuera suya y de nadie más, que a diferencia del fuego, le llegara al corazón, pero sin matarlo. Todavía.
Estaba pálido y sus labios se contraían, secos. Había perdido mucha sangre y había hecho un gran esfuerzo por darle en el gusto a Theon.
Necesitaba sangre.
Su voz sonó quejumbrosa cuando al fin se abrió paso por su garganta, seca como la arena.
- Theon... gimió. El vampiro frente a el, exclamó de inmediato:
- lo sé. Fue hacia él y lo abrazó.
Theon lo había estado observando conteniendo el aliento. ¿Cómo dejar a esa creatura encantadora?, ¿En qué momento se le ocurrió pensar que ya no lo amaba?, quizás solo debía dejarlo solo por un tiempo, para que se acomodaran las ideas, pero ¿abandonarlo definitivamente? ¿Es que estaba loco o qué?. Ellus no tenia la culpa de sus inseguridades ni de su mal humor y no tenia por que sufrir cada vez que el se sentía descontento con su vida.
De repente, Theon sintió una punzada de ternura hacia el joven entre sus brazos, una ternura que creía perdida, la necesidad de besarlo que había sentido la primera vez que lo vio, una fuerza involuntaria lo obligo a avanzar.
Lo abrazo, lo rodeo con sus brazos inmortales entre los cuales el rubio se sentía seguro y protegido, sintiendo como Ellus se recargaba en el con todo su peso, que no era mucho. Quizás era un estúpido con instintos suicidas, pero en ese momento sentía más amor por el que lo que había sentido en toda su vida por cualquier otra cosa.
Todo desapareció, la idea de Ellus como un obstáculo en su vida, le pareció absurda, él podía controlarlo, podía manejarlo y acallar de vez en cuando sus instintos destructivos, no había necesidad de dejar de sentir esa piel de crema y esa personalidad fuerte chocando con la suya solo por que, a veces, la vida le ganaba y quería ponerle un dramático fínnale.
Seria amable con el, como antes. Lo escucharía y lo acompañaría. Sí Ellus cambiaba de alguna manera, sí salía de su depresión permanente, se quedaría junto a él, si no lo hacia… si no lo hacia las cosas serian mucho más difíciles, pero decidió que no podía dejarlo.
Por un segundo, se odió por cambiar de parecer, ya tenia decidido que avanzar sin mirar atrás era la única manera de lidiar con su situación, pero sus verdaderos deseos parecían ir en una dirección diferente a la que tomaba su racionalidad.
“Así son las cosas cuando se involucran sentimientos, lo que creemos verdad no lo es, jamás“. Pensó Theon sin dejar de sentir culpa.
Se había mentido a si mismo diciéndose una y otra vez que ellus era una carga para el en todo sentido, cuando en realidad, era libre de irse cuando y a donde quisiera, solo tenia que abrir la puerta, sin embargo ahí estaba y ahí se iba a quedar, ¿Por qué? No lo sabía.
Estaba confundido y profundamente cabreado por algunos sentimientos que no podía controlar ni racionalizar de manera correcta.
Theon no lo sabia en ese momento, pero lo que sentía es muy común entre los vampiros, un tipo de desenfoque que produce cuando el inconciente sabe que tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que quieras y el poder para que nadie se atreva a detenerte. Sin embargo, tu parte mortal aun batalla por un poco de la lógica que dice que todo en la vida tiene un final. Por que absolutamente todo en la vida tiene un final.
Y Ellus y el ya lo aprenderían tarde o temprano, por las buenas o por las malas.

PS: Y nos vamos acercando al final, creo que este es el penultimo capitulo pero en una de esas no, en verdad no lo se.
Dejen comentarios. cada vez que leen y no comentan mis gatos matan un pajarito asi que ya lo saben, si quieren un mundo sin pajaritos, alla ustedes.